Policiales

Cómo armó Segovia desde la cárcel de Ezeiza un contrabando hormiga de explosivos

Los detalles de la investigación muestran que el Rey de la Efedrina hablaba con Nacho Actis Caporale y José Núñez Carmona, el condenado socio de Boudou

Miércoles 14 de Julio de 2021

Todo empezó en septiembre de 2016 cuando en el aeropuerto de la ciudad de Luque, en Paraguay, fue secuestrada una encomienda remitida desde Canadá que previamente había pasado por el Aeropuerto de Ezeiza. El paquete contenía artefactos explosivos comprados desde las casillas de mail de dos docentes que además son empleados del gobierno de Formosa. Había adentro un sobre bomba que incluía alambre, cables, tornillos, un detonador y una batería. También un libro bomba con dos baterías, un detonador, una llave y dos pinzas. Y una carpeta bomba con los mismos elementos más clavos y un gel.

La operación se cerró con un hombre llamado Bruce Koffler representante de la empresa Securesearch Inc de Canadá. El valor de los explosivos era en total 1.155 dólares. La encomienda salió de Sinaloa, en México, para un destinatario llamado Denis Javier Pérez. Gonzalo Ortega fue quien envió desde una oficina en Rosario de Western Union uno de los pagos. Se trata del cuñado de Mario Roberto Segovia, el rey de la efedrina, que era la persona que intentaba adquirir los explosivos.

Para disimular la recepción y su condición de destinatario final Segovia orquestó desde la cárcel de Ezeiza, donde para entonces llevaba seis años preso, un plan intrincado. Los explosivos serían recibidos por Denis Pérez en Paraguay que debía entregar el paquete a una azafata de la empresa de micros Sol a fin de que los ingresara a Argentina. Yanny Zárate Jara debía recibirlos y entregarlos a la gente de Segovia.

Los dos empleados de Formosa eran del todo ajenos al plan. Para comprar los explosivos Segovia o sus allegados utilizaron sus casillas de mail. Lograron que primero llegaran a Ezeiza y luego fueran a Paraguay. Allí personal especializado detectó los artefactos dentro de la encomienda. Estos estaban preparados para producir explosión, mediante una maniobra sencilla que consistía en cambiar los dispositivos simuladores que contenía por otros reales.

Que toda esta historia estaba ligada al rey de la efedrina se sabría un año después de detectado el paquete. Fue el 15 de junio de 2017 cuando personal penitenciario encontró una tablet en el recinto de uso común de los pabellones H-I de Ezeiza, donde se encuentra el termotanque, luego de que Segovia le pidiera permiso a un custodio para ingresar a regular el agua que salía fría. El personal lo dejó ir pero como Segovia luego no fue a bañarse entraron en sospechas. Fueron a revisar y encontraron la tablet disimulada al costado del termotanque. Y al examinar los contenidos del dispositivo descubrieron en el correo electrónico que se habían comunicado con Bruce Koffler de Canadá para comprar los explosivos. Se determinó que aquella tablet contenía las claves de acceso a la casilla oficial del gobierno de la provincia de Formosa.

¿Tenía una obsesión Segovia con los explosivos? Tal parece. Los investigadores fiscales de la Procuración contra el Narcotráfico (Procunar) parecieron comprobarlo cuando el 17 de abril de 2018 entre las pertenencias del hombre que había sido mozo del Club Atlético Provincial y ahora estaba encerrado en Ezeiza le encontraron instructivos sobre fabricación de explosivos.

Al seguir investigando se supo que durante septiembre de 2019 Matías Segovia, hijo de Mario, accedió a las casillas oficiales del gobierno de la provincia de Formosa antes indicadas, desde las computadoras del ciber de una estación de servicio Shell de Rosario. Existen mails intercambiados con el canadiense Koffler en esa época que indican que le habrían comprado artefactos explosivos, libros o manuales y que también se habrían inscripto a un curso online.

De esos mails se desprende que los productos les habrían llegado, estos sí, posiblemente a Rosario, y que, para su adquisición, le hicieron dos transferencias, vía Western Union, una por 3.004,05 dólares canadienses (a nombre de Ezequiel Hernán Bergara) y la otra por 3.355,25 dólares canadienses (a nombre de Miguel Angel Morel).

Durante los meses de mayo y junio del año 2020, fueron consultadas distintas empresas de los Estados Unidos y Gran Bretaña, por cursos de capacitación e instrucción para el armado, desarmado y transporte de bombas caseras, denominados IEDD -eliminación de dispositivos explosivos improvisados- y HME -explosivos caseros, como así también, de otras actividades afines, como ser inteligencia táctica e investigativa, desde las casillas oficiales usurpadas a los empleados públicos formoseños.

Este despliegue de enorme minuciosidad permitió descubrir al fiscal de Lomas de Zamora Sergio Mola y al jefe de la Procunar Diego Iglesias, cuatro años atrás, que el propósito de Segovia era convertirse en un proveedor de armamentos y explosivos con fines comerciales y, presuntamente, de venganza. A partir de sus contactos con el cartel de Sinaloa, para quienes traficaba efedrina en 2008 desde depósitos fiscales del barrio porteño de Barracas, Segovia empezó a adquirir estos explosivos que destinaba en parte a la Triple Frontera entre Paraguay, Brasil y Argentina. Esos fueron los orígenes de los diez allanamientos concretados ayer en Rosario por la Policía Federal.

