Capítulo cuatro

La epidemia que no fue: crisis económica y alcance de la política sanitaria

La tragedia de la fiebre amarilla y su víctima preferida: el comercio. A favor y en contra de abrir el puerto. La Cuestión Capital, y van...

Jueves 08 de Julio de 2021

El Jefe Político se manifiesta el 28 de marzo de 1871 sobre el brote de la epidemia de fiebre amarilla en el pueblo del Pergamino. “Por tal motivo y sin proceder á averiguar detenidamente si sea ó no cierto”, ha decidido “doblar la vigilancia del Cordón Sanitario”. Se ha nombrado en comisión al Sr. Coronel D. Mariano Orzabal a la cabeza de 50 hombres para marchar hacia el Arroyo del Medio para que se “ejerza la más activa vigilancia impidiendo absolutamente el pasage de toda persona cualquiera sea su clase y condición, bajo la más seria responsabilidad”. Y le solicita al Presidente de la HCM que “la fuerza sea provista como corresponde”.

Las malas noticias sobre la fiebre amarilla, y el aislamiento fluvial y terrestre hace estragos no sólo en la valentía y la paciencia de los rosarinos, sino y sobre todo en el comercio. A fines de marzo, La Capital hace un resumen de los diarios porteños y relata: “Los diarios vienen llenos de medidas higiénicas y de noticias lúgubres. Nada de comercio. Nada de política. Todo es fiebre”. Para además indicar que en Buenos Aires “numerosas familias de la Boca han emigrado en dirección a la costa del río”, que “la gente pobre se queja de que no encuentra médico en horarios nocturnos” y que en “dos semanas ya no se podrán hacer exhumaciones en el Cementerio del Sud”.

Una pequeña descripción vale para darle verdadera dimensión al problema en el Rosario: la paralización de las actividades de la Aduana, donde “a escepcion de los empleados de la Contaduría y Secretaría, los demás estuvieron cruzados de brazos. En fin cuando se abra el puerto recuperarán con usura el tiempo perdido”.

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Vieja Aduana del Rosario y sus depósitos (izq.) sobre la Bajada Grande (hoy Sargento Cabral) / Colección Mikielievich.

Los primeros días de abril una publicación del periódico El Eco de Córdoba genera gran indignación entre las autoridades rosarinas al afirmar que en el Rosario se habrían registrado cinco casos de fiebre amarilla. La Capital no solamente desmiente “tales rumores (que) no tiene fundamento alguno hasta estos momentos y no hay que alarmarse por ello. En todo caso, nosotros no ocultaremos la verdad”. Y da cuenta de un brote de viruela en Achala, “á este lado de las sierras grandes” cordobesas.

La víctima preferida: el comercio

La emergencia sanitaria y económica no respeta hombre ni institución. Tras una reunión extraordinaria, la HCM informa el 5 de abril sobre el permiso otorgado por el Gobierno provincial a la Municipalidad para contraer un empréstito destinado “á cubrir los gastos hechos y los que hubiese necesidad de hacer con el mismo propósito, (...) la guarda de la salud pública amenazada por el destructor y temible flajelo de la fiebre amarilla”.

En honor a la verdad, la Corporación Municipal le había solicitado ayuda económica al “Exmo. Gobierno de la Provincia”, y éste respondió con dicha autorización. El préstamo deberá pagarse con “rentas municipales”.

No hay dudas. El aislamiento sanitario se ha ensañado con su víctima preferida: el comercio. La Capital describe: “El estado de nuestro comercio, sigue siendo cada día peor. Todo se halla sumamente paralizado, porque la mayoría de las casas carece de surtido general. Los artículos de lujo no se venden ni perdiendo el cincuenta por ciento. El numerario escasea que es un prodijio”. Y presagia: “Si esto dura un mes más, vamos á tener un cataclismo”.

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El 23 de marzo la Junta Electoral de la Provincia de Santa Fe, presidida por Mariano Puig, había nombrado al Dr. D. Simón de Iriondo como gobernador “por el término de tres años con arreglo al artículo 48 de la Constitución”, quien debía tomar posesión del cargo el 7 de abril. Pero “no pudiendo recibirse del mando el Electo; por no haberse reunido la H. Junta Electoral” y habiendo concluido el mandato del actual gobernador, queda en posesión del mando el Presidente de la Exma. Cámara de Justicia Dr. D. Aureliano Argento. El juramento se llevó a cabo finalmente el 8 de abril y quedó al “mando gubernativo de la Provincia, el Gobernador Propietario electo ciudadano Dr. D. Simón de Iriondo”.

