El asesinato de César Roldán, el colectivero acribillado el sábado pasado cuando manejaba una unidad de la línea 116 en la zona oeste, generó una fuerte conmoción pública. El ministro de Seguridad, Claudio Brilloni, puso en duda que ese fuera el objetivo principal del ataque, sin embargo el impacto social fue inevitable dado que el crimen ocurrió a media tarde, en una zona transitada y con una víctima ajena al posible conflicto de fondo. Lo que se asoma como contexto, a partir de lo que se deduce de la amenaza que los sicarios dejaron en la escena del hecho, es que el propósito fue hacer llegar un mensaje a una persona que está presa. Este homicidio ocurrió en el marco de una criminalidad que avanza ante la inacción estatal en diversos ámbitos y que, con antecedentes similares, generó las condiciones para que estos hechos sean posibles.
Lo que se sabe hasta el momento acerca del asesinato de César Roldán es, principalmente, que el hombre de 43 años no tenía vinculación a algún conflicto de fondo en el que se pueda explicar por qué lo mataron a balazos mientras trabajaba. No se conoció algún problema personal de la víctima ni alguna relación a los nombres que aparecen en el cartel que los homicidas dejaron en la escena del crimen. La principal hipótesis es que uno de los dos sicarios disparó hacia el colectivo que conducía Roldán como lo podría haber hecho con cualquier otro, lo obligó a frenar y volvió a gatillar en su dirección hiriéndolo de muerte para asegurarse de que se cumpla el objetivo del ataque: hacer llegar un mensaje concreto a sus destinatarios.
Con esa base, uno de los ejes de la investigación del fiscal Ademar Bianchini es la misiva que dejaron los sicarios, con palabras claras que dan cuenta de un conflicto entre personas vinculadas al delito. Tal vez en esos detalles reparó el ministro de Seguridad Claudio Brilloni al relativizar el objetivo del ataque: "No tenemos indicios que nos permitan aseverar a ciencia cierta que se trató de un crimen para generar conmoción pública". Luego, el funcionario explicó que en casos anteriores, como ataques a instituciones u otros homicidios resonantes, los avances de las investigaciones fueron descartando "hipótesis de esta naturaleza sobre que hay una intención política o internas policiales".
Con un asesinato de estas características, que lo ubica entre los más impactantes de los 240 ocurridos en el año en el departamento Rosario, quienes los pergeñaron buscaron que fuera inevitable que la amenaza dejada en la escena del crimen llegara a sus destinatarios. Por ese motivo desde las distintas áreas abocadas a la investigación del hecho procuraron, a diferencia de lo ocurrido en otros homicidios, que no trascendiera toda la información incluida en el mensaje.
Pero hubo otra consecuencia, quizás colateral: una vez más quedó a la vista la capacidad de daño y la falta de límites de la que gozan las bandas criminales en la ciudad. El asesinato derivó en un paro de transporte urbano y paralizó parcialmente la ciudad. Es decir que, más allá de que pudo no haber sido el objetivo principal del crimen, la conmoción pública se generó de todas maneras. En ese marco, es tan importante que se preserven los detalles del mensaje que dejaron los sicarios, como que se explique su importancia y el trasfondo posible.
El mensaje
"Valen, dejá de hacerte cuidar por la policía", publicó La Capital este domingo como una parte del mensaje hallado en la escena del crimen del colectivero. El resto de la amenaza son insultos y referencias a otros hombres vinculados al delito: un tal Chizo y los Funes, como mencionó el propio Brilloni este lunes, en referencia al clan dedicado al narcomenudeo con base en Tablada pero con sus líderes -los hermanos Alan y Lautaro Funes- presos en cárceles federales.
Sobre el principal destinatario de la amenaza se sabe que se trata de Valentino B., un joven de 22 años que está preso desde marzo de 2022 cuando cayó en una redada por la investigación sobre la asociación ilícita liderada por Alan Funes. Lo acusaron como miembro de la organización y por amenazas calificadas, puntualmente por participar de balaceras. La particularidad de este caso es que Valentino proviene de una familia de profesionales universitarios, lo que expone una variante en las características habituales de los jóvenes que son mano de obra armada de las bandas delictivas.
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Con ese contexto cobran relevancia otros detalles. Por un lado la fianza que en enero de 2022 pudo pagar para quedar en libertad luego de ser detenido con un arma de fuego. Y, por otro lado, el lugar donde fue aprehendido semanas después: un departamento céntrico devenido en aguantadero y punto de acopio de estupefacientes que fueron secuestrados. "Es un edificio de unos cuantos años pero el departamento de él es exactamente igual a un búnker", dijo en aquella ocasión una persona que había participado del operativo. Además contó que uno de los celulares retenidos no paraba de sonar con mensajes de clientes que "pedían que bajen merca".
