La capacidad de reconocer rostros resulta clave para la vida social, laboral y afectiva. Sin embargo, millones de personas en el mundo conviven con una condición neurológica poco conocida que altera esta habilidad básica: la prosopagnosia, también llamada ceguera facial.
Este trastorno provoca que una persona no logre identificar caras familiares, incluidos amigos, familiares o incluso su propio reflejo en el espejo. En algunos casos, genera confusión al creer que se reconoce a desconocidos o, por el contrario, al no identificar a personas cercanas.
La prosopagnosia consiste en una alteración del reconocimiento de la identidad facial. Su gravedad varía según el caso: algunas personas presentan dificultades leves, mientras que otras no reconocen ningún rostro. En este sentido, investigaciones recientes señalaron que cerca del 3% de la población mundial presenta algún grado de esta condición.
Ante la imposibilidad de reconocer rostros, las personas con prosopagnosia desarrollan estrategias alternativas. Identifican a los demás por la voz, la forma de caminar, los gestos, el peinado o accesorios característicos de la persona como anteojos, collares, entre otros distintivos.
El contexto también cumple un rol clave. Por ejemplo, una persona puede reconocer a un compañero de trabajo en la oficina, pero no en la calle o en un ámbito distinto al habitual.
Cuáles son las causas de la prosopagnosia
Los especialistas distinguen dos tipos principales de prosopagnosia. Por un lado, la congénita, presente desde el nacimiento. Por otro, la adquirida, que aparece como consecuencia de lesiones cerebrales, accidentes cerebrovasculares o enfermedades neurológicas.
La forma congénita resulta menos frecuente, aunque estudios estiman que hasta una de cada 50 personas podría presentar alguna variante a lo largo de su vida. Los científicos también analizan una posible predisposición genética, ya que en algunos casos se detecta en varios miembros de una misma familia.
Actualmente, no existe un tratamiento curativo para la prosopagnosia. No obstante, los especialistas recomiendan estrategias de compensación para mejorar la vida cotidiana, como entrenar la atención en rasgos no faciales o reforzar el reconocimiento por voz.
El diagnóstico suele realizarse mediante pruebas específicas que evalúan la capacidad para recordar y reconocer rostros. El proceso puede extenderse en el tiempo, ya que los médicos deben descartar que el síntoma forme parte de una enfermedad neurológica degenerativa más amplia.
El caso de Brad Pitt
El actor Brad Pitt sorprendió al revelar que convive con síntomas compatibles con la prosopagnosia. Aunque aún no recibió un diagnóstico médico formal, explicó en una entrevista con la revista GQ que enfrenta serias dificultades para reconocer a personas con las que ya interactuó.
"Nadie me cree", expresó el actor, al describir la incomprensión que suele generar su problema. En más de una ocasión, su falta de reconocimiento fue interpretada como desinterés o frialdad, lo que le provocó vergüenza, frustración y aislamiento social.
Según relató, las reuniones sociales representan uno de los mayores desafíos, ya que no logra identificar a quienes conoce, una situación que afecta tanto su vida personal como profesional.
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Muchas personas viven durante años con prosopagnosia sin identificar el origen de sus dificultades. Atribuyen los problemas de reconocimiento a la distracción o a una mala memoria, sin sospechar la presencia de un trastorno neurológico.
Aunque es un tópico poco difundido, la prosopagnosia representa una realidad para millones de personas. La exposición pública de casos como el de Brad Pitt, ayudan a visibilizar el tema en la agenda y a promover una mayor comprensión social.
La prosopagnosia en la ficción: la serie "Mentes extraordinarias"
La prosopagnosia también llegó a la pantalla a través de la serie "Mentes extraordinarias", inspirada en los estudios del neurólogo y escritor Oliver Sacks. La historia presenta al doctor Oliver Wolf, interpretado por Zachary Quinto, un médico brillante que padece esta condición.
Wolf trabaja en el Hospital General del Bronx, en Nueva York, y convive con la imposibilidad de reconocer rostros, incluso los de sus propios pacientes y seres queridos. Aunque el trastorno no limita su talento profesional, sí agrega una complejidad emocional a su vida cotidiana.
La serie retoma el enfoque humanista de Oliver Sacks y pone en escena casos neurológicos reales, al tiempo que contribuye a visibilizar una condición que muchas personas padecen sin saberlo. La producción, que cuenta con dos temporadas, está disponible en HBO MAX.