El 11 de abril el Gobierno nacional decreta la suspensión del “despacho de las oficinas” bajo su jurisdicción hasta el último día del mes de abril, a excepción de la Capitanía del Puerto, la Oficina de Resguardo, la Administración de Correos y la de Telégrafos que atenderán como en las “fiestas ordinarias”. Claro, las medidas “nacionales” son para Buenos Aires.

Pese a la crisis, el comercio de Buenos Aires le pide al Gobierno nacional que decrete 15 días feriados por los efectos de la epidemia que “sufre actualmente esta población”. En la ciudad de la fiebre amarilla hay desabastecimiento y abusos comerciales, entre ellos, vale 20 pesos un limón y 20 pesos un purgante.

Por su parte, la Bolsa de Buenos Aires señala que “no ha habido transacción comercial alguna y no la habrá hasta fin de mes por los feriados declarados por los gobiernos nacional y bonaerense”. Se ha observado también en estos días a “muchísimas personas” en la puerta del Banco de la Provincia esperando la apertura de “la Oficina de Depósitos para retirar los que allí tienen, y marcharse al campo”.

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Los filmes "En el viejo Buenos Aires" (1942), "Fiebre amarilla" (1982) y "Resurrección" (2016, foto) están ambientadas en 1871 / Archivo Diario La Capital.

Las tristezas en la familia Lagos parecen no tener fin. En un telegrama de las 08:50 a.m. del 14 de abril se le informa a Ovidio Lagos que su hermana Emilia está “muy enferma” y en otro de las 06:00 p.m. que ha fallecido. “Tened resignación. Todos pasamos por el mismo trance”, le pide Fernández.

Un meeting a favor y otro en contra

El infortunio económico por el cierre del puerto genera reacción en algunos sectores de la ciudad que llaman a un meeting para pedirle a la Municipalidad que lo abra. La Capital opina que si bien la solicitud es atendible, debe obrarse con “inteligencia” y prudencia: “Si es malo que el puerto permanezca cerrado, peor sería abrirlo sin fijar una observación de veinte días por lo menos”.

En otra editorial, dice creer que no ha guiado a los Municipales “un torpe egoísmo (...) al dictar la completa interdicción con Buenos Aires”, aunque afirma que “la hora de estudiar lo que más conviene ha sonado”.

Para ello La Capital le pone antecedentes temporales al debate: “Estamos a principios del invierno, después de dos meses que la epidemia hace estragos en Buenos Aires, sin que los efectos del flajelo hayan penetrado en pueblo alguno de campaña”. Y ejemplifica: “San Nicolás, San Pedro, el Baradero se hallan á un paso de Buenos Aires, de cuyo centro salen numerosas familias á habitar estos pueblos, y tampoco se han producido esos casos de fiebre”. Por eso “no hay razón para suponer que la peste pueda sernos importada” observando una “cuarentena prudencial”.

Para “reconsiderar” las “medidas adoptamos muy prudentes al principio”, La Capital propone un meeting en el teatro Litoral con “todos los médicos (…), todos los hombres capaces de opinar con acierto sobre medidas cuarentenarias”.

Las posiciones se polarizan y mientras el Dr. Hertz pide a través del diario Opinión Nacional “la supresión del Cordón Sanitario y la abertura del Puerto”, por ser la fiebre amarilla infecciosa y no contagiosa, ejemplificando con las familias que huyen a la campaña y no desarrollan allí la enfermedad; el señor J. B. Arengo contesta en La Capital: “No tenemos embarazo (...) en manifestar nuestra disidencia y considerar muy arriesgado su pensamiento” sobre un problema que “no han podido aún dilucidar los más eminentes médicos”.

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La Capital informa de los meeting a favor y contra de la apertura del puerto / Archivo Histórico Diario La Capital.

Así las cosas, el domingo 16 se realizaron en el Rosario dos meetings, uno a favor de abrir el puerto y otro en contra. “Unos y otros mantuvieron su puesto con dignidad, sin que ningún disturbio alterara el órden. Esto hace honor al pueblo del Rosario”.

Los primeros abogan por una apertura con cuarentena y los segundos apoyan las medidas de la Corporación Municipal: puerto cerrado y cordón sanitario. El diario comenta que estos últimos “estaban en mayoría (...) y en los pueblos democráticos, ellas son las soberanas, y debemos respetarlas”.

