Ya en vuelo a París en su avión privado, adonde arribó a media tarde hora argentina, Lionel Messi tuvo tiempo para seguir disfrutando. Para eso usó las redes sociales y literalmente Instagram explotó. El fenómeno del rosarino es planetario y la genuina emoción con la que se desnudó en el Monumental fue aplaudida en el formato “me gusta” por millones de personas en el mundo, luego de su publicación con todo el equipo en el césped y la Copa América en el centro. Apenas mediodía después, ya tenía casi 11 millones de aprobaciones. Una locura.
Messi pasó por una montaña rusa de sensaciones en exactamente dos meses. El 10 de julio se desahogaba como nunca levantando la copa en el Maracaná, después se tomó unas merecidas vacaciones y cuando ya se hacía iniciando una nueva temporada en Barcelona, el club catalán lo dio de baja. Del llanto de alegría apenas pitaron el final del 1 a 0 ante Brasil, Leo pasó al llanto de la más onda tristeza por tener que dejar su casa y las lágrimas en la conferencia de prensa de la despedida recorrieron el mundo.
Unos días después, el PSG anunciaba su contratación y de nuevo Messi estuvo en boca de todos. Su traslado a París, la locura que generó en los fanáticos, los primeros trabajos en campo y los apenas 25 minutos disputados le arrancaron de nuevo una sonrisa franca, pero no hubo tiempo para mucho más. De nuevo a viajar a su otra casa, la selección, con el condimento de la oposición de muchos clubes de Europa a ceder a sus compañeros. Y una vez inserto en la triple fecha, de nuevo a vivirlas todas.
La victoria en Caracas, el escándalo en Brasil y el reencuentro con el público en el Monumental fueron de nuevo un cóctel que movió la licuadora de sus sentimientos, que terminaron explotando de cara a la cámara con nuevas lágrimas, imposibles de contener sobre todo cuando mencionó que su familia estaba en la cancha, y que siguieron luego en los festejos previstos. El rostro enrojecido por la emoción llegó al alma de cada futbolero, conmovió como nunca y subió a Messi al pedestal de los héroes deportivos con su impronta humana de cualquier mortal.
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Porque así se lo vio a Messi, un hombre de 34 años que debió disfrutar estas mieles mucho antes pero quizás nunca habrían sido así de intensas, como todo logro que se consigue después de pasar por grandes sufrimientos.
Leo casi no jugó en PSG, donde le espera un fútbol que seguramente no estará para sentarse a admirarlo. Que lo hará sentir visitante como nunca y donde tendrá nuevos desafíos para demostrar su vigencia, como le pasó en la selección. Pero el Messi de hoy se liberó, disfruta o sufre, pero no lo hace en silencio y larga el lastre de la necesaria descarga.
Y por supuesto, es con la camiseta albiceleste donde vivió todas las sensaciones juntas y ahora le llegó el tiempo del merecido goce.
“Soñé muchísimo con este día y gracias a Dios llegó. No tengo palabras para agradecerles por todo el cariño recibido. Qué noche hermosa, lo disfruté muchísimo. Inolvidable”, posteó Messi en su cuenta de Instagram. Para el pueblo futbolero argentino, y del mundo por qué no, también.