Francisco José Riva nació el 19 de agosto de 1826 en la localidad de Lugano, en el cantón italoparlante del Ticino (hoy Suiza), había cursado sus estudios de medicina en Pisa, Italia, y se había establecido en el Rosario en 1853.

Por Orlando Verna
Francisco José Riva nació el 19 de agosto de 1826 en la localidad de Lugano, en el cantón italoparlante del Ticino (hoy Suiza), había cursado sus estudios de medicina en Pisa, Italia, y se había establecido en el Rosario en 1853.
Fue médico de reconocidas instituciones locales desde su propia fundación: del Hospital de Caridad en julio de 1857 y de la Sociedad Española de Socorros Mutuos en abril de 1861. También fue desde septiembre de ese año socio y el primer y único médico por años de la Società Italiana di Mutuo Soccorso Unione e Benevolenza de Rosario.
Formó parte de la Sociedad Filantrópica encargada de atender a los heridos, más de 300, de la Batalla de Pavón en septiembre de 1861 junto a colegas como los doctores Olguín, Fernández, García y Donado.
En 1867 fue de consulta obligada para las autoridades locales cuando un brote de cólera se adueñó del Rosario. Fue autor de distintas iniciativas para detener una forma de contagio que aún se desconocía, y fue descubierta recién en 1883, y paliar sus efectos. Su prestigio y dedicación fue premiada con un asiento en el Tribunal de Medicina.
En 1869 fue invitado a ocupar el cargo de Municipal (actual concejalía) y ese mismo año en septiembre el presidente de la Nación, Domingo F. Sarmiento, lo nombró miembro de la Comisión Promotora de la Inmigración en Rosario. También fue vicepresidente de la Sociedad Amigos del País, creada ese mismo año.
En 1870, el Dr. Riva anunció que la Farmacia del Mercado quedaba a las órdenes de su hermano, que cerraba su consultorio y que se mudaba con su familia a Buenos Aires, donde aprobó con creces la reválida de su título en la Facultad de Medicina. Antes de su partida, la Corporación Municipal le entregó una medalla al mérito y cuentan las crónicas que al terminar el acto del 14 de enero fue acompañado por una comitiva oficial y parte del pueblo del Rosario hasta su domicilio.
Para 1871, Riva ya estaba instalado en Buenos Aires y su altruismo lo obligó a formar parte de los grupos de auxilio a los enfermos de fiebre amarilla, cuando esa epidemia mató, según cifras oficiales, a 14 mil personas.
El 16 de febrero de 1871 La Capital telegrafía al Dr. Riva para preguntarle sobre el estado sanitario de Buenos Aires, y desde allí se mantendrá una constante correspondencia entre el médico y el diario que irá hasta pocos días antes de la muerte de Riva.
Desde febrero y hasta su muerte, el Dr. Riva mantuvo correspondencia con Ovidio Lagos / / Archivo Histórico Diario La Capital.
Es importante remarcar la calidad de la fuente de información del diario, asentada claro está en el prestigio del Dr. Riva. Su relato va construyendo los acontecimientos en Buenos Aires y la percepción, seguramente poblada de angustias y muertes, que los rosarinos tienen de la peste. Debe aclararse además que en todos los textos fue corregido el apellido Riva, que a veces lleva una s final.
El 2 de marzo Riva cuenta que ha sido nombrado médico de la parroquia de Catedral al Sud. La alegría sería inmensa si no fuera porque se trata de la zona más afectada de la ciudad de Buenos Aires por la fiebre amarilla.
Para el 14 de marzo los doctores Riva y el también italiano Carlos Gallarini informan que “la fiebre amarilla domina toda la ciudad y los muertos son muchos, sigan vds. observando el más escrupuloso aislamiento si quieren salvarse de este flagelo”. Lamentan además que “han muerto el boticario Pena y el Dr. French”.
Una semana después la epidemia ha complicado gravemente a los equipos médicos, de enfermería y farmacéuticos de salvataje. El lunes 20 Riva avisa que su mujer está “mejorada de la fiebre”, que “Gallatani (está en cama) desde hace dos días”. Su desesperación es explícita: “Yo cansado del mucho trabajo. Dios quiera que concluya pronto. Esta ciudad es un cementerio. La fiebre sigue con fuerza”.
