La ciudad

El gesto solidario que mitigó unas vacaciones tremendas

Dos rosarinas sufrieron un violento asalto en un hotel de Brasil, pero fueron resarcidas.

Domingo 09 de Septiembre de 2018

Dos rosarinas sufrieron un robo comando en la habitación de un hotel de Brasil, que se desentendió de la situación. Abatidas, en el regreso conocieron a Damián Maskin, un coterráneo radicado en Santa Catarina que además de contención las contactó con un abogado brasileño amigo. Ganaron la demanda porque el lugar no cumplió con la guarda de persona. Para las víctimas, además de jurisprudencia, el hecho resalta en solidaridad. Esta semana, Maskin viajó para traerles el resarcimiento por lo sufrido.

Dos años después, Silvia Marín y Silvia Mallozzi, abogada y empresaria respectivamente, volvieron a encontrarse con Maskin. De la reunión y por videollamado participó el abogado brasileño Théo F. von Atzingen Sasse. Hubo aplausos y saludos desde Rosario hacia Brasil y la convicción de que las buenas acciones mueven montañas, como la fe. La mamá y la abuela de Maskin, Zulma Sukasky y Adela Krichak, pusieron la emoción y el orgullo familiar.

De sonrisa franca y trato cálido, el letrado saludó, pidió disculpas por su español y ratificó su compromiso por la ayuda que brindó a las rosarinas. Todos desconocidos entre sí al momento de aquel encuentro circunstancial en la combi, cuando la tristeza de las mujeres llamó la atención de Maskin.

"Quería decirles que fue un gran placer conocerlas, Damián es una persona especial, muy querido, un hermano, fue por él que retomé el español", dijo Théo. Y contó que años atrás estuvo en la Patagonia, quedó prendado y comenzó a estudiar español porque "quería hablar con mis hermanos latinos de muchos países".

"Estoy muy contento porque las cosas salieron bien, cuando Damián me dijo que había dos señoras que habían sufrido aquí en Brasil, quedé muy tocado por esa imagen mala, la mayoría aquí es gente buena", explicó Théo. Además, dijo que pensó llegar a un acuerdo con el hotel, pero "hicieron conmigo lo mismo que con Mallozzi y Marín, sin ningún respeto y mintiendo, eso fue lo que motivó el juicio".

"Quedé muy contento cuando el juez decidió la indemnización", afirmó el letrado. Y anunció que quiere viajar a Rosario para hablar sobre "las cosas que acontecen, como la magia de la vida y lo bueno que es encontrar personas que ayuden, como hizo Damián". Después envió "gran abrazo para todos" y escuchó los aplausos.

Thriller en vivo

En la Semana Santa de 2016, Mallozzi y Marín, amigas de toda la vida, volvieron satisfechas al hotel del penúltimo día playa en Cachoeira. La primera se durmió mientras Marín daba un vistazo a su computadora. Era medianoche y le llamó la atención un ruido sordo en la puerta. La duda duró un segundo. Cinco encapuchados de traje y armas largas la estaban apuntando.

El delito incluyó manoseo, limpieza de la caja de seguridad y robo de celulares y relojes. Además del brusco despertar de Mallozzi y el encierro de ambas en el baño. Todo había sucedido en silencio y así siguió, mientras Marín, a punto de desvanecer y tendida en el suelo, aspiraba el poco oxígeno que entraba por debajo de la puerta.

   La escena había cambiado la noche con la velocidad de un mal rayo. Después de dos horas de encierro, se atrevieron a dar señales cuando oyeron los gritos y murmullos. Los delincuentes, una decena en total, habían peinado sugestivamente unas seis habitaciones del tercer piso con una violencia que incluyó arrastrar de los pelos a una joven turista uruguaya por las escaleras.

   En el lobby habían golpeado y encerrado a los recepcionistas de turno, después de franquear los ingresos donde no había vigilancia ni cámaras de seguridad. Con la madrugada avanzada, las víctimas se organizaron para denunciar en la comisaría de Canasvieras, donde nadie atendió. Al día siguiente y a 30 kilómetros, en Praia Dos Ingleses, hicieron el trámite, atendieron a Mallozzi descompensada y emprendieron el regreso a Rosario con una moneda de un peso por todo efectivo.

   De haberla arrojado al aire les hubiera anunciado que la suerte las sorprendería con un desconocido. En la combi que las trajo de regreso a Rosario también viajaba Maskin, que les preguntó por la angustia que traían como un sello en la frente. El joven, especialista en sistemas, trabaja en una empresa internacional y está radicado hace nueve años en Jaraguá do Sul, con su esposa y su pequeño hijo Ian, y viene con regularidad para ver a su familia.

   Mientras las escuchaba, no dudó, Théo daría una mano. De su misma madera noble, el letrado tomó el caso a la distancia y litigó durante dos años. Intercambiando constantes mails con las víctimas, que lo consideraron como "una grandeza impagable". La omisión de la guarda de persona fue la figura dominante en la queja judicial, que incluyó daño material y moral. "Perdimos lo que teníamos en ese momento, pero sobre todo la falta de contemplación del hotel hacia nosotras, hasta casi un maltrato diría", explicaron las mujeres.

   Y así, de la desgracia a la mano tendida en el momento menos pensado a un final feliz, las rosarinas pudieron ganar la demanda al hotel y dejar sentado que siempre hay alguien solidario esperando para dar una mano.

"Sólo hice lo que aprendí de mi abuelo en Ceres"
"Yo quería que la gente supiera que en un caso de un momento feo como el que pasó, pueden tener ayuda", dijo Damián Maskin para explicar su acción. Su familia, radicada en Rosario, viene de Ceres, donde él pasaba las vacaciones en el campo de su abuelo José Sukasky, de quien aprendió los andariveles para el buen ir por la vida.
   "Hice lo que siempre hago y es lo que aprendí con mi maestro, que fue mi abuelo; él siempre daba una mano. Cuando alguien se quedaba en el camino, traía el tractor, aunque tenía que buscarlo lejos y ayudaba, era de hacer gauchadas, y eso me quedó, se está para eso", enfatizó.
   El recuerdo de aquel hombre y hasta de la leve crispación del aire de las mañanas, en el campo que amó, le llenan los ojos de lágrimas.
   "Cuando veo algo injusto me olvido de todo y voy detrás de eso para hacer justicia, hay varios niveles de ayuda, me involucro siempre, soy de acción, si hay algo que puedo hacer; voy y lo hago", explicó. Y naturalizó la ayuda en compromiso y acción. "Eso es lo que hago día a día y me interesa más que cualquier otro bien", enfatizó.
   En Jaraguá do Sul también vive Théo, el abogado que litigó dos años en Brasil por las rosarinas, con quien se conocieron en una peña de cata de vinos y ahora "somos como hermanos".
   Su otro lugar en el mundo quedó en el campo de Ceres, donde vivió una "paz y plenitud única", que agregó a la generosidad que aprendió de sus padres. Un don que "tocó en suerte", en un viaje, donde a veces preguntar por la tristeza puede resultar un salvoconducto.

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