La Casa Vanzo es pura luz. Eso proyectó el arquitecto Ermete de Lorenzi en 1942 cuando le dio forma a la casa de Cochabamba 2010, un espacio que apenas se iluminaba con dos tubos fluorescentes. El lugar tiene un frente austero que deja ver una ventana rectangular y un portón de varias hojas que, una vez atravesado, abre el que fuera el estudio y el universo del artista plástico rosarino Julio Vanzo. Tras más de una década cerrado, La Capital lo recorrió ya puesto en valor.
Ese sitio fue el que Vanzo habitó durante los últimos años de su vida y que tras su muerte en 1984 y la de su sobrina fue objeto de una fuerte disputa judicial que recién llegó a manos del municipio en 2007. Si bien fue parte de varios proyectos de la agenda de Cultura de la ciudad, desde entonces permaneció cerrado.
Ahora, recuperado y hoy ya con la llave de la obra en mano, la Municipalidad encara la segunda etapa: instalar allí la Biblioteca y Centro de Documentación del Museo de Bellas Artes Juan B. Castagnino con la meta de que este mismo año ya esté funcionando.
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Revitalización
La última década, y algo más, el inmueble pasó la mayor parte del tiempo cerrado. Apenas funcionó como depósito de parte del mobiliario que quedaba del artista y de algunos objetos que estuvieron en la disputa y que ahora pertenecen al Museo Castagnino.
"Solo se habían hecho algunas reparaciones de cubiertas", explicó el director de Museos y Organismos de la Secretaría de Cultura, Sebastián Bosch.
Así fue que en noviembre pasado que se encararon las obras de revitalización del espacio, un trabajo que se puso en marcha a través de un convenio público privado que firmó el municipio con el Banco Coinag y Construcciones Fundar, que financiaron los trabajos de puesta en valor.
Aunque algunos espacios fueron refuncionalizados (lo que supo ser la cocina se convirtió en un baño accesible para discapacitados), el funcionario explicó que "la casa tiene un altísimo grado de protección patrimonial, lo que hace que sean pocas las modificaciones que se pueden realizar".
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Durante más de una década el espacio permaneció cerrado y se utilizó "de facto" como depósito del Museo Castagnino.
Sebastián Suárez Meccia
La casa taller está conformada principalmente por un espacio central, una escalera que lleva a un baño y a un entrepiso, que también permite el acceso a un balcón ubicado al frente del inmueble.
La biblioteca, el proyecto definitivo
Antes de delinear los proyectos posibles para el futuro de esa casa, hubo que superar el entuerto judicial que se inició con la muerte de María Antonia Manzanel, sobrina y heredera del artista.
El legado implicaba un "cargo", que obligaba al Estado local a montar en el lugar un centro cultural o una sala de exposiciones, pero sus otros herederos impulsaron la apertura de un juicio de sucesión que extendió los tiempos a la hora de determinar los destinos del legado del artista.
Mientras la Justicia ordenaba un relevamiento patrimonial, la Municipalidad instaló una custodia para resguardar el legado a la espera de una definición. Finalmente, la herencia se dividió y la ciudad recibió además de la casa casa, más de 200 obras entre las que se cuentan pinturas, dibujos e instrumentos musicales que al artista utilizaba como modelos.
Uno de los primeros proyectos había sido trasladar allí los más de 7.200 volúmenes de la Biblioteca del Museo Castagnino; sin embargo, luego se pensó en un centro cultural y en 2018 tuvo un destino que pareció definitivo: sede del Instituto de Investigación, Conservación y Restauración de Arte Moderno y Contemporáneo de la Municipalidad.
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El legado del artista y sus herederas debió resolverse en la Justicia, lo que llevó tiempo y deterioró el espacio.
Sebastián Suárez Meccia
Sin embargo, hubo otra vuelta y la nueva gestión municipal volvió al proyecto inicial de reconvertirlo en Biblioteca y Centro de Documentación del Museo, una iniciativa que impulsa el propio equipo de bibliotecarios, archivistas, investigadores y documentalistas del organismo.
Un espacio abierto
Mariel Heiz es museóloga y lleva más de 20 años como documentalista de la colección del museo. "Es un proyectazo", dijo sin esconder el entusiasmo en avanzar hacia la concreción de un centro de documentación del arte local, que tiene a su vez múltiples cruces con los escenarios artísticos nacional, latinoamericano e internacional.
"Poder trabajar en ese espacio nos da la posibilidad de hacer una tarea bien hecha, no tener que accionar con recursos mínimos y poder expandir además todo lo que tenemos aprendido, es un lugar ideal", explicó.
Es que en el edificio de Oroño y Pellegrini los más de cien años de archivo institucional del museo y la documentación museológica de cada una de las piezas que son parte de la colección están diseminados por diferentes partes del inmueble por falta de espacio.
"Esto nos da la chance de unificar todo el material en un solo espacio y poder comenzar un proceso de digitalización", contó Heiz. Si bien las dimensiones de la Casa Vanzo a primera vista podrían parecer escasas, puede hasta triplicar la superficie con la que cuentan actualmente estos documentos en el edificio central.
A esa posibilidad, se suma además la idea de convertir la casa en un espacio abierto a la comunidad y que, como señaló la especialista, "se retroalimente" de todo lo que allí sale y se va produciendo.
"La idea es que sea un espacio de conferencias, presentaciones de ensayos y cursos; es innumerable lo que puede surgir", concluyó.