San Javier (Enviados especiales).- Arturo Luglietto, un empresario italiano vinculado a la
Camorra napolitana y afincado en Paraguay durante varios años, llegó en mayo de 2008 a la ciudad de
San Justo y en una reconocida inmobiliaria dijo que quería alquilar una propiedad rural, sobre la
ruta nacional 11 o en su defecto sobre la provincial 1, en el norte santafesino. La excusa era
instalar un vivero y darle trabajo a gente de la zona. Pocos días después cerró la operación y pagó
varios meses por adelantado por una casa ubicada en Colonia Francesa, cerca de San Javier. Al poco
tiempo se instalaron allí un par de peones paraguayos, traídos por el propio Luglietto, que
realizaron excavaciones en distintos sectores del terreno. Terminada su tarea partieron con rumbo
incierto. En su lugar llegaron un colombiano y dos salteños que, a quienes les preguntaban, le
decían que esperaban órdenes del patrón para "levantar un vivero". Sin embargo, nada de eso
hicieron. Según se descubrió el 6 de mayo, eran los custodios de una base narco donde se
triangulaba cocaína con destino al sur de Italia. La droga viajaba en troncos ahuecados de palo
borracho, una "especie exótica" que Luglietto importaba para sembrar en las residencias de
empresarios de su país. Al momento de allanar el lugar, los agentes de la ex Drogas Peligrosas
santafesina se toparon con 89 kilos de cocaína. Pero el hombre de la Camorra se quebró ante los
investigadores de su país y aseguró que en el predio había otros 160 kilos enterrados y prestos a
ser embarcados. Verdad o mentira, aún no se sabe. Por lo pronto, los pesquisas locales custodian el
lugar y afirman: "Tienen que estar, en algún lugar de este campo tienen que estar".
Los agentes de la Guardia de Finanzas napolitana tenían en sus manos
la droga, el destinatario (Luglietto) y sus financistas: el clan Fabbrocino, uno de los 220 clanes
que conforman la camorra napolitana. Pero les faltaba el origen de la droga, dato que les dio el
propio Luglietto cuando se quebró. Eso fue lo que trajo a dos detectives italianos a Santa Fe.
En su acuerdo de arrepentido con la Justicia, Luglietto contó sobre la
finca de la zona rural de San Javier que había alquilado con la excusa de poner un vivero. Para
sorpresa de los detectives italianos, sus pares de la ex Drogas Peligrosas ya tenían esa casa,
ubicada en el kilómetro 143 de la ruta provincial 1, "en observación" por la presencia de tres
hombres ajenos a la zona que "no hacían nada". Fue allí donde se secuestraron 89,210 kilos de
cocaína y seis bolsas de arpillera del molino harinero paraguayo "Enrique Remmele SACI", dentro de
las cuales quedó la pulpa de palo borracho que se extrajo de los troncos para introducir los panes
que llegaron a Europa.
El operativo.
De los cuatro detenidos, sólo el colombiano habló ante los
pesquisas. Fue al enterarse que Luglietto lo había apuntado como la mano derecha de Alvaro, un
narco colombiano con base en la ciudad boliviana de Santa Cruz de la Sierra y proveedor de la
droga. En poder del caleño había varios celulares, un pasaporte colombiano con fecha de ingreso a
Argentina el 9 de enero y un formulario de ingreso a Bolivia. Además, llevaba varios papeles con
números telefónicos en los que resaltaba un apodo: Tano Luglietto sólo se comunicaba con él y le
daba las órdenes y las coordenadas de dónde estaba enterrada la droga que debía traspasar a los
camiones cargados con troncos ahuecados en viaje a Italia.
El camino recorrido.
El 23 de marzo pasado seis troncos de palo borracho ingresaron a la Argentina desde Paraguay,
vía Clorinda, en tres containers del tipo Open Top, que en su parte superior sólo están cubiertos
por una lona removible. La Aduana no comprobó ninguna irregularidad, precintó las compuertas y
extendió el certificado de rigor. Así siguieron viaje, en un convoy de tres camiones argentinos,
hacia el puerto de Buenos Aires.
La caravana tomó la ruta nacional 11 a las 17.10 del 23 de marzo. A las
5.20 del día siguiente, uno de los camiones fue captado por las cámaras de seguridad del peaje de
Florencia (departamento santafesino de General Obligado). Los otros dos recién lo hicieron a las
10.50 de la mañana. Es decir que uno de los vehículos se separó del convoy. Recién varias horas más
tarde la fila volvió a formarse. Fue en el peaje de General Lagos, en la autopista Rosario-Buenos
Aires. Esos datos llevan a los pesquisas a sostener que uno de los camiones estuvo solo unas 5
horas, tiempo suficiente para desviarse a San Javier.
¿Cómo y dónde fue ahuecado el árbol que llevaba la droga? ¿En qué lugar se
hizo el intercambio de droga por la pulpa del tronco? Por la geografía que rodea la casa de Colonia
Francesa es imposible que un camión haya bajado los 150 metros que separan la ruta de la vivienda.
Además, los precintos del contenedor no fueron violentados. Por eso, la hipótesis de los
investigadores es que el camión estacionó a la vera de la ruta para cambiar contenidos.
En ese sentido, no se descarta que, como el container sólo tiene una lona
removible en su techo, uno o más hombres hayan trabajado ahuecando el tronco durante el viaje. Para
muestra, en la casa no sólo quedaron las bolsas con restos de madera sino también tres motosierras
desarmadas y embaladas.
Lo cierto es que los tres camiones llegaron al
puerto de Buenos Aires el 26 de marzo. El 31 la carga salió hacia Italia y un mes más tarde, la
droga cayó del interior de un tronco en el puerto de Génova.