La clausura del after que funcionaba el domingo por la mañana en un local de Maipú al 1100 volvió a poner el foco sobre un fenómeno que años atrás formaba parte habitual de la noche rosarina. Sin embargo, este tipo de encuentros son cada vez más excepcionales y en la actualidad prácticamente dejaron de existir. En contrapartida, crecieron las fiestas clandestinas, muchas de ellas organizadas en predios, galpones, clubes tomados o viviendas particulares.
La intervención se produjo luego de las 8 de la mañana. El lugar, que contaba con habilitación para funcionar como bar, estaba siendo utilizado como after fuera del horario permitido. El espacio presentaba exceso de público, graves deficiencias eléctricas y carecía de los elementos de seguridad correspondientes. Además de la clausura, los agentes secuestraron parlantes, consolas y otros equipos. Los responsables deberán ahora comparecer ante el Tribunal Municipal de Faltas.
Un caso inusual
Más allá del impacto que generó el operativo por haberse desarrollado en pleno centro, las autoridades municipales aseguran que no se trata de una situación habitual y sostienen que el fenómeno cambió respecto de lo que ocurría una década atrás. "El after tradicional de hace 10 años, el bar que seguía de largo después de las 6, ya no existe más en la ciudad", afirmó el secretario de Control y Convivencia municipal, Diego Herrera.
En ese sentido, remarcó que el episodio registrado en Maipú al 1100 debe interpretarse como algo excepcional, ya que se desarrollaba en un local habilitado para otra actividad y en una zona de alta circulación. "Ahí vimos a una persona que ya había organizado fiestas clandestinas en la zona de Uriburu al 7500, así que viene por ese lado. No son intervenciones habituales", explicó.
Según Herrera, desde que asumió al frente de la Secretaría de Control las intervenciones vinculadas a este tipo de encuentros también cambiaron de características. "Vemos más fiestas clandestinas en descampados o en lugares no habilitados. Los after ya casi no existen. Se han clausurado muy pocos en el último tiempo. En general son eventos puntuales, que se hicieron ocasionalmente", agregó.
Los números del municipio reflejan esa transformación. Durante 2024 no hubo actuaciones por afters, aunque sí se realizaron 6 intervenciones por fiestas clandestinas. En 2025 se detectó un único after, en un local comercial de Montevideo al 2000, donde se desarrollaba una fiesta electrónica que fue desalojada cerca de las 10 de la mañana. Ese mismo año hubo 17 procedimientos por fiestas clandestinas. En lo que va de 2026 se registraron dos afters, el de Maipú y otro en San Lorenzo al 1400, mientras que ya se contabilizan 10 actuaciones por encuentros ilegales.
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Inteligencia en redes
La explicación de esa disminución responde, según el municipio, a una combinación de mayores controles, denuncias vecinales y una estrategia preventiva que se apoya cada vez más en las redes sociales. De hecho, el after de Maipú al 1100 fue detectado antes de que existieran denuncias. "El flyer estaba circulando por Instagram y WhatsApp. Muchas veces actuamos de oficio y no necesitamos esperar que un vecino denuncie", explicó Herrera.
Desde la Secretaría de Control señalaron que existe un monitoreo permanente de las convocatorias para anticiparse a posibles eventos ilegales. Semana tras semana, los equipos municipales analizan publicaciones y movimientos en distintas plataformas para detectar fiestas clandestinas y actuar antes de que se concreten.
Otra característica que detectaron es que los casos registrados suelen aparecer durante la temporada estival. El verano, con jornadas más largas y una mayor actividad nocturna, concentra las escasas convocatorias que todavía surgen en Rosario. "El boom empieza en octubre y se extiende hasta enero", sostuvo Herrera.
Según explicó, el crecimiento está asociado al uso de casas de fin de semana en Fisherton y espacios abiertos, además de predios ubicados fuera de la ciudad. Además, reconoció que parte del fenómeno se trasladó hacia localidades vecinas. "Se empezó a ver más en Funes, aunque no sé si en una cantidad muy grande", señaló el funcionario.
