La crisis económica empezó a sentirse con fuerza en uno de los lugares más sensibles del consumo: las compras que antes formaban parte de la vida cotidiana y hoy quedaron relegadas frente a alimentos, servicios y alquileres. En Rosario, jugueterías, librerías y locales de ropa aparecen entre los rubros de comercios más golpeados por la caída de ventas.
Según un informe de la Federación Gremial del Comercio e Industria (FECOI), que detectó un retroceso interanual promedio del 8,2% y un fuerte deterioro en las expectativas del sector. Pero detrás de los números aparece un cambio de hábitos que comerciantes ya no explican sólo por la coyuntura económica.
“La compra por impulso desapareció”
Miguel Rucco, comerciante rosarino e integrante del sector, describe un escenario donde el consumo dejó de pasar por el deseo y volvió a concentrarse casi exclusivamente en la supervivencia cotidiana. “La gente prioriza la primera necesidad: alimento y bebida. Y además esos productos aumentaron muchísimo más que la inflación que reflejan los índices oficiales”, explicó en diálogo con La Capital.
Según Rucco, el efecto más visible es la desaparición de las compras impulsivas o emocionales. “Se perdió darte un gusto, comprarte algo que te gusta o comprarle un regalo a un hijo o a un nieto”, resumió.
La situación impacta especialmente en jugueterías, indumentaria y librerías, sectores históricamente ligados al consumo familiar, los regalos y el gasto espontáneo.
Jugueterías golpeadas por la crisis y por un cambio cultural
En el caso de las jugueterías, Rucco sostiene que el problema es todavía más complejo porque combina crisis económica con transformación tecnológica. “Los chicos cada vez usan tecnología desde edades más tempranas. Cambiaron las costumbres y eso afecta directamente la demanda del juguete”, señaló.
Según el comerciante, el avance de pantallas, celulares y videojuegos redujo el interés por muchos productos tradicionales incluso antes del deterioro económico actual. “Es un rubro que ya venía golpeado y el contexto local termina agravando todo”, explicó.
El fenómeno se vuelve más visible en Argentina porque la caída del consumo profundiza tendencias que en economías más estables podrían amortiguarse mejor.
Librerías cada vez más estacionales
Las librerías atraviesan un proceso similar. Rucco diferencia dos universos: las librerías escolares, que sobreviven principalmente por el pico de demanda del inicio de clases, y las comerciales, afectadas además por la digitalización.
“Cada vez se imprime menos, cada vez menos gente consume papel”, sostuvo.
La caída ya no afecta sólo libros sino también artículos de oficina, impresiones y productos asociados a hábitos culturales que fueron cambiando con el avance digital.
Comercios que sobreviven con menor rentabilidad
Mientras las ventas caen, los costos siguen subiendo. El informe de Fecoi identificó entre las principales preocupaciones del sector: caída de la demanda, presión impositiva, aumento de alquileres y suba de tarifas energéticas.
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Según Rucco, muchos comerciantes están reduciendo márgenes para intentar sostener ventas. “Achicamos rentabilidad para tratar de conquistar la demanda, pero eso hace cada vez más difícil sostener la estructura”, explicó.
El problema empieza además a trasladarse a la continuidad misma de algunos negocios. “Hay gente que directamente decide no renovar alquileres o dejar la actividad”, advirtió.
El cierre de locales y el avance online
La presión económica también acelera otro fenómeno: el corrimiento hacia ventas online o estructuras más pequeñas. “Muchos empiezan a pensar que les conviene vender desde un galpón o sólo online antes que sostener un local con costos altísimos”, explicó Rucco.
El escenario afecta especialmente a pequeños y medianos comercios tradicionales del centro y corredores barriales.
Cerrar un local, sin embargo, tampoco resulta sencillo. “Tiene un costo emocional, económico y laboral enorme. Muchas veces es el fracaso de un proyecto de vida”, señaló.
Un clima social cada vez más pesimista
El informe de FECOI mostró además que el 72% de los comerciantes no espera una recuperación en el corto plazo.
Para Rucco, el problema ya excede la caída puntual de ventas. “El ánimo social contagia mucho la expectativa económica. Y cada vez hay menos confianza en que aparezcan señales reales de reactivación”, sostuvo.
La sensación se replica en buena parte del comercio rosarino, donde muchos locales sobreviven esperando un repunte que, por ahora, no llega.
Mientras tanto, juguetes, libros y ropa empiezan a transformarse otra vez en consumos postergables en una ciudad donde cada vez más familias ajustan gastos hasta en los pequeños gustos cotidianos.