Quienes concordaban en abrir el puerto con un aislamiento de entre 5, 10 y 15 días, y argumentaban también “por humanidad” proteger “á los que huyen de la epidemia”, formaron una comisión para la redacción de la petición. Integraban parte de ella “los Sres. Hertz, Degron, Lamas, Dr. D. Eugenio Perez, Dr. D. Juan F. Monguillot, el jóven Muñoz y el Redactor de este diario (Ovidio Lagos)”. Los interesados en adherirse a la solicitud “pueden pasar por esta imprenta á suscribirla”. El miércoles 19 de abril La Capital publica una inmensa lista de nombres que han rubricado la solicitud de reapertura del puerto.

La Corporación Municipal responde a la solicitud de apertura del puerto con una carta abierta al pueblo del Rosario y es tajante: “Se hace un deber poner en conocimiento de los habitantes todos del municipio, que sostendrá con la energía que las circunstancias requieran, las medidas hijiénicas adoptadas hasta el presente”. Tras afirmar que “la salud del pueblo está más arriba de toda otra razón de conveniencia”, destaca un párrafo por su trágica carga: “Por cuanto si, abierto nuestro puerto se desarrollara en este pueblo, como es más que probable, el terrible flajelo, Montevideo, Córdoba y todo el Interior de la República al cortarnos, como es evidente que lo harían, la comunicación con ellos, condenarían á los habitantes del Rosario á perecer, revolcándose impotentes entre su propia miseria, y sin tener más punto de reflujo y de salida que la desgraciada Buenos Aires”.

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Carta abierta de la Corporación Municipal a los pedidos de apertura del puerto / Archivo Histórico Diario La Capital.

La respuesta de la HCM a la petición de abrir el puerto ha ofendido a los firmantes cuando, según ellos, se los califica de “especuladores con la salud de la población”. Y se defiende: “Es una atroz injusticia condenar á todos los peticionantes, por que se suponga en algunos la mezquina y ruin idea de la esplotación mercantil, con el sacrificio de la salud pública. Fuimos los primeros en pedir la completa interdicción y también los primeros en pedir la reconsideración de la medida (...) Podemos estar errados, pero esto no autoriza a nadie para que nos confunda con los que especulan con la humanidad”.

“El devastador flajelo amengua considerablemente en Buenos Aires”, dice La Capital refiriendo a la prensa porteña en pro de relajar las limitaciones para, luego de una larga argumentación, asegurar: “Es tiempo de pensar con calma y acabar con los estremos que nos han colocado en interdicción completa y absoluta con nuestra hermana (Buenos Aires)”.

La cuestión Capital, y van...

En su carta al Rosario, la HCM sólo ha dejado una puerta abierta para realizar “aquellas modificaciones que fueran necesarias y no comprometiesen la salud pública, en caso que el Exmo. Gobierno de la Nación tratara de establecer en esta ciudad la residencia provisoria de las autoridades Nacionales”.

Bajo el título “Situación de Buenos Aires”, La Capital el sábado 22 de abril describe “el estado de la orgullosa y engreída emperatriz” del Plata y vuelve a cargar contra los que, opina, son los responsables de las calamidades de la República. Y apunta directo: “Sobrecogidos de espanto (...) tenemos que lamentar no los horrores de la muerte, sino la criminal desidia del gobernante, que abandona su puesto sin dictar una sola medida contra ese azote, sin disponer nada que pueda calmar la saña de ese monstruo. El pueblo está abandonado a la caridad pública y la misericordia de Dios. (...) Cuadro de horror y de vergüenza”. El correo que viene de Buenos Aires afirma que en esa ciudad “los robos están a la orden del día” y describe tres modalidades: los delincuentes entran a los negocios cerrados o abandonados, a las casas particulares donde sus dueños han muerto y de quienes han huido al campo.

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Dos ediciones de la revista satírica El Mosquito de marzo de 1871 que aluden a la fiebre amarilla / siulnas-historiador.blogspot.com.

El calamitoso estado de la Metropoli reverdece las esperanzas de sediar a los poderes de la Nación. Aunque para 1871 el Rosario ya estaba curado de espanto. En 1868 y 1869 se habían debatido, votado y aprobado en el Congreso Nacional proyectos tendientes a dotar a la República de una capital que no fuese Buenos Aires, y en las dos ocasiones los presidentes unitarios Mitre y Sarmiento vetaron la ley de traslado de la capital al Rosario. Éste último volvería a hacerlo en 1873.

El tema no es una novedad ya que el martes 4 de abril La Capital había comenzado a poner el foco en las tareas del Congreso Nacional, suspendidas por la epidemia de fiebre amarilla en Buenos Aires, “capital de facto de la República”. A 26 días de “la reunión constitucional ordinaria de las Cámaras Nacionales (...) claro está que los Senadores y Diputados de las otras trece Provincias no han de ir allí, por más que sea su patriotismo, ni aunque tuvieran la abnegación de Quinto Curcio”. Se refiere en realidad al relato mitológico de M. Curcio.

