Newell's

Eduardo Bermúdez, el hombre que está solo y espera

Eduardo Bermúdez inició el segundo año de mandato en Newell's en un contexto adverso en lo financiero, deportivo e institucional y que complica el futuro de un club judicializado.

Martes 25 de Julio de 2017

Es menos perjudicial un enemigo que un falso amigo, reza el refrán, y seguramente el presidente de Newell's Old Boys, Eduardo Bermúdez, sabe de qué se trata esta situación. Más aún en estas horas en las que su crédito político quedó reducido a la mínima expresión, a tal punto que este momento bien puede titularse como el libro escrito por Raúl Scalabrini Ortiz: "El hombre que está solo y espera". Aunque el contenido histórico de dicha pieza de la literatura argentina nada tenga que ver con el directivo rojinegro y su presente.

Tras ganar las elecciones en junio del año pasado con el 29 por ciento de los casi diez mil sufragios, Bermúdez inicia ahora el segundo año de mandato en Newell's envuelto en una crisis financiera, institucional y deportiva, con un futuro imprevisible. Por las urgencias económicas y jurídicas ejecutó con marcada desprolijidad una sangría del plantel que se llevó puestos a los máximos referentes futbolísticos, porque independientemente de sus rendimientos individuales en los últimos tiempos, Maximiliano Rodríguez, Ignacio Scocco y Mauro Formica son íconos de la identidad del club. Y por ende gravitan y mucho en el sentimiento colectivo de los hinchas leprosos.

Si bien Scocco y la Fiera cocinaron a fuego lento sus decisiones, midiendo estratégicamente los tiempos para que Bermúdez pague bien caro sus salidas, el presidente flaco favor se hizo con las declaraciones previas asegurando que ninguno de ellos se iría, además de un sinnúmero de errores no forzados cometidos en las formas y contenidos. Algunos de los cuales rozan lo incomprensible.

Pero la guerra dialéctica ya estaba declarada. El incumplimiento sucesivo de las promesas agotó el vínculo. Hasta llegar a un punto límite, con la debida intervención del gremio de los jugadores para hacer valer sus derechos. Y el encono fue de semejante magnitud que hicieron visibles las actitudes confrontativas.

Porque no fueron casuales las últimas declaraciones de Nacho antes de emigrar a River, una posibilidad que se reflotó este año ya que tiempo atrás había dialogado con el entrenador Marcelo Gallardo sobre una posibilidad de jugar en el club de Núñez. Y tampoco fue azaroso el momento en el que la Fiera decidió realizar la conferencia de prensa para anunciar su despedida: justo el día en el que los directivos anunciaban la contratación de Brian Sarmiento, un futbolista carismático que generaba cierto fervor en la población rojinegra.

Es cierto que durante el mandato pasado las falencias de gestión y las transgresiones al control de un club judicializado dejaron un campo minado, pero también es verdad que la fragmentada comisión directiva actual pisó y detonó cada una de las minas, generando una situación muy delicada, la que impuso la ejecución de medidas férreas en la supervisión del gasto por parte de aquellos a los que la ley les impuso hacer viable el normal funcionamiento del club. Que no es tan normal.

Hoy esa supervisión, que asoma demorada, es más estricta y hace que Newell's se encuentre en la necesidad de ajustar sus números sin concesiones. De haberlo hecho en tiempo y forma tal vez se hubieran evitado muchas de las llegadas innecesarias de jugadores, como así se habría evitado la salida de alguno de los referentes. Por supuesto que para ello era fundamental tener la decisión política de retenerlos, determinación que nunca asomó en la superficie de las decisiones.

Más allá de que por el sistema presidencialista todas las miradas condenatorias están puestas en el propio Bermúdez, no se puede omitir que la responsabilidad no le es esquiva al resto de los componentes de la actual administración, porque bien vale informar que algunos de ellos comenzaron a constituirse en un frente interno para presentarse como una alternativa al máximo dirigente. Sí. Jugando a la política tan inapropiada como absurda. Mostrando esa vieja lógica que "cuánto peor, mejor", para convertirse en posibles sucesores. Y esgrimiendo argumentos democráticos que no practican, porque para esa línea de pensamiento los fines justifican los medios. Sin siquiera evaluar los daños que esto le provocaría a un club que necesita encontrar la salida menos traumática en un contexto atravesado por grandes dificultades.

Claro que el estilo personalista de Bermúdez no hace más que nutrir ese espíritu conspirativo en algunos de sus pares, que miran con planificada ambición el sillón presidencial. Y por esa actitud del mandamás es que lejos de instalar puentes de diálogo amplía la grieta que lo aísla aún más del resto, incluso de aquellos que hasta ahora lo acompañan con lealtad.

En paralelo las agrupaciones políticas opositoras desarrollan un monitoreo ajustado del día a día y algunos de sus referentes ayer se encargaron de recordar el artículo 26 del estatuto que alude a cómo se resuelve la línea sucesoria presidencial previendo un hipotético conflicto institucional, para lo cual uno de ellos señaló a manera de mensaje que "es obligatorio tener diez años de antigüedad para ejercer el cargo de presidente".

Mientras el Chocho Llop trabaja para darle un norte futbolístico al primer equipo, Bermúdez y compañía tienen la responsabilidad por mandato de darle certeza al club, algo que deberán resolver en conjunto, porque caso contrario lo que venga será peor, y con consecuencias impensadas.

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