Aquí debe hacerse una salvedad. El martes 11 de abril La Capital hace un racconto de la correspondencia recibida y sin querer brinda un relato acelerado de los hechos que los tornan aún más trágicos.
Para el jueves 6 de abril ya no es Riva quien mantiene la correspondencia con La Capital. Gallarini toma la posta y comunica que Riva “hallase algo grave” y que sus “médicos curantes” son “Rawson, Barola, Irgerio Draoz”. Para el viernes Riva “ha mejorado” pero para el sábado 8 la situación es “mucho peor”. Gallarini es contundente: “Tiemblo escribiéndole”. El 9 el mismo médico dice: “Espero haber salvado á Riva, declarado perdido por los médicos de cabezera. Desesperado y solo pensé aplicarle el tratamiento eléctrico. A media noche he obtenido un buen resultado, tengo confianza”.
El Dr. Carlos Gallarini y el administrativo municipal Víctor Fernández informan a La Capital / Archivo Histórico Diario La Capital
El 10 de abril Gallarini escribe un telegrama matutino diciendo que “la vida del Dr. Riva está apagándose, terrible hecho que aturde mi razón al comunicarlo”. Con el correr de las horas Riva falleció. La noticia causó gran estupor en el Rosario.
El 13 de abril y con el nombre “Una tumba querida”, una semblanza ilustrada con un jarrón del que cuelga un crespón negro despliega las bondades y méritos del Dr. Riva: “Un héroe ha caído en la arena santa de la Caridad empapada por el sudor de la virtud y del génio. Riva ha muerto...!!! El Circo de la sabiduría se ha estremecido. El árbol de la ciencia vé caer una sus ramas más verdes y más lozanas”. Firmado por Federico de la Barra, el texto concluye: “El Rosario, grato testigo de sus hazañas; el Rosario que colgó sobre su pecho un signo de justicia; el Rosario que le debió tanto; se inclina ante el Dios de las alturas, pidiendo paz á esa tumba, y la justicia de los cielos para los justos en la tierra”.
Aviso fúnebre destacado del Dr. Riva del 13 de abril en el diario La Capital / Archivo Histórico Diario La Capital.
El funeral de Riva debía realizarse en el Rosario el lunes 17 a las 09:30 en la Iglesia Parroquial, pero diferentes inconvenientes fueron postergándolo.
El 14 de abril se notifica que los amigos del doctor Riva han iniciado una suscripción para erigir “un monumento que eternice su memoria”. El diario aplaude la idea “porque ella importa el pago de la deuda sagrada que tenemos para el que siendo todo caridad y abnegación, hizo tantos bienes á los habitantes del Rosario”.
Mientras responde a una carta de personalidades de la ciudad que solicitan participar de las exequias del Dr. Riva, entre ellos José de Caminos, Gaspar Rezia, Domingo Costa, G. del Mármol, José A. Gutierrez, José Matías Gutierrez y Vegesi, Federico de la Barra admite el 15 de abril que el funeral será aplazado “para admitir también la cooperación de otros señores que nos insinúan el deseo de asociarnos”.
El funeral de Riva también ofrece una arista propia del sitio comercial al que está sometido el Rosario. El aplazamiento de las exequias se debe a que la iglesia se ha quedado sin velas ni espelma (cera derretida reutilizada) y, encargadas en Montevideo, la espera durará lo que el vapor tarde en regresar al Rosario.
Una reunión en el Café de Peyrano ha decidido erigir un monumento al “infatigable obrero de la caridad”, Dr. Francisco Riva. Así lo cuenta el periódico La Época al cual remite La Capital. Pero va más allá. La idea no es sólo instalar la escultura en “la plazoleta del Mercado” sino, en consonancia con la intención de la Municipalidad de nomenclar a alguna calle con su nombre, que la propia calle San Luis pase a denominarse Riva. Y si bien arenga a trabajar, formar comisiones y recoger óbolos con esos propósitos también el diario cree el 19 de abril que “demasiadas contribuciones pesan sobre nosotros. Pensemos primero en calmar los sufrimientos de los que padecen. No pensemos ahora en la gloria humana”. Manuel Peyrano será el encargado de gestionar la suscripción.
