Tras haberse declarado inocente, un empleado de la editorial estadounidense Simon & Schuster se declaró culpable del robo de más de 1.000 manuscritos, entre los que estaban obras de autores de la talla de Margaret Atwood, Stieg Larsson y Ian McEwan. El caso registra pocos antecedentes, y ninguno a semejante escala. Además, el estafador no recibió al parecer ningún beneficio económico, pese al daño que causó a los autores y a la editorial.
El mundo editorial conocía desde hace tiempo el misterio que ahora ha resuelto la confesión de Filippo Bernardini, un italiano de 30 años, detenido por las autoridades estadounidenses hace un año en un aeropuerto de Nueva York.
Bernardini, que trabajaba en Londres para Simon & Schuster, se hizo pasar por agente y editor a través de correos electrónicos para obtener los originales de novelas y otras obras de los escritores y sus representantes. Y aunque la estafa se había detectado en los círculos literarios hace varios años, hasta la detención del empleado de la editorial no había ninguna pista sobre este episodio.
Las direcciones falsificadas por el impostor se parecían a los nombres de dominio de editores legítimos pero con una letra cambiada: según los fiscales que llevan la causa, Bernardini llegó a registrar más de 160 dominios fraudulentos.
“Filippo Bernardini usó su conocimiento interno de la industria editorial para crear un esquema con el cual robó obras preciosas de los autores y amenazó a la industria”, acusó Damian Williams, fiscal federal del Distrito Sur de Nueva York.
Varios medios de comunicación estadounidenses han informado en los últimos años de obras de escritores relevantes antes de que fueran publicadas, desde "Los testamentos" de Margaret Atwood a la serie "Millennium del sueco" Stieg Larsson.
Las víctimas estaban desconcertadas por el hecho de que los robos nunca fueron seguidos por demandas de dinero, ni las obras habrían aparecido en línea o en la web profunda (deep web). Es decir, Bernardini al parecer no recibía beneficio económico alguno, pese al daño patrimonial que causaba a la editorial y a los autores.
Simon & Schuster, a la que no se acusó de irregularidades, dijo en su momento que se había sentido “conmocionada y horrorizada al conocer las acusaciones. La protección de la propiedad intelectual de los autores es de máxima prioridad para Simon & Schuster”, dijo en un comunicado.
Capturas de pantalla del perfil de LinkedIn de Bernardini poco después de su arresto lo describían como un “coordinador de derechos” en Simon & Schuster. El perfil también decía que obtuvo una licenciatura en Lengua China en Milán y un master en Edición en la UCL de Londres debido a su “obsesión por la palabra escrita y los idiomas”.
Su delito conlleva una pena máxima de 20 años de prisión. Bernardini será sentenciado en un tribunal federal de Manhattan el próximo 5 de abril.