Cuando balearon al cantante de cumbia Mariano Pereyra frente a su casa de Villa Gobernador Gálvez, tres muchachos fueron imputados por intervenir con distintos roles en el ataque. La policía los había detenido luego de que uno de ellos indicara dónde estaba la moto usada en el ataque y en ese lugar se secuestraran balas idénticas a las que hirieron al músico. Dos años después, una pericia al celular de ese joven fue desencriptado en una compañía de Brasil y arrojó mensajes y llamados que revelan cómo se preparó el atentado en el cual otras dos personas resultaron heridas y un chico de 13 años logró esquivar las balas.
El hallazgo fue expuesto este martes por la fiscal Viviana O’Connel en una audiencia judicial. En ese trámite precisó la imputación a los detenidos Facundo P., de 22 años; Jonatan G., de 21; y Nahuel “Gordo” L., de 21 años. Este último también está imputado por integrar la banda de Héctor “Gordo Dany” Noguera, preso por el crimen de su rival Carlos “Jerry” Gaeta y que el año pasado fue acusado de gestionar desde su celda en Piñero una de las innumerables franquicias que operarían en el territorio bajo el dominio de Los Monos.
Los tres acusados del ataque al músico fueron apresados la tarde del domingo 14 de marzo de 2021 por policías del Comando Radioeléctrico villagalvense. Desde entonces están en prisión preventiva por el ataque a Pereyra, situación que el juez Nicolás Foppiani ahora prorrogó por otros 60 días para que en ese plazo se presente la acusación previa al juicio.
A las 12.30 de aquel domingo, el cantante y su pareja empujaban una vieja camioneta Fiat 125 de color verde en la cuadra de García González al 2000 de la vecina ciudad. Por el lugar pasó una moto roja y negra con dos ocupantes desde la cual el acompañante les efectuó diez disparos con un arma calibre 9 milímetros. Los tiros alcanzaron al cantante, a su pareja y a un vecino que los ayudaba.
El músico, que entonces tenía 43 años, fue alcanzado por dos proyectiles en el pecho y lo trasladado al hospital Anselmo Gamen. Pero por la gravedad del cuadro, desde allí fue derivado al Hospital de Emergencias Clemente Álvarez de Rosario, donde apenas ingresó, fue pasado a quirófano para una operación y logró salvar la vida. Su pareja, María Alejandra L., de 47 años, fue alcanzada por un tiro en una pierna y la misma herida sufrió un vecino, y ambos quedaron fuera de peligro.
Una reconstrucción del hecho, el registro de las cámaras de videovigilancia halladas en la zona del ataque y sobre todo la pericia realizada en el extranjero a un celular secuestrado a Jonatan G. permitieron dos años después ajustar la mecánica de cómo se planeó y ejecutó el ataque. Según explicó la fiscal el martes ante el juez Foppiani, el único teléfono secuestrado en la causa estaba en poder del detenido Jonatan G. y permanecía encriptado. Como el imputado no aportó la clave, recién pudo abrirse a fines del año pasado mediante una pericia realizada en Brasil.
Si bien la mayoría de los mensajes habían sido borrados, por los horarios de llamadas y algunos que no llegaron a eliminarse, se reconstruyó que desde las 11.20 del día del hecho Nahuel L. comenzó a llamar por teléfono a Jonatan para que se reunieran con el tercer acusado en las inmediaciones del Frigorífico Paladini, en San Luis y San Diego de Villa Gobernador Gálvez.
Al mediodía, según planteó la fiscal O’Connel, Nahuel pasó conduciendo una moto Honda XR roja y negra con el guardabarros delantero rojo frente a la casa del músico. Iba con Jonatan G. como acompañante y le señaló dónde era el domicilio de la víctima, es decir el lugar en el cual se concretó el ataque media hora más tarde.
Luego los dos jóvenes volvieron al punto de reunión. En ese lugar el conductor le cedió el manejo de la moto a Jonatan G. mientras que Agustín P. se subía como acompañante portando una pistola calibre 9 milímetros. Al volver al domicilio del cantante, el muchacho que iba sentado atrás tiró al menos diez veces hacia las víctimas. Dentro del auto que empujaban Pereyra y su pareja estaba el hijo de 13 años del músico. Los atacantes escaparon y fueron detenidos esa misma tarde. A Jonatan G. lo apresaron en la puerta de su casa, donde se le secuestró un celular Motorola y una carabina calibre 22.
Al ser detenido, según la acusación, Jonatan G. indicó dónde estaba la moto usada momentos antes. Señaló “un pasillo de la calle General López al fondo, con la fachada de quiosco y la puerta abierta”, donde la policía encontró un búnker de venta de drogas y secuestró balanzas de precisión, 26 envoltorios con cocaína, 56 ibochasr y 7 ipanesr de marihuana, dos gorras de la policía provincial, una escopeta de caño recortado, tres revólveres calibre 22 y la moto en cuestión. Allí fue apresado otro joven, Ever R., quien fue acusado del crimen de Ricardo Benavídez, ejecutado con dos tiros de pistola calibre 9 milímetros cuatro días antes, y una mujer que fue imputada por encubrimiento.
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Los otros dos acusados como coautores de la balacera fueron apresados al anochecer del mismo día en la zona del Frigorífico Paladini. Los tres imputados por el ataque a Pereyra están presos desde entonces como coautores de un homicidio agravado por el uso de arma de fuego y la portación ilegal de un arma 9 milímetros. Jonatan G. sumó a estos delitos la portación de una carabina calibre 22 hallada en su casa. Si bien la fiscal no modificó el encuadre legal, en la audiencia explicó con más detalle cómo fueron los hechos según la mecánica revelada por la nueva evidencia que se halló en el celular desencriptado.
No fue la única sorpresa que arrojó el teléfono. Entre los archivos se encontró una filmación del ataque a tiros a un local de hamburguesas ubicado en Piazza al 400 de Villa Gobernador Gálvez cometido días antes, el 7 de marzo de 2021 a la 1.20. Según la fiscal, Jonatan G. se filmó a sí mismo mientras disparaba al menos diez balazos con un arma 9 milímetros desde una moto Honda XR blanca junto a otro muchacho no identificado.
Antes de disparar, el conductor arrojó un trozo de cartón con una leyenda que tenía el nombre del local y decía “comunicate con nosotros que tenés que pagar”. Por ese registro recuperado de su celular terminó acusado como coautor de amenazas calificadas por el uso de un arma de fuego, extorsión en grado de tentativa y portación ilegítima de arma.