Persianas bajas

Cerró un histórico bar de peatonal San Martín y se agrava la crisis del centro

Gigante funcionó durante casi 20 años frente al Cine Monumental. Trabajaban unas 30 personas y era el lugar ideal para ir después de ver una película.

Viernes 30 de Octubre de 2020

“Un desastre”. “Sobrevivimos”. Así describen su realidad la mayoría de los comerciantes que ocupan la cuadra de la peatonal San Martín que se extiende entre Rioja y San Luis. Se trata de un sector tradicional del microcentro que se degradó en medio de la crisis económica y la caída estrepitosa de las ventas por las restricciones que impone la pandemia del Covid-19. El emblemático y popular bar Gigante, con casi 20 años de historia en la zona, no soportó la situación y bajó la persiana. En ese local vacío, donde trabajaban unas 30 personas, ahora cuelga un cartel de alquiler. Si un emprendedor quiere avanzar con un proyecto comercial, deberá tener en cuenta que la renta mensual es de 450 mil pesos.

“Esto no da para más. Las ventas se redujeron y acá va a quedar el tendal. Ya no sabemos cómo afrontar un alquiler de 150 mil pesos más gastos. En diciembre veremos qué hacemos”, advirtió entre preocupado y resignado Bruno, el encargado de la sastrería Thompson & Williams, ubicada en la cuadra de San Martín al 900.

El hombre planteó un panorama desolador que se derrama en buena parte de centro rosarino, con ventas por el piso desencadenaron el cierre de decenas de negocios. En una recorrida que hizo La Capital por esa cuadra de la peatonal San Martín, se advirtió mucha preocupación.

Un ícono de esa debacle es el cierre del tradicional bar Gigante, que no resistió los efectos de la cuarentena. “No aguantaron más. Tenía unos 30 empleados y mucho gasto de luz, gas, impuestos, una lástima”, explicó Débora en una zapatería lindera mientras aguardaba clientes.

La mujer criticó además las políticas del gobierno porque no tuvieron en cuenta la realidad particular de los comerciantes del centro rosarino. “Restringieron horarios, no hubo circulación de colectivos, fomentaron las ventas en los barrios y se olvidaron de que acá pagamos alquileres e impuestos exorbitantes y nos llueven los controles”.

Después del cine

El Gigante era una alternativa con menús económicos (panchos, gaseosas, hamburguesas), no sólo para ocasionales peatones sino también para los cinéfilos que concurrían al Complejo de Cines Monumental, que permanece cerrado hace meses. Y el hecho de que la sala de entretenimientos no funcione, explica en parte la realidad de la zona. “Traccionaba mucha gente, que después de ver películas consumía y compraba en la cuadra”, razonaron los comerciantes.

Otro bar que nunca más pudo reponerse de la crisis fue La Barra, en la misma cuadra de San Martín al 900, que cerró hace unos meses. También el kiosco de diarios y revistas que está en la vereda, con sus escaparates plegados hacia adentro, lo cual expone la especial situación que atraviesa el rubro de los canillitas en estos tiempos.

Frente a la sala de cines, Rolo y su compañera Silvia atienden un local de artículos de electrónica nuevos y usados. “Está complicado, ahora más porque no hay dinero, por eso aceptamos canje de televisores, dvd, audio, parlantes. Al tratarse de productos usados el negocio no funciona por internet porque la gente quiere probarlos. Además le damos garantía y ya conocen”, describieron con el optimismo de que “la cosa cambie”.

Sin dudas que el cierre del complejo Monumental causó un efecto dominó en su entorno y afectó especialmente la actividad comercial en ese tramo de la peatonal San Martín. Es una dinámica que se replica en otros sectores de la ciudad que tienen polos de atracción que generan circulación de personas.

El presidente de la Asociación Casco Histórico de Rosario, Fabio Acosta, se mostró preocupado por esta situación particular y el escenario general. El dirigente estimó que son 300 los locales que mantienen sus persianas bajas en todo el centro de la ciudad, muchos de los cuales cerraron definitivamente porque no pudieron reponerse de la estrepitosa caída en las ventas (ver aparte)

Un ejemplo de las distorsiones que provoca la inflación es el monto de los alquileres, una de las tantas variables que disparó el cierre de muchos comercios. Por ejemplo, si un emprendedor quisiera instalar un nuevo negocio en el salón donde funcionó el bar Gigante, deberá hacer frente a 450 mil pesos de renta mensual, y atenerse a una actualización semestral.

Si bien el espacio seduce porque tiene 1.200 metros cuadrados, cuenta con todos los servicios y está ubicado en una zona estratégica, no ayuda el panorama actual. Mientras tanto, los comerciantes de la zona aún resisten, le buscan “la vuelta” y le ponen el pecho para “sobrevivir”.

Unos 300 comercios menos en el área central

Desde la Asociación Casco Histórico de Rosario estimaron que hay 300 locales con las persianas bajas en el centro de la ciudad afectados por las restricciones de la pandemia y el arrastre de la crisis económica. “En el caso del bar Gigante el dueño hizo lun balance de costos, no pudo reponerse y decidió el cierre definitivo. Es una lástima, porque era un lugar emblemático”, explicó Fabio Acosta, titular de la entidad.

Para el dirigente, ese tramo de peatonal San Martín claramente fue afectado por el cierre del Complejo de Cines Monumental. “Es un motor que mueve la zona, como ocurre con Falabella, en Sarmiento y Córdoba; o los shoppings, que generan movimiento y mantienen vivo el entorno. Pero si cierran, afecta a todos”, describió sobre la dinámica que tiene cada sector de la ciudad.

Sobre la compleja situación actual, Acosta fue tajante: “Hay negocios que cerraron para no abrir jamás, y el resto viene en picada. Urgente tenemos que generar acuerdo fuertes con las autoridades para reflotar el centro. Venimos de dos años de recesiones y golpes durísimos”.

Según los balances de la entidad, “hubo recambio en algunos comercios puntuales, pero son cerca de 300 los locales cerrados en la zona céntrica. Hay galerías enteras, como la Cassini (Sarmiento al 700), que tiene todos los locales vacíos. La verdad, nos asusta el panorama porque no hay consumo, la demanda no aparece y hay mucha incertidumbre”, graficó Acosta.

El dirigente apeló a generar acuerdos para frenar la caída estrepitosa de las ventas. “La demanda no aparece, la gente no gasta porque no sabe cuánto valen las cosas y ya hay rubros con desabastecimiento. Necesitamos estabilidad económica porque Rosario vive de los comercios. La ayuda que percibe la gente del Estado no es suficiente, hace falta trabajo para que se reactive el consumo”.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

LAS MAS LEÍDAS