Política

Politólogos rosarinos ponen la lupa en el escenario de ballottage que se viene

Osvaldo Iazzetta, Franco Bartolacci y Oscar Blando analizaron la experiencia inédita del próximo 22 de noviembre, en que la ciudadanía deberá optar entre dos presidenciables.  

Domingo 08 de Noviembre de 2015

Las elecciones del 25 de octubre no fueron suficientes para consagrar nuevo presidente por los próximos cuatro años, por lo que el 22 de noviembre los argentinos deberán concurrir nuevamente a las urnas para votar, por primera vez en la historia, en un ballottage o segunda vuelta presidencial.

El candidato Daniel Scioli (Frente para la Victoria) no alcanzó el 45 por ciento de los votos ni la diferencia de más de diez puntos con el segundo candidato más votado, Mauricio Macri (alianza Cambiemos), por lo que no se dieron la condiciones para que sea electo. Este hecho configuró el segundo escenario de ballottage desde la Reforma Constitucional de 1994, siendo el primero el que se dio en 2003, año en el que el candidato con mayor cantidad de votos, Carlos Menem, decidió "bajarse" de la contienda, dejando a Néstor Kirchner el cargo de presidente de la República.

Oscar Blando, doctor en Derecho, profesor titular de Derecho Político en la UNR y director de Reforma Política y Constitucional de Santa Fe, sostiene que la existencia del ballottage, como la de todas las instituciones, no es neutral y obedece a distintos intereses y, por esta razón, ha sido objeto de estudio y análisis: "Por un lado, se sostiene que intenta generar mayores grados de legitimidad en los gobernantes que no obtienen los umbrales electorales exigidos. Otros, en cambio, critican que el sistema se presta a alianzas ficticias para conseguir mayorías que, en la realidad, son artificiales y que el "efecto mayoritario" es relativo, ya que lo que ocurre es que parte del electorado vota en contra de un candidato para que no gane y no porque coincida con sus propuesta o busque darle legitimidad".

Ya situado en el escenario actual, el doctor en Ciencias Sociales Osvaldo Iazzetta sostiene que la necesidad de una segunda vuelta tras el 25 de octubre pone de manifiesto la ausencia de una expresión política predominante. Esto configura una situación muy diferente de lo que sucedió en el 2011, cuando Cristina Fernández ganó la elección con el 54 por ciento de los votos y una ventaja de 37 puntos sobre el segundo candidato, Hermes Binner. Para el docente y politólogo, esa enorme brecha en el caudal de votos constituyó un signo de desequilibrio del sistema político, en el que, si bien había competencia, no había "competitividad" real entre fuerzas.

"Lo que ha recuperado el sistema partidario tras esta elección es la competitividad que se había evaporado y que está asociada, sobre todo, a las dificultades que arrastra el polo no peronista para reconstituirse tras la debacle del 2001", precisó Iazzetta.

Por otro lado, agregó que la incertidumbre de cara al resultado de los comicios del 22 no debe generar zozobra en la ciudadanía ya que "es más preocupante, desde una perspectiva democrática, un escenario en el que los resultados están descontados de antemano y la posibilidad de alternancia está descartada de plano".

Para el politólogo y actual decano de la Facultad de Ciencia Política de la UNR, Franco Bartolacci, esta inédita segunda vuelta en las presidenciales también responde, lógicamente, a un cambio en el escenario político. Según dice, "el sistema recuperó, al menos coyunturalmente, un mayor equilibrio, y eso hace evidente el dibujo de un nuevo mapa nacional, más allá de quien finalmente resulte electo presidente".

En ese marco, luego de las generales, comenzó una campaña distinta, en la que el resultado dependerá específicamente de lo que privilegie cada elector, especialmente aquellos que no acompañaron a ninguno de los dos candidatos ganadores. "Un modelo u otro de país, el cambio o la continuidad, el oficialismo o la oposición, el peronismo o el antiperonismo; son todas opciones que colocan al elector en un universo de decisión diferente. Y de esa opción, de lo que cada uno y colectivamente se privilegie, terminará definiéndose quién asume como presidente el 10 de diciembre", puntualizó el decano.

 

Oposición. En la misma sintonía, Iazzetta coincidió con Bartolacci en que la nueva mayoría se definirá en relación a la oposición en la que juegue la experiencia de cada votante. Agregó, además, que lo vivido este año electoral, sobre todo teniendo en cuenta el fallo de las primarias a la hora de funcionar como un "termómetro" de cara a las generales, "exige evaluar con mayor cautela el comportamiento del electorado y hace más difícil arriesgar pronósticos sobre el escenario que se abre con el ballottage".

Otra cuestión que está presente cuando hablamos de la segunda vuelta del 22 de noviembre es el voto en blanco y su verdadera injerencia en el resultado final de la elección. Blando comentó, en relación a una serie de discusiones alentadas por parte de distintos sectores políticos en torno a si el voto en blanco debía computarse o no para los porcentajes exigidos en la Constitución nacional, "que la cuestión constitucional es clara y está avalada por la Cámara Nacional Electoral: los votos en blanco no se computan a los fines de elegir presidente, incluso en este ballottage" y tanto estos sufragios como los nulos solo suelen representar "la negativa a convalidar las opciones electorales que se proponen". "No contribuye a fortalecer los principios democráticos y republicanos, que a días de una elección presidencial crucial, se pongan en duda y se arrime incertidumbre sobre las claras reglas constitucionales vigentes", amplió el reconocido especialista en la materia.

Luego de este breve repaso sobre algunas cuestiones relacionadas al ballottage del 22 de noviembre, se hace evidente que estamos en puertas a un nuevo período en la política argentina. El mapa de fuerzas que dejó al descubierto la última elección es muy diferente al que se viene planteando en los últimos años, y quien sea que asuma la Presidencia de la Nación el 10 de diciembre se encontrará con distintos retos relacionados con esta nueva configuración, como la composición de cada una de las Cámaras del Congreso y la consecuente exigencia de una nueva postura de diálogo y negociación entre los poderes Ejecutivo y Legislativo, entre otros temas urgentes de coyuntura. De todas maneras, quizás sea muy pronto para estas conjeturas ya que, hasta el día de los comicios, no sabremos el final de esta historia.

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