Entre los investigadores no pasaron desapercibidas las singularidades de este joven que "rompe el estereotipo", como aseguró una fuente de aquella pesquisa. En ese marco sugirieron que se había involucrado con la banda a partir de "un fuerte consumo" pero a la vez de que "le gusta la violencia y pertenecer a algo más pesado".
Dichas singularidades tampoco pasaron desapercibidas una vez que Valentino quedó preso. En ese marco, se investigan amenazas anteriores al crimen de este sábado que, tanto el joven como sus familiares, habían recibido en un contexto extorsivo para que entregaran bienes materiales. Un marco que de alguna manera explica un posible trasfondo del homicidio de César Roldán.
Crimen posible
Mientras los investigadores procuran desentrañar cómo se planeó y ejecutó el crimen de César Roldán, lo que fue quedando claro con la información trascendida hasta el momento es que un cúmulo de condiciones posibilitaron este asesinato. Desde el descontrol penitenciario hasta las falencias tanto en la prevención del delito callejero como en la inteligencia criminal.
Numerosas investigaciones dieron cuenta de que en las cárceles, con el acceso a teléfonos celulares como irregularidad permanente, a los internos se les facilita la organización del delito. Tanto hacia la calle, con extorsiones y homicidios instigados desde las prisiones, como hacia el interior de los propios penales. Son conocidas por distintas fuentes las contiendas entre líderes criminales que comparten prisión, el cobro de dinero para acceder a beneficios y las extorsiones entre los mismos detenidos. Como dato se destaca que en lo que va del año dos internos de la cárcel de Piñero fueron asesinados.
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También asoma, como factor que pudo posibilitar que dos sicarios maten a un chofer ajeno a cualquier conflicto, la ausencia de patrullaje urbano. Con el paso de las horas se conocieron testimonios de personas que advirtieron que en el lugar puntual de la zona oeste donde ocurrió el crimen de Roldán suele escasear la vigilancia preventiva. Incluso un vecino que habló con los medios de comunicación advirtió que minutos antes del ataque había sospechado, con temor de un posible robo, de los dos sujetos que estaban en la parada del colectivo
Una problemática similar, pero a su vez con otras características, aparece tras el crimen de Elías Gabriel Merlo ocurrido horas después del asesinato de Roldán. Tuvo lugar en una vivienda de Garibaldi al 200, barrio Tablada, un punto de venta de drogas del clan Funes. Por ese motivo, dado que el apellido Funes figura en el mensaje hallado en el crimen del chofer, se investiga la posible conexión entre ambos homicidios. Lo que asombra es que la vivienda de calle Garibaldi ya había sido allanada en otras oportunidades pero aún así continuó operando como lugar de referencia de la organización.
Antecedentes
Este otro homicidio podría cobrar mayor dimensión si se tiene en cuenta que en esa zona del barrio Tablada en lo que va de 2023 hubo más de 20 crímenes, la mayoría vinculados a disputas entre bandas de narcomenudeo. Y que luego de uno de esos hechos los vecinos amanecieron con pintadas que decían "Bienvenidos al barrio de Alan Funes. Entrá si querés y salís si podés".
Lo que podría ser una pintada anecdótica forma parte de un fenómeno en el que los vecinos de ese sector del barrio Tablada están forzados a convivir con dinámicas que amenazan y desestabilizan la vida diaria. Donde hubo personas asesinadas por el solo hecho de vivir al lado de un búnker y convertirse en el blanco erróneo de un ataque inesperado. Situaciones que rompieron el tejido social en zonas puntuales pero que en general pasaron desapercibidas y gestaron un nivel de naturalización de la violencia que solo se trastoca cuando corre un poco más sus límites.
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Ocurrió este sábado con César Roldán. Pero hay antecedentes recientes como el caso de Lorenzo "Jimi" Altamirano, músico y artista callejero que fue levantado al azar para ser asesinado y dejar entre sus prendas un mensaje vinculado a un conflicto entre presos. También aparece entre los más resonantes el doble crimen de Claudia Deldebbio y su hija Virginia Ferreyra, acribilladas bajo la orden de matar a cualquier persona que estuviera cerca de un domicilio ligado a un preso.
Los antecedentes que construyeron un escenario posible para un crimen como el del chofer no son solo los hechos con características similares. También lo reflejan las costumbres que las bandas criminales fueron afianzando mediante la facilidad con la que cuentan para delinquir desde las cárceles. "Hay que avanzar matando gente inocente", le dijo un recluso de alto perfil a su madre según consta en una de las tantas causas que dan cuenta de esta problemática. Pudo ocurrir en muchas ocasiones si se tiene en cuenta el testimonio de los familiares o vecinos que luego de los crímenes aseguraron que las víctimas eran ajenas a cualquier conflicto. En esta oportunidad, con el asesinato de César Roldán, volvió a quedar muy claro.