Se anuncia el 27 de abril que la Municipalidad en una sesión extraordinaria ha designado con el nombre de Dr. Riva a la plazoleta ubicada en el sector norte del Mercado.
Plazoleta y cortada (hoy Barón de Mauá) del Mercado que se llamó Francisco Riva / Facebook.com.
Fueron solamente 17 años los que Riva vivió entre los rosarinos, sobrados para imponer respeto y un imborrable recuerdo que se evidenció en sus exequias, realizadas el 5 de mayo en la Iglesia parroquial.
El martes 2 de mayo con el formato de un aviso destacado, se anuncia el “funeral al Doctor Riva”. Reza el texto: “Los que suscriben invitan a un servicio religioso que tendrá lugar el Viernes 5 del corriente en la Iglesia parroquial, por el alma del inovidable Dr. D. Francisco Riva, y esperan que las familias del Rosario y sus numerosos amigos se sirvan concurrir á esta ofrenda hecha á su descanso, previniéndose que esta será la única invitación” . Y firman el convite “Federico de la Barra, Ovidio Lagos, Gaspar Rezzia, José de Caminos, Canónigo Martín Piñero, Gervacio del Mármol, José A. Gutiérrez, José M. Gutierrez, Domingo Costa, Angel Mussio, J. Bellesi, Lisandro Paganini, Luis M. Arzac, Lisandro Latorre, Guillermo Rodríguez, Nicolás Soto Mayor y Joaquín Fillol”. El acto será a las 10:30.
Una pieza litográfica anuncia el 5 de mayo las exequias del Dr. Riva / Archivo Histórico Diario La Capital.
El funeral del Dr. Riva fue un acontecimiento social. Al otro día, 6 de mayo, La Capital escribe: “Ayer tuvieron lugar las exequias fúnebres del inolvidable filántropo Doctor Riva. Las familias más notables del Rosario habían concurrido á este acto, á tributar á la memoria del mártir de la caridad el homenage que sus virtudes merecen. La concurrencia era numerosa. Allí se hallaban sus viejos y nobles amigos de corazón, si; de corazón, los que saben dar pruebas en la vida y en la muerte. Los que amaban de veras al ilustre finado”.
Continúa: “Terminadas las exequias en medio de una magnificencia digna de la memoria del amigo del pueblo, del hermano de la humanidad, el ilustrado canónigo Don Martín Piñero, para dar mayor solemnidad al acto, pronunció un elocuente discurso fúnebre sobre los hechos brillantes de la vida del hombre cuya memoria daba lugar á aquella ceremonia".
Comparó sus méritos con los de los más grandes hombres de la ciencia, haciendo una preciosa figura retórica con los beneficios que la humanidad había recojido del Dr. Riva, y los amargos frutos cosechados en los campos de batalla. Los dos temas de esta oración fúnebre versaran sobre el siguiente testo: Majorem hac dilectionem nemo habet animam suam ponat quis pro amicis sus (No hay mayor prueba de amor para con los amigos que dar la propia vida por ellos)”.
El domingo la familia de Riva agradece al pueblo del Rosario su participación en el funeral y vuelve a surgir la idea de la estatua conmemorativa. La HCM es más expeditiva y el sábado 20 de mayo coloca en el vestíbulo del arco principal del Mercado una piedra con letras en relieve que dice “Plaza Doctor Riva”. Y el diario avala: “La Municipalidad ha cumplido con un deber sagrado tributando a la memoria de aquel sacerdote de la Caridad, el eterno recuerdo que ella se merece”.
Al parecer los funerales del Dr. Francisco Riva han inspirado la necesidad de un retrato que se le ha encargado al “jóven D. Manuel Frías, autor de las espirituales caricaturas del diarito humorista ‘La Cabrionera’”, quien ha ejecutado el trabajo “al lápiz”. La Capital se declara incompetente para juzgar su arte, “pero si nos consta la rapidez con que se han ejecutado. Este jóven tiene una facilidad para el dibujo igual á su talento”. El periódico satírico y de opinión La Cabrionera había salido a la calle el viernes 21 de abril.
Un par de días después y vista la circulación por el Rosario de la caricatura de Frías, el diario agrega: “El que quiera ver ó comprar este retrato, diríjase á cualquiera de las librerías que existen en esta población”.
