Política

"Néstor repuso a la política a disputar con el poder real tras casi 30 años de sumisión"

Daniel Miguez es periodista, ex secretario de Cultura de la UTPBA. Trabajó para numerosos medios de comunicación, además de ejercer la docencia en la Universidad de San Andrés

Domingo 25 de Octubre de 2020

Conoció a Kirchner desde antes que sea Néstor para millones de argentinos. Tuvo un vínculo periodístico, profesional, de confianza y cotidiano durante los años previos a la sorpresiva llegada del santacruceño a la Casa Rosada y su posterior período presidencial. Con una vasta trayectoria, editor de la sección Política, Daniel Miguez fue “el” hombre de Clarín para seguir a Néstor.

Pero eso fue hasta que el grupo mediático decidió hacerle oposición frontal al matrimonio presidencial, a partir de 2006. Entonces, a Miguez lo invitaron a salir de la sección: no era el soldado adecuado para esa guerra. Sin bien todo su vínculo estrecho con el ex mandatario está contado en sendos libros de su autoría, “Kirchner íntimo” (2011) y “Diez años, una década de gobierno kirchnerista” (2013), el actual gerente periodístico de la TV Pública (director del noticiero), también conductor del programa Mundo Disperso (Radio Nacional), evocó la figura del político a diez años de su muerte.

“El kirchnerismo de Néstor fue lo más peronista que ocurrió en la Argentina después del primer gobierno de Juan Domingo Perón, de 1946 a 1952. Néstor, como Perón, tuvieron los medios de comunicación en contra por priorizar el otorgamiento de derechos”, definió a La Capital.

—¿Qué principal legado dejó Kirchner?

—Volvió a colocar a la política en el centro de la escena, la retornó a la discusión con el poder económico en la misma mesa. Desde el Rodrigazo (gobierno de Isabel Perón, en 1975) hasta Néstor, todos los presidentes estuvieron subsumidos en el poder económico, aplicados a complacerlo. Cuando, al menos, debería ser una mesa de discusión entre el poder político y el poder económico permanente. Con la reincorporación de la política discutiendo mano a mano con el poder económico, toda una generación de jóvenes se interesó, los militantes volvieron a militar y muchos descreídos empezaron a creer que es posible cambiar las cosas desde la actuación política.

—¿Cómo fue aquel momento donde Clarín le declara la guerra al kirchnerismo?

—Clarín, como todos los grandes medios, mantiene relaciones políticas con el poder para alimentar sus negocios. Pero se produce un problema cuando Néstor rompe con Eduardo Duhalde, porque el grupo mediático tenía acuerdos preexistentes con el dirigente peronista de Lomas de Zamora. La alianza de Duhalde con Kirchner, para Clarín, era como una garantía de que Néstor iba a cumplir con los compromisos, pero no fue así.

—¿Kirchner no se hizo cargo de los compromisos de su padrino político?

—Decidió barajar y dar de nuevo, se desentendió de esos acuerdos. Entonces, el grupo decide jugar como opositor a partir de 2006 y me sacan de la sección, interrumpiendo las coberturas a Kirchner, e incluso con un ascenso y con una aclaración: “No es contra vos, es contra Kirchner”.

—¿La elección de Cristina Kirchner como senadora (2005), compitiendo con Chiche Duhalde, tensó la relación con Clarín?

—Fue el principio del fin de la relación: cuando Néstor y Cristina no aceptan compartir con Chiche Duhalde la candidatura a senadora en la provincia de Buenos Aires, en 2005, compiten. Y Cristina le gana 3 a 1. Luego, la decisión de llevar a Cristina como candidata a presidenta (2007) fue rechazada por el grupo mediático, que atacó directamente desde el momento que asumió ella. Primero, con el caso Antonini Wilson, en el verano, y luego el conflicto contra la resolución 125. Que si no hubiera sido impulsada por Clarín, hubiese pasado desapercibida.

—¿Cómo funcionó el matrimonio presidencial hasta 2007 y qué rol tenía Alberto Fernández en esa intimidad política?

—El gobierno de Néstor fue un trípode entre él, Cristina y Alberto. Néstor tenia la última palabra, pero todo lo consultaba con los dos. Se complementaban y, cuando alguno aceleraba demasiado, el otro le decía “ojo que podemos chocar”. O, cuando uno iba muy lento, el otro le decía que acelerara.

—¿Existe un nestorismo oportunista, de muchos que lo rechazan vivo pero ahora lo reivindican de muerto?

—Con el paso de los años hubo muchos que empezaron a reivindicar a Néstor luego de muerto: es para bajarle el precio al gobierno de Cristina. Incluso ahora con el propio Alberto. Con todo, es justo que la figura de Néstor sea agigantada, aunque no en detrimento de los demás.

—¿Lo sorprendió la formula Alberto-Cristina en 2019?

—Me sorprendió la candidatura de Alberto a presidente porque era evidente que Cristina tenía más votos. Pero no me sorprendió que se vuelvan a encontrar, porque Alberto y Cristina siempre tuvieron mucha afinidad ideológica, afectiva y son parecidos en los modos de ver y encarar la política. Por lo demás, el aspecto afectivo no se debe soslayar en los vínculos políticos. Ambos siempre mantuvieron, incluso con diferencias, confianza mutua. Y la confianza es un alto valor en política, además de la necesidad objetiva del peronismo de reunificarse para retornar al poder.

—Medios privados poderosos en recursos y con grandes audiencias suelen instalar agendas que ponen en vilo a la democracia, ¿tiene el Estado algún rol que jugar?

—No veo una solución radical a ese problema, más bien creo que son las propias audiencias las que irán creando alternativas. Vivimos en el tiempo donde las tecnologías horizontalizan la información para bien, y también para mal. En el Estado es difícil intervenir, es como pretender tomar una pelota enjabonada y siempre se corre el riesgo de interferir la libertad de expresión. No sé cuál es la solución, intuyo que vendrá por el lado de las audiencias más que por el del Estado.

—Pareciera, sin embargo, que los fenómenos de noticias falsas pueden incluso desbaratar a las democracias...

—Es verdad, ese es el riego. En la foto de hoy en la Argentina y en otros países no veo que la sociedad haya creado sus propios mecanismos para protegerse, y proteger a la democracia. En 2015 se inventaron mentiras sobre candidatos (presunto vínculo del candidato a gobernador de Buenos Aires, Aníbal Fernández, con el narcotráfico) y los golpes de Estado en Brasil y Bolivia son ejemplos claros. Con todo, y aunque parezca un iluso, observo que las audiencias masivas, que no son el microclima de la política y el periodismo, tienden, a mediano y largo plazo, a no quedar atrapadas en algunas lógicas comunicacionales para desestabilizar a la democracia.

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