La preservación de óvulos congelados para lograr un embarazo a mediano o largo plazo es un procedimiento relativamente nuevo. De manera experimental comenzó a utilizarse en algunos centros especializados a fines de los años 90, pero recién en 2015 pasó a ser una técnica aprobada y legal en el país. El auge de consultas se dio en torno a la pandemia de Covid. La crisis sanitaria mundial hizo pensar a muchas mujeres en la posibilidad de preservar su fertilidad ante un contexto que resultaba incierto y hostil. También comenzó a circular más información y a dejar de ser un tema tabú. ¿Cuál es la situación actual? ¿Las personas que tomaron la decisión de congelar sus óvulos para un futuro embarazo propio, los utilizan? ¿Sigue siendo una opción buscada en un contexto en el que cae la natalidad a pasos agigantados?
La Capital habló con la embrióloga clínica Valentina Torres, directora del Laboratorio del centro de fertilidad rosarino Fertya sobre este tema. La médica fue contundente: "A los cinco años de haberlos congelado, solo el 1 por ciento los usa para lograr un embarazo".
La respuesta tiene varias explicaciones: cuando se realiza el procedimiento las mujeres lo hacen para "guardar" ese material biológico siendo aún jóvenes y muchas veces sin tener pareja, de eso modo, al preservarlos, pueden pensar con mayor tranquilidad en la maternidad, sin tantas presiones.
En ocasiones, sucede que luego no los necesitan porque quedan embarazadas en forma "natural", pero también porque el tiempo pasa y la decisión no se presenta en un contexto en el que las mujeres están menos convencidas que décadas atrás de tener hijos.
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"A veces ocurre que luego tienen una pareja, se ponen a buscar un embarazo y no quedan. Entonces se descongelan los óvulos que están guardados pero también se tienen en cuenta los óvulos frescos con lo que cuenta esa mujer". Al solicitarse el procedimiento de fertilidad asistida, se consideran ambas opciones, y el médico o médica elige la más apta de acuerdo a las condiciones de cada paciente.
La preservación a edad temprana - lo ideal es hacerlo antes de los 30 años - ofrece más chances de que ese óvulo sea fecundado y pueda generarse luego un embarazo. Cuanto más tarde se congelan, las posibilidades de tener un buen material biológico bajan.
"Y lo cierto es que hoy, la mayoría de las mujeres a esa edad no están pensando en la maternidad, sin dudas eso fue cambiando...", reflexiona la especialista. De todos modos, si aparecen dudas, "les recomiendo que consulten con su ginecólogo o ginecóloga porque siempre es mejor saber con qué posibilidades se cuentan y cómo están los óvulos de cada una, para eso, pueden hacerse estudios", dice Torres.
El perfil de las que preservan
La edad aconsejable es a los 30 años (y a menor edad, mejor aún), considerando que después de los 35 ya es un poco tarde para congelar, sin embargo, las rosarinas y mujeres de la región muchas veces empiezan a consultar más cerca de los 40. De todos modos, se vislumbra un pequeño cambio positivo en ese sentido: "Antes las que realizaban el procedimiento tenían 36 o 37 años, hoy vienen a los 34, 35", destaca la profesional de Fertya.
"Esa generación, de las que tienen actualmente alrededor de 35 años es la que más ha tomado conciencia sobre la importancia de congelar siendo aún jóvenes", reflexiona la médica.
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Párrafo aparte para aquellas que preservan óvulos por tratamientos oncológico u otras terapias que puedan afectar su fertilidad. En esos casos los procedimientos suelen ser más buscados, o decisivos.
Torres destacó que incluso aquellas que llegan con la intención de congelar, se encuentran a veces con que al momento de la extracción no hay una cantidad o calidad de óvulos tan "aceptable". Por eso, insiste en consultar ante la duda.
La plata, una variable importante
Son procedimientos que no están cubiertos por las obras sociales. Por lo tanto, para congelar óvulos hay que pensar en cifras que superan los 4 o 5 millones de pesos, más el mantenimiento anual de los óvulos. La decisión, en tiempos recesivos, también se demora por ese motivo.
"Sí, la cuestión económica influye", señala Torres. "No tanto el mantenimiento sino el costo del procedimiento en un comienzo. De hecho hay cada vez más clínicas que ofrecen pagos en cuotas", mencionó.
La embrióloga clínica Valentina Torres
¿Y el segundo hijo?
El paradigma de la maternidad está cambiando, sin dudas. Y esto se ve también en que cayó considerablemente la búsqueda vía fertilidad asistida de un segundo o tercer hijo, algo que no era tan raro hace una década atrás. De hecho, también hay una disminución importante de esa búsqueda de forma natural.
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"El primer bebé se está teniendo alrededor de los 38 o 40 años y después es poco habitual que vuelvan para intentar un segundo embarazo", explicó la profesional. Esto también está ligado a la situación general, a lo que implica la crianza de más de un hijo en estos tiempos.
Torres comenta que la técnica es segura y que hay muchos embarazos logrados de óvulos congelados. "Muchos más de donantes, que de óvulos propios, pero las mujeres deben saber que es una técnica segura, que funciona, que está estandarizada a nivel mundial y que cada vez hay más herramientas, como la IA, para lograr los mejores resultados", destacó.
¿Donar o descartar?
Si la decisión de la mujer es no continuar con la preservación se abren diferentes caminos. La especialista Valentina Torres comentó: " Como son gametas (tanto los óvulos como los espermatozoides) se pueden desechar sin problemas; también pueden donarse, pero en ese caso depende de cada clínica teniendo en cuenta que las donantes deben pasar por una cantidad importante de estudios (genéticos, psicológicos). Lo cierto es que pueden hacerse ambas cosas: donar o descartar", aclaró.