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Los clubes rosarinos llevan una década sin formar casi zagueros de relevancia

Central y Newell's casi no sacaron defensores en los últimos diez años. Los buenos se fueron con poco rodaje y acertaron poco, pero muy bien, con los muchos de afuera. Un problema que necesita diagnóstico y solución

Miércoles 03 de Febrero de 2021

Las inminentes partidas de Jonathan Bottinelli y Diego Novaretti en Central y de Manuel Guanini y Fabricio Fontanini en Newell’s obligan a la dirigencia de los dos clubes de los equipos rosarinos a reforzar esos puestos. Una constante que se viene dando en los últimos años. No es un dato menor que canallas y leprosos, que en décadas pasadas han sido una escuela de marcadores centrales que han brillado, no solamente en los clubes grandes de Buenos Aires sino en el exterior, desde 2010 a esta parte hayan tenido que reforzar esos puestos en la mayoría de los libros de pases, llegando a las 46 incorporaciones. Y el que viene no va a ser la excepción, como ya pasó con Yonathan Cabral en el Parque o puede pasar con el regreso de Gastón Avila en Central, un caso bien llamativo. Hay atenuantes, pero algo no estuvo funcionando para que no puedan surgir nuevos o que se haya fallado en las elecciones. Más allá de que hay que aclarar que la conducción de las inferiores leprosas cambió y Enrique Borrelli lleva poco tiempo en el cargo y en Central hubo muchas modificaciones y ahora coordina Hugo Galloni.

En los primeros 10 años del siglo XXI los canallas sacaron de sus divisiones inferiores a marcadores centrales de la talla de Daniel Díaz, Matías Lequi, Leonardo Talamonti, Mauro Cetto, Javier Muñoz Mustafá, Diego Braghieri, Nahuel Valentini y Guillermo Burdisso. Mientras que Newell’s en esos puestos, después de aquellas apariciones de Fernando Gamboa y Mauricio Pochettino, quienes se consolidaron en aquel equipo de principios de la década del 90, siguió sacando zagueros centrales de calidad como Walter Samuel, Gabriel Heinze, Facundo Quiroga, Diego y Fernando Crosa, Fabricio Fuentes, Sebastián Domínguez, Leandro Fernández, Ezequiel Garay y Nicolás Spolli. Incluso de la cantera rojinegra surgió el Flaco Rolando Schiavi, que se fue del club sin debutar en primera y jugó en Newell’s recién con 34 años, transformándose en el defensor más goleador de la historia del club.

Pero desde la temporada 2010/11 ambos equipos apelaron más a contratar futbolistas de afuera para esa posición o repatriar a algunos que pasaron por encima de los chicos de divisiones inferiores. En algunos pocos casos les resultó, en muchos otros no.

En el Parque Independencia

Se puede decir que hasta el título del torneo Inicial 2013 logrado por el Tata Martino el balance había sido plenamente satisfactorio. Fueron los tiempos del regreso de jugadores que habían sido importantes como Fabricio Fuentes, que duró poco, y las llegadas de zagueros que le dieron rédito a Newell’s, tales los casos de Santiago Vergini y Hernán Pellerano. Y ni qué hablar luego cuando el Gringo Heinze anunció su retorno para retirarse en Newell’s y lo acompañó bien el veterano Víctor López, que venía de consagrarse con Banfield. Por entonces habían partido dos marcadores centrales importantes como el Chaco Insaurralde y Rolando Schiavi, o Agustín Alayes, con menos suceso pero también de cierta efectividad.

En inferiores, el club se desprendía de un jugador prometedor de la cantera como Ignacio Fideleff a Napoli, mientras otros partían entre sombras, como Marcelo Blanc, Carlos Del Giorno, Rodrigo Chaves, Alexis Machuca y Augusto Mainguayague, que no lograrían notoriedad. Pero lo dicho, el balance era positivo en cuanto al rendimiento de los que llegaron o estaban en esa época, que disimulaba esa carencia de las inferiores que equilibraba Nacho Fideleff en cierta manera.

Pero desde ahí se entró en un tobogán y muy pocos lograron sobresalir, tanto de los que llegaron como los de inferiores, que no volvieron a tener preponderancia al punto de desdibujarse por completo, acaso el mayor problema que emerge de este análisis. Tanto fue así que el jugador más destacado surgido de Newell’s y que se potenció en Europa es Lisandro Martínez. En el Parque jugó poco y siempre se pensó que su altura era un condicionante. En Defensa y Justicia, que se lo llevó por monedas, y Ajax, que lo compró en 7 millones de euros, demostró que no era así.

Los regresos de Leandro Fernández o Sebastián Domínguez, aún queridos como en el caso del Negro, campeón de 2004, no produjeron el mismo efecto que el de Heinze, por ejemplo, y se fueron sucediendo pruebas que no terminaron de convencer, como las de Nehuén Paz, Bruno Bianchi, Néstor Moiraghi (parejo con el DT Diego Osella), Teodoro Paredes, Leandro Vega, Fabricio Formiliano o antes Franco Lazzaroni (enfrentó a Central, jugando para Boca Unidos) o Sebastián Martínez.