Dibujo del Dr. Francisco Riva en el periódico satírico La Cabrionera del domingo 14 de mayo de 1871 / Cehipe - Municipalidad de Rosario.
Asimismo algunos pintores de la ciudad han sentido la necesidad de retratar al mártir de la salud pública. Se encuentra en exposición en la tienda Villa de Lyon, de calle del Puerto, un retrato del doctor Riva. Se aclara que la obra “se vende á la persona que se interese en tener un bello recuerdo de aquel gran hombre”. Según le han comentado al diario, es “un lindo trabajo y de un parecido notable”. También el distinguido artista francés H. Vignes pintó un retrato de “nuestro amado finado Doctor Riva” y lo ha expuesto en la calle 25 de diciembre nº 58.
Según el diario del 27 de junio, se establece en el Rosario “un hábil escultor” venido de Italia, Sr. D. José Pierotti y La Capital se ilusiona con que el premiado artista “pueda lucir su distro cincel esculpiendo en mármol un busto de nuestro amigo el Dr. (Francisco) Riva”. Para "poder regalar ese busto al Hospital donde podrá conservarse eternamente á la admiración de las futuras generaciones”.
La Sra. D. Manuela M. de Riva escribe una misiva a La Capital donde el domingo 30 de abril expresa: “En medio de mi amargo dolor, ha venido á consolar un poco mi alma entristecida por tan dolorosa pérdida el haber visto con sumo placer que la ciudad del Rosario no ha olvidado los servicios que le prestó en épocas calamitosas mi infortunado esposo”. Agradece los servicios fúnebres organizados y cierra: “Si de una parte tengo el desconsuelo de haber perdido al compañero de mi existencia, al menos me queda la satisfacción de ver que la amistades que mi malogrado esposa había sabido conquistar durante la vida, le han acompañado más allá de su tumba”.
Los honores y agradecimientos no terminaron allí. El 27 de julio, como homenaje, la Asociación Médica Bonaerense manda a hacer los retratos de todos los médicos muertos durante la epidemia. Con fecha 16 de septiembre, la Legislatura bonaerense le otorgó a “las viudas e hijos menores solteros” de “los profesores en Medicina (...) muertos durante la epidemia en el cumplimiento de su deber” una pensión graciable de 5.000 pesos mensuales. Se incluye en esa lista a la esposa de Riva. La ley fue ratificada el día 18 con la firma del gobernador Emilio Castro.
Detalle del Monumento a los caídos de la fiebre amarilla en el parque Ameghino de Buenos Aires / legadolarevista.
La Municipalidad de Buenos Aires decidió en 1872 erigir un monumento en homenaje a los caídos en la epidemia ha instalarse en el Cementerio del Sud (hoy parque Ameghino en el barrio porteño de Parque de los Patricios). Se inauguró en 1873 pero fue reemplazado por otro “comisionado al escultor uruguayo Juan Ferrari en 1889”. El conjunto escultórico tiene en cuatro lados y en el del frente se inscriben los nombres de la Comisión Popular de auxilio y de personal médico muerto de fiebre amarilla. Entre ellos, figura el Dr. Francisco Riva.
En el Rosario, desde 1905 hasta 1942 la cortada de San Luis a San Juan al 1000 (entre San Martín y Sarmiento) llevó el nombre de Francisco Riva, pero otra ordenanza reemplazó la nomenclatura por la de Barón de Mauá, en referencia a quien creara el primer banco de la ciudad. En 1948, tras advertir que el apellido de Riva es sin s, se instituye definitivamente su nombre a una calle que surca la ciudad de este a oeste, a la altura del 3900.
La serie completa
Capítulo 1: Cómo zafó el Rosario de la fiebre amarilla en 1871
Capítulo 2: Noticias contradictorias crean un clima angustiante
Capítulo 3: Restricciones y efectos de la peste en el Rosario
Capítulo 4: Crisis económica y alcance de la política sanitaria
Capítulo 5: Quién era el Dr. Francisco Riva, un héroe local
Capítulo 6: Una ciudad solidaria con Corrientes y Buenos Aires
Capítulo 7: Una hazaña rosarina que se destacó cuando vino lo peor

