Si Jorge Almirón era el que más tenía que perder en el clásico, entonces con la misma lógica fue el que más ganó. Por supuesto que fue así. El nuevo triunfo de Central sobre Newell's, por 2 a 0 el domingo en el Coloso, elevó las acciones del entrenador canalla que era mirado de reojo desde que llegó. Lo posicionó en un lugar de credibilidad que por supuesto deberá ir reforzando con los partidos importantísimos que tiene por delante. Pero ya está en otro lugar.
La aseveración tiene que ver además porque el resto del mundo Central ya vivió en su mayoría las mieles de una victoria clásica. Angel Di María, por ejemplo, fue de nuevo héroe porque ya había marcado el gol del triunfo en el anterior derby, en agosto pasado en el Gigante.
Por supuesto que Enzo Copetti, aplaudido en general pese a ser un 9 con la pólvora mojada, fue otro de los que ganó en la consideración. Y hay que nombrar a quienes se hicieron con este partido por primera vez, caso chileno Pizarro, Julián Fernández o el pibe Ovando.
El primero del técnico canalla
Pero fue Almirón el que iba a dirigir su primer clásico, el que además no le había ganado duelos a Frank Kudelka, y el que obligado por las circunstancias debía estar a la altura de sus antecesores, los cuales todos venían ganando, como Ariel Holan o Miguel Angel Russo.
Como si eso fuera poco, era indudable para cualquiera que el plantel canalla hoy está muy por encima al leproso, un hecho además que se viene repitiendo en los últimos años.
Y Jorge Almirón lo hizo
Estaba todo dado entonces para que Central se hiciera con una nueva victoria y el equipo de Almirón lo hizo con suficiencia. Es cierto, a partir del 1 a 0 de Di María, pero con absoluta claridad desde entonces, al punto que hasta pareció corta la diferencia o que el segundo llegó demasiado lejos.
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Fue el primer partido de los realmente importantes de Almirón, más allá de que enfrentó a River y empató en el Gigante, o le ganó a Racing en Avellaneda. Y lo superó con justicia. Claro que el entrenador canalla no es de los que venden humo ni se la cree: "Se definió por la jerarquía de los jugadores", dijo y claramente fue así.
La contracara de esa definición es que aún el movimiento colectivo no está plenamente consolidado. Que Central sufre los partidos en largos pasajes, como no solo le pasó ante Newell's en el primer cuarto de hora, sino en la fecha anterior en todo el primer tiempo ante Gimnasia, hasta que de un posible 0-2 pasó a empatarlo y, ahí sí, sus individualidades hicieron el resto. Lo sufrió en el cierre del debut ante Belgrano, también ante Aldovisi y con Talleres de Córdoba en el primer tiempo.
Lo que aún tiene en el debe
O sea, este Central es como esos autos al que le cuesta dar arranque pero una vez en marcha es rocoso y te puede pasar por arriba, como sucedió en el clásico. Esa es la cuenta pendiente en todo caso de Almirón, hacer más perdurable su dominio, efectivizarlo más y evitar lagunas que también las tuvo ante Newell's, más allá de que su mejor jugador (y de todo el fútbol argentino) jugó condicionado por una molestia física.
Pero el movimiento se demuestra andando y Almirón pasó la primera prueba brava. Ahora, en poco más de dos semanas parece, enfrentará la segunda que también marcará su destino. Porque si de algo adoleció el gran equipo de Holan fue el de dar la talla en los encuentros de eliminación directa.
Y antes del inicio del certamen más importante en el mundo auriazul, la Copa Libertadores, seguramente jugará por el título de la Supercopa Internacional, nada menos que ante Estudiantes, el mismo que lo dejó sin nada de entrada en los octavos de final del Clausura pasado, que había entrado por la ventana a la definción y luego fue campeón.
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Una final que será la prueba siguiente
Se juega algo más en ese partido, que fue la marca que quedó en la semana previa por el título que la AFA le otorgó a Central y la oposición férrea del mismo Estudiantes, que además se dio vuelta a la hora de hacerle el pasillo de honor al campeón.
También Almirón tendrá mucho por ganar allí, pero no para perder como en la previa al clásico, porque Central adoleció de final con Holan y por eso su trabajo concluyó a fin del año pasado. El técnico sabe mucho de avanzar hasta las últimas instancias, aunque dos veces se le escapó la Libertadores en una final. Pero eso espera, como el desafío personal que todos en Arroyito sueñan con que supere.
Por lo pronto, Almirón disfruta como nadie y está más que bien. "Creo que este partido marca un antes y un después", dijo. Claro que sí, si fue el gran ganador del clásico.