De inferiores en tanto no tuvieron mayor cabida Guillermo Ortiz, que sí se mantuvo en la elite de primera división, Maximiliano Pollachi o Jonathan Valle, en cambio sí prometía más Franco Escobar pero se fue a Estados Unidos y salió del radar del fútbol grande. Mientras que Joaquín Varela impresionó mucho y no pudo asentarse y se fueron por lo bajo Alan Luque y Stéfano Callegari, el último zaguero central leproso en jugar en primera desde la cantera, que acaba de ascender a primera con Platense. O Facundo Pardo, que jugó en varias selecciones juveniles, fue titular en la reserva y ahora está en Central Norte de Salta.

Sí puede decirse que en la anterior temporada por fin Newell’s volvió a acertar con una dupla que brindó mayores seguridades, como las del retornado Cristian Lema y Santiago Gentiletti, pero la partida del primero la dejó huérfana, ya que ni Fabricio Fontanini ni Manuel Guanini dieron las mismas garantías. ¿Manuel Capasso? Vino el año pasado y no jugó aún. Y ahora firmó Yonathan Cabral.

Y en Arroyito también

A Central le viene pasando algo parecido a Newell’s. Y hasta podría decirse que es más evidente la falta de zagueros centrales surgidos de sus divisiones inferiores, no sólo porque no pudieron hacer pie en la primera de Central sino que tampoco pudieron responder en otros clubes. Acertó con algunos nombres importantes que le dieron buenos frutos pero también la situación se fue desdibujando, al punto que el Kily González se encuentra con un problema enorme entre sus manos, con marcadores de experiencia pero poco confiables y pocos pibes al menos por ahora que puedan ilusionar, excepto en el caso de Facundo Almada.

Para graficar ese cuadro de situación, hay que decir que el último zaguero que pudo salir del club hacia el exterior y se mantiene ahí es Nahuel Valentini, que se bancó los tres años en la Primera B Nacional y después partió al Livorno de Italia.

Diego Braghieri tuvo buenos pasos en clubes como Lanús pero no hay más por contar.

En cambio, sí llegaron zagueros que fueron de mucha utilidad para los distintos técnicos. Miguel Angel Russo aprovechó mucho a Alejandro Donatti y ni hablar el Chacho Coudet después, pero en cambio pasó desapercibido Lisandro Magallán, que llegó de Boca, no se potenció y cuando regresó a la ribera sí lo hizo al punto de ser vendido a Europa por cifras millonarias.

Coudet no usufructuó a Jonathan Ferrari, tampoco demasiado el regreso de Mauro Cetto, pero en cambió sí tuvo más rédito con Esteban Burgos e infinitamente más con Javier Pinola, quien junto a Donatti hizo la dupla más firme de la década canalla. Yeimar Pastor Gómez Andrade, que vino de Tiro pero hizo inferiores en Central, empezó bien pero ya cuando vino Pinola lo relegó y el equipo dio un salto enorme de calidad.

Pero Pinola se rompió y cuando volvió, River lo tentó y se fue. Antes de eso, todos los demás ensayos para suplir esa dupla fueron en vano y así las llegadas de Dylan Gissi, Hernán Menosse y Marcos Torsiglieri fueron golondrinas de verano, como luego, ya con el entrenador Paolo Montero, las de Fernando Tobio, Marcelo Ortiz y José Leguizamón, u Oscar Cabezas, con Leo Fernández.

La jerarquía la recuperó Edgardo Bauza cuando trajo a Matías Caruzzo. Ahí la zaga central recuperó pie, acoplándose con Miguel Barbieri. Duró poco, como el Patón. Diego Cocca tampoco pudo compensar con Diego Novaretti, Cristian González o Joaquín Laso, problemas que heredó el Kily González y agravó con un experimentado pero poco confiable Jonathan Bottinelli.

Si pasaron varios párrafos sin mencionar a jugadores de inferiores es porque pasaron inadvertidos. Tomás Berra prometía pero se fue rápido y no trascendió una camada, varios de los cuales están hoy en la Primera Nacional, como el caso de Luciano Recalde (ascendió con Platense a primera, hizo dupla con Callegari), Nicolás Giménez, Renzo Alfani, Fernando Alarcón, Caín Fara, Nicolás Herranz, Fernando Piñero (enfrentó a Recalde, en semis de la PN en Rafaela) o antes Lucas Acevedo.

Y el caso más emblemático es el de Gastón Avila, el hermano del Chimy, quien siendo el zaguero central más goleador de las inferiores de AFA (33 goles en 95 partidos) fue vendido a Boca sin pasar por la primera. Y ahora quieren repatriarlo a préstamo.

Es decir, Central y Newell’s afrontan prácticamente los mismos problemas. Pocos, pero muy buenos aciertos en la elección de zagueros de afuera y casi nula proyección de los propios, acaso el ítem que más debe preocupar y en el que deben encontrar las respuestas. Un mal de la última década en la que hay que buscar razones, sin dudas. ¿No hay abajo, se fracasa cuando se llega o se los tapa por esa mayoría que en muchos de los casos fueron gastos inútiles? Un debate para dar puertas adentro.

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