La ciudad

Un nene recibió un tiro en la cabeza en un partido de fútbol infantil

Tiene ocho años y calentaba para entrar en la canchita de Garzón y Seguí cuando lo impactó una bala perdida. Está grave en el Vilela.

Domingo 18 de Agosto de 2019

Un chico de ocho años recibió ayer una bala perdida en la cabeza cuando estaba precalentando para entrar a jugar un partido de fútbol. Fue trasladado al Hospital de Niños Víctor J. Vilela, donde fue operado y quedó internado en grave estado en terapia intensiva. Los neurocirujanos no pudieron anoche extraerle el proyectil, por lo que se espera su evolución para analizar si se puede volver a intervenirlo.

   El violento episodio se desencadenó ayer a la tarde en la zona oeste. A las 15, en bulevar Seguí y Garzón, donde se encuentra la cancha del club Pablo VI, se estaba jugando uno de los partidos de la Liga Rosarina. Pablo VI se medía de local contra el club 7 de Septiembre.

   Cerca de las 16, un grupo de 10 chicos estaba precalentando para ingresar a la cancha. Entre ellos se encontraba Benjamín, un niño de 8 años que juega al fútbol desde muy pequeño en el club 7 de Septiembre, y que hacía los ejercicios precompetitivos.

   Si bien se escucharon tiros, nadie imaginó lo que pasaría instantes después. Mientras hacían los ejercicios, Benjamín se desplomó al piso y se golpeó la cabeza. Enseguida empezó a manar abundante sangre. Rápidamente se acercaron los entrenadores y los tíos que habían ido a ver el partido de Benjamín y de su primo, que también jugaba ese día.

   Todos pensaron que el chico se había cortado la cabeza con un vidrio al caer al piso, pero nadie imaginó que podría haberlo impactado una bala perdida.

   En medio del aturdimiento que generó la situación, las autoridades del club llamaron a una ambulancia, que nunca llegó.

El tío de Benjamín reaccionó con rapidez, cargó al chico y lo subió a su auto. A gran velocidad se dirigió al hospital Vilela acompañado por otra persona que llevó al chico en los brazos, intentando todo el tiempo que no se desvaneciera.

   Cuando llegaron a la guardia, rápidamente se le realizó una tomografía, donde se pudo ver que no se trataba de un vidrio, sino que la cabeza de Benjamín había sido blanco de una bala perdida. Los médicos ubicaron a un neurocirujano y cerca de las 19 el chico entró a cirugía.

Desolados

Afuera esperaban sus padres, que fueron rápidamente anoticiados, los tíos de Benjamín, las autoridades de los clubes 7 de Septiembre y Pablo VI, y el ex jugador Mauricio Sperduti, porque es amigo de la familia.

   “Estamos todos acá, esperando que salga de la cirugía, pero sabemos que va a tardar varias horas”, comentó el jugador, rodeado de los familiares que no podían creer lo que había ocurrido.

   “Fue terrible, porque el chico estaba haciendo una entrada en calor, había muchos pibes, era una actividad normal, un partido de fútbol entre clubes. Benjamín juega desde muy chico en el club 7 de Septiembre”, comentó Sperduti, quien ayer acompañaba a la familia en el Vilela. “Los padres están destruidos”, expresó.

Por su parte, la subdirectora del hospital de Niños, Carolina Binner, comentó a este diario que “el nene llegó consciente, con somnoliencia y no pudo relatar muy bien qué le había pasado. Como manaba sangre de la cabeza, se le practicó una tomografía donde se apreció que la herida había sido provocada por un proyectil”.

Un equipo de neurocirujanos lo operó anoche, pero según destacó la subdirectora del hospital, no se le pudo extraer el proyectil.

La profesional detalló que la bala “ingresó desde arriba hacia atrás”.

Minutos después de las 20 el niño salió del quirófano y fue derivado a la unidad de terapia intensiva, donde se irá monitoreando su estado de salud para evaluar si se puede volver a intervenirlo quirúrgicamente.

Tomó intervención en el caso la fiscal de Flagrancia, Verónica López, quien ordenó al gabinete criminalístico de la Policía de Investigaciones (PDI) el levantamiento de rastros, fotografías y toma de testimonios a testigos en el lugar.

Un trágico antecedente y prácticas suspendidas

El noviembre del año pasado, un nene de 14 años murió tras recibir un impacto de una bala perdida mientras miraba cómo jugaban un partido sus hermanos en una canchita de Garibaldi y Pueyrredón.

   Tuvo la desgracia de que muy cerca de donde miraba el partido, también lo hacían dos hermanos a quienes los vecinos del barrio señalaron por esos días como “soldaditos” que habían tenido algunos problemas en el barrio.

   Cerca de las 20.30 de ese fatídico día, hombre armados irrumpieron en escena y todo se desbandó. El adolescente salió corriendo por Pueyrredón al 4200 y recibió un balazo calibre 22 en la espalda. El proyectil le lesionó la aorta y se le incrustó en la columna. Lo llevaron al Hospital de Emergencias Clemente Alvarez (Heca), donde murió horas más tarde.

   Se llamaba Pablo Silva y concurría a la escuela de República Arabe Unida al 2200, a sólo cinco cuadras de donde fue mortalmente herido. El 5 de octubre había cumplido 14 años y tenía dos pasiones: Newell’s y Juan XXIII. Precisamente en este último club jugaba en la octava división.

   Dos meses antes, en la canchita del Club Deportivo Amistad, en barrio Las Flores, se suspendió la práctica repentinamente ya que a metros se desató un tiroteo entre bandas antagónicas. Por fortuna, no hubo heridos. En 2016, en el club Defensores de América, de Casiano Casas y Washington, pasó lo mismo. Para seguir practicando, se construyó un paredón alrededor de la cancha.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

LAS MAS LEÍDAS