Para un gobierno que se fijó como objetivo exigir rendiciones de cuentas y no darlas, el caso Manuel Adorni no hizo otra cosa que pulverizar la matriz de su narrativa y condicionar, de cara a un año electoral decisivo, el respaldo ciudadano a un eventual repunte de la economía doméstica.
Extender innecesariamente la permanencia del funcionario en el gabinete nacional fue una maniobra de la Casa Rosada que buscó fortalecer políticamente la figura de Javier Milei frente a su debilidad de origen, pero la cascada de sospechas que empapó al jefe de Gabinete terminó poniendo en jaque hasta la propia alianza de gobierno (estructura que le había permitido cosechar victorias legislativas), en tiempos en los que el pesimismo social predomina en los sondeos en danza.
Esos factores no se redujeron con el paso de los días, cimentaron la negatividad de la opinión pública (profundizando la baja de la imagen presidencial) y tornaron insostenible la decisión oficial de bancar, desde un principio y a todo o nada, al cuestionado Adorni.
El gobierno y el rediseño de su estrategia
Con el relato anticasta percudido, el gobierno libertario está obligado a recalcular su estrategia comunicativa para no perder avales frente a la creencia de que la vieja política volvió a ganar terreno. Si bien la inflación bajó, hay acumulación de reservas y récord de exportaciones, esa remontada debe palparse en la calle.
La Casa Rosada se vio obligada a recalcular su estrategia comunicativa.
Foto: Archivo / La Capital.
El affaire Adorni fue escalando drásticamente tras la presentación de su declaración jurada y las dudosas explicaciones que brindó el contador público para intentar justificar su fortuna.
De hecho, la particular saga de argumentaciones derivó en que hasta sus propios compañeros de gestión dejaran de defenderlo en público y reconocieran, en voz baja, que el caso bloqueaba la agenda del gobierno, al tiempo que la oposición avanzaba en el Congreso con estrategias de arrinconamiento para forzar su salida.
El día después de Adorni
Erigido por el propio Milei en pieza clave del gobierno, el estilo de comunicación de Adorni, tanto en su rol inicial de vocero como en su posterior ascenso a la Jefatura de Gabinete, mixturó la ironía, lo datos económicos y la confrontación directa con la oposición.
Pero fracasó al momento de conectar la urgencia del momento con la responsabilidad de actuar. Es decir: justificar únicamente con un sueldo de funcionario público, en tan pocos meses de gestión, los bienes que se le atribuyen.
El interrogante que se recorta en el horizonte es cómo la administración libertaria, decidida a ir por la continuidad en 2027, recompone sus principales activos políticos.