Policiales

Doble homicidio: los estaban esperando para emboscarlos y asesinarlos

Andrés Pizarro y Brian Soto iban a trabajar en moto cuando, a menos de una cuadra de su casa, un auto los chocó para que cayeran y un sicario los acribilló sin bajar del vehículo

Sábado 21 de Noviembre de 2020

En Rosario la vida cotiza en baja. Y no es como el dólar que tiene al menos media docena de cotizaciones. Andrés Eduardo Pizarro tenía 30 años y un trabajo en blanco en una empresa de refrigeración. En tres meses debía ver nacer a su primer hijo. Brian Angel Soto, su cuñado, tenía 20 años. Desde hace un mes al menos ambos salían a las 8.15 del pasillo ubicado a mitad de cuadra de Lavalle al 3000 para ir a trabajar en la Honda 150 color plateada de Pizarro. La mañana del viernes fue la última vez: apenas transitaron unos 90 metros por Lavalle cuando un auto gris los tocó de atrás y los hizo caer sobre el mejorado. Entonces una de las puertas del auto se abrió y un sicario, sin bajar del vehículo, los ejecutó con calibre 9 milímetros mientras ellos yacían al costado de una zanja de agua pestilente.

Pizarro, que conducía la moto, quedó tirado en paralelo a la zanja con dos balazos en la espalda y otro en la cara. Soto, que tendido sobre un puentecito de la zanja, recibió ocho impactos por la espalda y uno en la cabeza. Los vecinos dicen que agonizó más de 15 minutos esperando una ambulancia que nunca llegó.

“Estaba charlando con el panadero, porque tengo un pequeño negocio, y un vecino me vino a buscar. Salí corriendo para el lugar. Los vecinos me dijeron que mi hermano aún respiraba. Mi marido estaba muerto. No sabemos por qué pasó, para mí (los asesinos) se equivocaron. Ellos no tenían bronca con nadie. Lo único que nos dijeron es que hubo un auto gris, nada más. Mi marido no tenía nada que ver con esto”, relató Fiama, esposa de Pizarro y hermana de Soto. Madre de un hijo, está embarazada de seis meses.

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En el tramo entre Gaboto y Rueda, Lavalle es una calle angosta, muy deteriorada y plagada de sorpresas. Los vecinos caminan sobre la calzada como en la mayoría de los barrios periféricos. Los niños juegan de zanja a zanja mientras quienes transitan en bicicleta, moto o auto los esquivan. Cada bocacalle es una invitación a circular a paso de hombre o dejar allí los amortiguadores. La postal cotidiana del barrio San Francisquito se completa a la sombra de marañas de cables de los enganchados, zanjas pestilentes con conexiones clandestinas de estrechos caños de agua potable. “Uno de los balazos que le erraron a estos pobres pibes perforó el caño del agua” mostraba una vecina el caño plástico con dos perforaciones.

“Estos muchachos son nuevos en el barrio. Hará un año y medio que viven. No los conocemos porque no se daban con nadie. No se metían con nadie. No se los veía. Sabemos que tienen un quiosquito en el pasillo donde viven pero nada más”, contó una vecina cerca de la escena del doble crimen. “¿Cómo está el barrio? Hace dos años que cambió por completo. Los que tienen que estar preso, están adentro. Los que los rodeaban se juntaron o tienen hijos y las mujeres los pusieron a raya. Hace dos años un taxi o un remís no entraba hasta acá, pero ahora sí. Se puede vivir más tranquilo”, explicó otra residente.

Golpe a la rutina

Fiama llegó al barrio hace un año y medio con su hijo de 8 años desde Villa Gobernador Gálvez. Se instaló en una casa en un serpenteante pasillo que serpenteando que tiene entrada y salida por Lavalle, Alsina, Amenábar y Gaboto. Hace un año se había mudado con ella Andrés , nativo de Alice al 5000, en el barrio Municipal conocido como “Pimpilandia”. Un mes atrás se había instalado en esa casa Brian, un hermano de Fiama cuyo domicilio seguía estando en su casa materna del barrio La Paloma, en Ayacucho y Battle y Ordoñez.

>>Leer más: Doble homicidio: el fiscal descartó el móvil del robo y aseguró que fue "una ejecución"

Andrés y Brian trabajaban en Frion, una empresa de climatización y refrigeración de Riobamba al 7300. Según se pudo precisar minutos antes de las 8.15 de ayer ambos salieron del pasillo en la moto de Pizarro que éste manejaba rumbo a la planta ubicada a unas 50 cuadras. Ese trayecto que completaban en unos diez minutos era parte de su rutina.

Ajenos al destino que los acechaba salieron del pasillo, doblaron a la derecha y encararon por Lavalle. Nunca se percataron de que por detrás los empezó a seguir un auto gris que para algunos era un Peugeot 206 y para otros un Gol Trend. En lo que coincidieron al menos tres vecinos fue en que tras pasar el cruce con Amenábar el auto tocó de atrás la moto plateada e hizo caer a Soto y Pizarro sobre el mejorado.

Ahí comenzó la última secuencia del ataque, que duró menos de 20 segundos. Con los dos muchachos tirados sobre la calle, el auto se les colocó en paralelo. Una puerta del lado derecho se abrió y, sin bajarse del vehículo, el sicario ejecutó su faena. Los vecinos escucharon entre 10 y 12 disparos. Pizarro recibió tres, Soto nueve.

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Andres Pizarro y su cuñado Brian Soto en el pasillo en el que vivían en barrio San Francisquito.

Andres Pizarro y su cuñado Brian Soto en el pasillo en el que vivían en barrio San Francisquito.

En segundos el auto desapareció. “El que más tiros recibió agonizó un largo rato. Daba mucha pena porque se quejaba y nadie hacía nada. La policía no dejaba que nadie se acercara. Escuché a un policía decir con desprecio: «Dejalo ahí. Se meten en la droga y no se la aguantan»”, recordó una vecina. En la escena se recogieron cinco vainas calibre 9 milímetros.

“Los fueron a buscar”

Mientras Soto moría, la cuadra se llenó de patrulleros, curiosos y familiares. El fiscal de Homicidios Gastón Avila fue el encargado de traducir preliminarmente la escena del crimen y descartar la hipótesis del robo instalada minutos antes por familiares de los muertos. “Las dos víctimas tenían sus pertenencias, celulares y billeteras. Incluso la moto quedó en el lugar”, dijo el fiscal.

Avila habló de ejecución: “Podría decirse que sí (hubo ejecución). Los fueron a buscar para dispararles, sobre todo por la cantidad de balazos”.

En la zona no hay a simple vista cámaras de videovigilancia. Los vecinos indicaron que el auto en el que se movía el sicario ya había sido visto el jueves por la tarde. Otros confiaron que el auto a las 5 de la mañana ya estaba estacionado a metros del pasillo donde vivían Pizarro y Soto, como haciendo guardia.

Los familiares de las víctimas insistieron en no saber qué motivó la doble ejecución. Fuentes allegadas a la investigación indicaron que trabajan sobre hipótesis suministradas por la familia al fiscal Avila, que no trascendieron en lo preliminar de la pesquisa y cuya entidad efectivos de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) estuvieron valorando durante la tarde del viernes.

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