Con la proximidad del ciclo lectivo 2026, el certificado médico escolar vuelve a instalarse como un tema central en la agenda de las familias. Marzo suele convertirse en una carrera contra reloj para completar formularios, pero si bien suele percibirse como un requisito burocrático obligatorio para la inscripción, desde el ámbito médico subrayan que esta instancia representa una "oportunidad clínica fundamental".
Más allá del papel firmado, el chequeo anual es el momento ideal para evaluar el estado general de niños y adolescentes, lo que permite detectar de forma temprana situaciones que podrían condicionar no solo su salud física, sino también su rendimiento cognitivo y social dentro del aula.
El control preventivo se erige, entonces, como la herramienta clave para asegurar un crecimiento saludable. Al realizar una evaluación completa —y no solo una firma rápida para cumplir con la escuela—, los profesionales pueden identificar factores de riesgo silenciosos que, abordados a tiempo, permiten actuar de manera oportuna.
Una mirada integral: corazón y vista
La evaluación de salud en la etapa escolar requiere una mirada que exceda la visita rápida al pediatra de cabecera. Por este motivo, la recomendación médica es que el control incluya un abordaje multidisciplinario que cubra las áreas más sensibles del desarrollo infantil.
En primer lugar, la evaluación cardiológica resulta fundamental, especialmente considerando que los chicos retomarán las clases de educación física y, en muchos casos, deportes extracurriculares. El electrocardiograma y la evaluación clínica permiten descartar patologías que podrían no haber presentado síntomas previos, garantizando una práctica deportiva segura y previniendo eventos graves.
Por otro lado, la oftalmología cobra un protagonismo especial en la era digital. Se estima que un alto porcentaje del aprendizaje ingresa a través de la visión. Detectar a tiempo miopías, astigmatismos o ambliopía (conocido como "ojo vago") es determinante para evitar el fracaso escolar, dolores de cabeza recurrentes o falta de concentración. Además, el uso intensivo de pantallas obliga a controles más exhaustivos para monitorear la salud visual desde la infancia.
El circuito se completa con fonoaudiología, para chequear la audición y el desarrollo del lenguaje, y odontología, un área clave no solo para tratar caries, sino para evaluar la mordida y la salud bucal general, íntimamente ligada a la alimentación.
Vacunación y hábitos saludables
Aunque el circuito médico se centra en las especialidades clínicas, el inicio de clases es también el momento de revisar el carné de vacunación. El calendario nacional obligatorio contempla refuerzos clave al ingreso escolar (5 o 6 años) y a los 11 años. Contar con el esquema completo es la primera barrera de defensa no solo para el niño, sino para toda la comunidad educativa.
Asimismo, los especialistas sugieren aprovechar estas semanas previas para reordenar las rutinas de sueño y alimentación, que suelen relajarse durante las vacaciones, asegurando que los chicos lleguen al primer día de clases con la energía necesaria.
Resolver la logística en un solo día
Uno de los principales dolores de cabeza para los padres en esta época es la logística que implica visitar múltiples consultorios, coordinar turnos en diferentes ubicaciones y faltar al trabajo para cumplir con cada especialista.
"Para facilitar el acceso a estos controles, en Grupo Oroño contamos con un Programa Médico Escolar. El objetivo es que las familias puedan resolver todas las consultas necesarias en una sola jornada y con un único turno, optimizando el tiempo de los pacientes y asegurando la coordinación entre especialistas", explicaron desde la institución de salud.
Entender el control médico anual como una herramienta de prevención, y no solo como un requisito administrativo, permite que el inicio de clases sea el punto de partida para un año saludable. La detección oportuna y el acompañamiento profesional son los pilares para garantizar que cada etapa del crecimiento se desarrolle de manera plena y segura.
El circuito de salud escolar está disponible en diversas instituciones de la red de Grupo Oroño en Rosario, Funes, Fisherton, San Nicolás y San Lorenzo. Esto permite a las familias organizarse con anticipación antes del inicio de clases.