Las aristas políticas de la fiebre amarilla se hacen notar en la tercera semana de abril cuando el periódico El Progreso retoma la necesidad de sacar al Congreso Nacional de Buenos Aires. “No es posible que Buenos Aires se encuentre en condiciones sanitarias que hagan fácil y sin peligro la reunión del Congreso en esa Capital para el primero de Mayo entrante”, dice el periódico y solicita que sean el Presidente de la República y los diputados y senadores quienes decidan “donde el Congreso debe reunirse con menos inconvenientes para los miembros de él y gastos para la Nación”.

“No es justo llamar al sacrificio á todo un cuerpo deliberante que tiene en sus manos el destino de la Nación”, dice La Capital el jueves 20 de abril en relación a la todavía inexistente sede en la que deliberará el Congreso Nacional, cuando por “un incidente providencial no ha ocasionado la muerte de algunos miembros del gabinete, no se ha de exijir a los representantes de la Nación, ni de la Corte Suprema, que lamenta ya la pérdida de uno de su miembros”. Y reivindica para los legisladores la prerrogativa de elegir el local temporal de “los tres poderes nacionales (...) Es a ellos que les toca hacer conocer al PE (Poder Ejecutivo) esa necesidad que representa la vida y los intereses de las 13 provincias”. A los diputados y senadores les toca levantar la voz ya que “el Gobierno General se propone á toda costa arrastrarlos á la muerte”, ya que “está resuelto á no salir de Buenos Aires” y “teme más a dejar su hospedaje en Buenos Aires que la fiebre”.

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Morguera que trasladaba los muertos por las pestes en Buenos Aires / Archivo General de la Nación.

El debate por el lugar de sesiones del Congreso Nacional se eriza cuando Córdoba se alinea con Buenos Aires y propone la ciudad homónima como sede. Con los ideales de un federalismo sin paternalismos y mucho menos porteño, Ovidio Lagos enciende su verba en el texto “Añeja cuestión Capital” del viernes 21 de abril para pintar un cuadro de la situación política argentina desde el Rosario. Luego de renegar de los poderes de los que se hizo Buenos Aires, “la Guardia Nacional, que fue conducida al Paraguay” y “la renta” centralizada “no para engrandecer el país, sino para hacer la guerra y coronarse de gloria á costa de la sangre de los pueblos”, el diario juega a la historia contrafáctica: “Con los cien millones gastados en la guerra del Paraguay, y con los diez mil Argentinos que murieron desde Corrientes y Curupaity hasta las Lomas Valentinas, había para fundar una ciudad en cualquier punto de la ancha planicie que se extiende desde los Andes hasta el Paraná sin tener que entrar en celos por tal ó cual ciudad”.

Y no ahorra argumentos para denostar al presidente, “por haber salido de Buenos Aires á Mercedes" el 19 de marzo "ha sido Sarmiento tachado de cobarde” por la prensa porteña, y trazar además el porvenir del Congreso reunido en Buenos Aires: “Se hará una apoteosis con el cadáver de cada Congresal que caiga herido por la fiebre”. Para finalmente descartar cualquier traslado ya que de no poder hacerlo en Buenos Aires, “el Congreso se reunirá en Luján ó en Flores”.

La Capital no tiene pelos en la lengua y el domingo 30 de abril acomete: “Los pueblos tienen los gobiernos que se merecen suelen repetir los filósofos de la ciencia política. (...) La peste es el gobierno que se merece la República Argentina (...). El Presidente de la República, prófugo y errante como Ulises no acierta á cumplir el mandato de los Dioses (...) Los Diputados y Senadores dispersados como las hormigas por el azufre o el petróleo (...). Una calamidad sanitaria ha venido á parar en un instante la máquina de una Nación entera”. La sesión se concretó el 1º de julio en la sede por ley.

La serie completa

Capítulo 1: Cómo zafó el Rosario de la fiebre amarilla en 1871

Capítulo 2: Noticias contradictorias crean un clima angustiante

Capítulo 3: Restricciones y efectos de la peste en el Rosario

Capítulo 4: Crisis económica y alcance de la política sanitaria

Capítulo 5: Quién era el Dr. Francisco Riva, un héroe local

Capítulo 6: Una ciudad solidaria con Corrientes y Buenos Aires

Capítulo 7: Una hazaña rosarina que se destacó cuando vino lo peor

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