El clásico rosarino le ocasionó un nuevo sufrimiento a Newell’s. Un dolor que no tiene fin. Ni siquiera en un partido chato y aburrido fue capaz de, al menos, traerse un punto del Gigante. Es que siempre hay un pero frente a Central. Porque el conjunto rojinegro cometió fallas mínimas, pero que resultaron determinantes en un clásico que se encaminaba a la igualdad sin goles. Equívocos que fueron obra del Gallego Méndez, tardío para introducir cambios, y con suplentes que no mejoraron lo que estaba ofreciendo el equipo.
Desde un principio, la estrategia rojinegra consistió en lentificar el juego para entorpecer el vértigo que le quiso imprimir Central. Cada saque de arco, cada salida, cada tiro libre, la visita se tomó todo el tiempo posible. Entre el plan ideado por Méndez y la impericia canalla para construir juego por el piso, la Lepra sacó adelante la primera etapa.
La visita se demoró un cuarto de hora en acomodarse en la zona media. Juan Ignacio Méndez y Rodrigo Fernández, principalmente, no hacían pie y cada pelota dividida quedaba en los pies de Jonatan Gómez o algún otro.
Pero a Central le faltaba vuelo en ofensiva y Newell’s no pasaba apuros. El equipo de Lequi se repetía en pelotazos y Velázquez y Salcedo, agradecidos. Los zagueros despejaban una y otra vez.
Newell’s administró los recursos mínimos que disponía y la fue manejando mayor tiempo, aunque siempre lejos del arco. Un tiro defectuoso de Francisco González, tras la habilitación del Colo Ramírez, fue una de las escasas aproximaciones de la primera etapa.
Banega bajaba, se tiraba a los costados, se arrimaba al que la traía. Se ofrecía en todo momento para ser el receptor. Nadie se le asociaba. El pase rasante que metió al área auriazul y que interceptó Broun antes de que la toque Panchito González fue lo mejor del diez en ofensiva en esos 45’. Newell’s lucía contenido, preocupado ante todo por no desarmarse.
Nada se alteró luego del intervalo. Newell’s continuó con la misma idea. Conservar el orden, no apresurarse y no lanzarse masivamente al ataque. Había que exprimir al máximo alguna que otra jugada ofensiva. Que la tuvo en un cabezazo de Salcedo, tras un tiro de esquina desde la derecha, que se fue por sobre el travesaño.
Lequi fue metiendo variantes y Méndez recién a partir del último cuarto de hora cuando había futbolistas que debían ser reemplazados antes, lo cual fue uno de los errores causales de la derrota.
Encima quedó de manifiesto que el Canalla tenía mejores recursos entre los suplentes que la Lepra. Ninguno de los que ingresaron en la visita revitalizó el funcionamiento. Como sí hizo en la otra vereda Nacho Malcorra, un problema para la defensa leprosa.
Ni siquiera le duró mucho la alegría a la Lepra por el gol en contra de Ibarra. Unos segundos después del festejo alborozado se sancionó off side de Martino, que para completarla minutos después fue expulsado por una imprudente infracción sobre Ortiz.
Pero ni la desventaja numérica de Newell’s presagiaba que el 0 a 0 se fuese a alterar. Entonces sí llegó la jugada fatídica para la Lepra. Méndez bajó a Malcorra. El volante, que desde una posición parecida anotó el tanto de la victoria en el último clásico en el Gigante, ejecutó el tiro libre al palo izquierdo. Macagno despejó hacia adelante, no al costado, y Mallo se anticipó y la cruzó para romper la paridad.
Newell’s no lo podía creer. Con muy poco, lo perdía. Pero esos mínimos detalles fueron toda su responsabilidad, ya sin capacidad de reacción para terminar de resignarse a un nuevo clásico perdido.
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