En consecuencia, los fiscales con la información recabada los fiscales establecieron que el grupo de personas que habría intervenido en esa primera operación estaba constituido, al menos, por Mario Segovia, su hijo Matías, su cuñado Gonzalo Ortega, su esposa Gisela Ortega y Fernando Uriarte Ramírez, quienes continuaron desarrollando actividad vinculada a la adquisición de explosivos y armas, y la búsqueda de capacitación para su fabricación y armado, así como de otras actividades de inteligencia destinadas a organismos públicos, principalmente al adiestramiento de personal pertenecientes a fuerzas de seguridad y agencias de inteligencia. Segovia hizo esto mediante el phishing, o sea robo, de correos electrónicos de funcionarios públicos del gobierno de Formosa, haciéndose pasar por sus usuarios reales.

Gisela y Gonzalo Ortega y Matías Segovia recibieron indicaciones directas de Mario Segovia, en relación con movimientos compatibles con la adquisición de artefactos explosivos. Y su hermano Hernán Segovia, ex policía provincial que estuvo preso al inicio de la causa de la efedrina, cumplía según los acusadores el rol de financista, dado que es según ellos quien disponía de ingresos fluidos de dinero. Gran parte de los ingresos provienen, dicen los fiscales, de obras en construcción.

Otras personas que son empleadas de la organización debían aportar datos personales para no dejar expuestos a los miembros más altos de la estructura con las transferencias para pagar los explosivos. Estos son Ezequiel Bergara, Miguel More, Fernando Uriarte y Janny Zárate Jara.

En la formulación de la acusación, los fiscales establecen que el objetivo largamente rumiado por Segovia pasaba por la obtención, armado, acopio y comercialización de armas de guerra de uso prohibido, particularmente de fusiles AR15 y accesorios regulados, como supresores sónicos. Que estos eran ingresados al país, en piezas desarmadas mediante distintas encomiendas, por el aeropuerto de Ezeiza para, desde allí, ser enviados Rosario donde se encuentra radicado el núcleo de la organización. Desde esa etapa se completaban las maniobras planificadas y dirigidas por el ubicado como jefe, Mario Segovia, desde el Complejo Penitenciario Federal I de Ezeiza, donde cumple condena hasta 2026.

Para esta investigación resultó crucial que le hayan secuestrado en noviembre de 2017 un celular a Segovia en su pabellón que le habría dado un custodio penitenciario a cambio de 30 mil pesos. Las escuchas practicadas sobre ese teléfono más los mensajes permitieron acopiar evidencia. Dice en una conversación Segovia, que da detalles de la persona a la que le compran en Canadá los explosivos: “Che como mierda podemos hacer para entrar un bicho? Vos lo sabes armar? Si yo lo traigo por partes el aparato por un lado, la plaqueta y la batería...”.

En los intercambios detectados allí Segovia se comunica con personas con cierta celebridad en Rosario en el campo del comercio de drogas, como Ignacio “Nacho” Actis Caporale, condenado este mismo año en un juicio oral en los Tribunales Federales de Rosario. Con él habla de precios, hacer “movidas y fabricar drogas sintéticas”, y de la compraventa de autos.

También hay un llamativo intercambio con el empresario José María Núñez Carmona, condenado en agosto de 2018 a 5 años y seis meses de prisión por el caso de Ciccone Calcográfica, donde fue socio del ex vicepresidente Amado Boudou, también sentenciado. Segovia habla con Núñez Carmona por evidentes maniobras de lavado. “Y vos como estas para blanquear guita...estas medio ducho en eso... podes multiplicar algo o no? Al margen del quilombo que tuviste...no tenés gente que te diga bueno...un palo blanqueado... y te dejo el circuito”, le dice. En otro diálogo le refiere a Núñez Carmona: “Vamos a trabajar de forma ordenada, vamos a hacer 10, 15 palos cada uno y colgamos los guantes, para amortiguar las perdidas”.

Más adelante se detectó que el proyecto incluía armas automáticas de mucho mayor poder que intentaban comprar y que buscaban recibir por la empresa de encomiendas DHL. El 27 de abril de este año Segovia habló con su hijo Agustín sobre un fusil AR15 y uno AK47. El 8 de julio en Pasco al 200, en un domicilio, siguieron una encomienda y se hallaron tres supresores o silenciadores para armas de fuego. Eran para el cuñado de Segovia como destinario.

La imputación a Mario Segovia le atribuye el contrabando de importación de piezas de armas de fuego para armar un fusil de asalto AR15 que llegó a Rosario a un domicilio de Santiago al 4200.

Como en 2008 el tráfico de sus correos electrónicos resulta una vez fatal para Segovia. En la investigación de hace casi 14 años en sus intercambios de e-mails quedó prácticamente revelada toda la secuencia de sus actividades como contrabandista de efedrina, lo que fue una prueba de cargo decisiva para arribar a la condena. Ahora en relación a la compraventa de explosivos ocurre algo semejante. La pregunta mayor es si su objetivo con el armamento adquirido era meramente comercial o acunaba alguna intención distinta.

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