El razonamiento es similar al que se observa con algunos festejos del Último Primer Día (UPD), donde muchos grupos de alumnos optan por realizar las celebraciones fuera de Rosario para escapar de los controles. "Ha habido casos de colegios que fueron a festejar a Funes o Alvear porque al tratarse de menores no lo tienen permitido en Rosario", ejemplificó.
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Las locaciones
Desde la Secretaría de Control remarcan que la mayoría de las intervenciones actuales no tienen relación con el viejo circuito de afters, sino con fiestas clandestinas organizadas en lugares precarios. Entre los casos más recurrentes aparece un galpón ubicado en bulevar Seguí al 6600, que fue intervenido en varias oportunidades. "Es prácticamente una cochera o un taller mecánico. Tiene condiciones eléctricas deplorables", describió Herrera.
También mencionó las reiteradas actuaciones en un predio de Uriburu al 7500, donde incluso uno de los organizadores era el mismo que apareció vinculado al episodio de Maipú al 1100. Otro caso es el del club Argenper ubicado en Olegario Andrade al 1900, en barrio ATE. "Tiene un quincho y ni siquiera está anotado como club. Lo denunciamos penalmente ante el MPA porque está tomado por una familia", indicó.
A esos espacios se suman baldíos y predios abiertos utilizados para fiestas al aire libre, especialmente durante el verano. Incluso recordó el caso de una casona en Fisherton que había sido alquilada como vivienda por un grupo de chicos, que a su vez la ofrecía para organizar fiestas. Por la recurrencia de intervenciones, la propietaria recibió una multa de 24 millones de pesos.
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Multas millonarias
El secretario de Control recordó que hace una década la situación era completamente diferente. "Era un lío. Todo el mundo abría y había un circuito de afters", resumió. Hoy, los pocos que lo hacen tergiversan las habilitaciones, porque este tipo de actividad no está contemplada específicamente por la normativa vigente.
"Por lo general son bares con elaboración. Pueden tener música ambiente, pero no banda en vivo ni DJ. Aún así, cuando se obtiene una licencia de difusión musical existe un límite horario que llega hasta las 6.30. A las 8 de la mañana no se puede seguir funcionando como un boliche", sostuvo.
En tanto, en el caso de los encuentros masivos, los responsables pueden ser sancionados en el marco de la ordenanza de fiestas clandestinas. Las multas alcanzan tanto a los propietarios de los inmuebles como a los productores y organizadores de los eventos, además de contemplar clausuras y actuaciones ante el Tribunal Municipal de Faltas.
Las sanciones económicas son elevadas. Con el valor actual de la Unidad Fija (UF), las multas previstas oscilan entre las 2.300 y las 4.600 UF, lo que representa montos que van desde los 5,2 millones hasta los 10,4 millones de pesos. Las penalidades recaen sobre los dueños, poseedores o responsables de las propiedades donde se desarrollan los encuentros ilegales, pero también alcanzan a los productores y organizadores de las fiestas. Incluso, cuando quienes impulsan el evento son menores de edad, la responsabilidad económica recae sobre sus padres o tutores.
Además de las multas, la normativa prevé clausuras de hasta 90 días para los inmuebles involucrados. Los antecedentes muestran que las sanciones pueden llegar al máximo previsto. En 2024, por ejemplo, la fiesta clandestina organizada en una obra en construcción de Balcarce al 100 terminó con una multa ubicada en el tope de la escala y una clausura del lugar hasta la regularización de la situación.
Con un esquema que combina denuncias vecinales, operativos conjuntos con la policía y monitoreo permanente de redes sociales, el municipio sostiene que los afters dejaron de ser una postal habitual de Rosario. A diferencia de lo que ocurría hace una década, cuando era común que algunos bares extendieran informalmente la actividad más allá del horario permitido, hoy los episodios detectados son aislados y están más asociados a fiestas clandestinas en predios o espacios no habilitados que a la continuidad de la noche en los locales tradicionales.
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