Central se alzó en San Nicolás con su primera victoria en la Copa de la Liga. Fue con lo justo, sin sobrarle nada. Porque así viene Russo, tratando de reencontrar el rumbo para lo cual no se queda en lo conseguido, sino que busca alternativas. Se vio en el equipo que paró luego de la goleada que le propinó Talleres y en los cambios del entretiempo cuando ni así había encontrado el rumbo.
Y es que Russo no viene conforme con este inicio de la Copa de la Liga. Es más, quizás la mejor expresión de esto fue la tarjeta roja que vio en el final, luego de que Pablo Dóvalo le sacara la amarilla. Pareció exagerado de afuera, pero quizás fue una muestra de que la procesión del entrenador canalla iba por dentro.
Tiene lógica que su equipo no haya arrancado de la mejor manera la nueva Copa de la Liga. Terminó muy tarde la anterior, pero claro que el costo a pagar fue nada en comparación con el logro inconmensurable del título conseguido ante Platense y la nueva chance que tuvo luego de otra estrella ante River.
No hubo casi tiempo de descanso, de pensar, de reprogramar. Además, ya se habían concretado los amistosos en Uruguay apenas reiniciados los trabajos y todo pareció demasiado cansancio.
La novela de Jaminton Campaz, el jugador más desequilibrante del año pasado, también tuvo en vilo a Russo y la dirigencia. Por eso no fue feliz el primer paso en Tucumán ni el siguiente en casa ante Banfield, en una cancha imposible. Tampoco fueron derrotas, pero se le vino enseguida y a modo de golpe duro en la jornada anterior ante Talleres.
Ahí Russo propuso un juego más osado y le venía saliendo bien, hasta que descubrió que fue una manta corta, su equipo quedó muy expuesto defensivamente y hubo que rearmar. Una vez más.
Para colmo, esa debacle con Talleres se inició con un gol que bien pudo ser anulado. Tal vez también por eso la bronca a modo de descarga de Russo en el final de la trabajosa victoria sobre los mendocinos que le opusieron una dura lucha.
Pero Russo sabe por viejo y para este encuentro cambió. Metió línea de cuatro abajo, hizo debutar a Emanuel Coronel de lateral derecho con pocas prácticas encima, hizo retornar a Carlos Quintana, a quien cuidó en Córdoba y le dio rodaje de nuevo a Jaminton Campaz desde el vamos.
El Bicho no pesó en el primer tiempo pero su levantada coincidió con la del equipo y de hecho el gol de Cervera vino por un remate previo suyo que fue despejado entre el arquero y el palo izquierdo. En esa jugada se asoció con Maxi Lovera, en la que vino inmediatamente después con Ignacio Malcorra, sus socios principales el año pasado y sobre todo Nacho. Y no por nada fueron los mejores momentos de Central.
Pero claro, Russo tampoco se quedó conforme con lo ofrecido en ese primer tiempo donde Independiente Rivadavia pudo irse al descanso arriba en el marcador. Por eso equilibró con Mauricio Martínez por Tomás O’Connor y dejó en la cancha a Kevin Ortiz, que parecía el indicado porque tenía amarilla. Pero no, porque el 45 canalla se liberó un poco más y el medio lució más compensado.
Y con Tobías Cervera en cancha encontró la profundidad que no le dio Martínez Dupuy, que vino jugando en los momentos en que los que saben no estuvieron encendidos. Así y todo, Russo no estuvo tranquilo nunca, por más que siempre tuvo la garantía de un Broun excelso y una defensa que con un medio más equilibrado se fue compensando. El técnico no se duerme en los laureles, sabe que aún no tiene un equipo confiable como hace poco. Sabe que, ganando, todo empieza a acomodarse.