El crimen del dirigente peronista Constantino Razzetti, cometido por un comando de la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) la madrugada del domingo 14 de octubre de 1973 frente a su casa de San Lorenzo al 2600 de nuestra ciudad, habría sido organizado en parte por un personal civil de inteligencia (PCI) infiltrado en la Tendencia Revolucionaria, una de las corrientes del peronismo en la década del 70, según una prueba documental aportada ahora a la causa judicial por un testigo de identidad protegida aportado por Carlos Razzetti, el hijo de la víctima de aquel atentado, considerado uno de los primeros del grupo de extrema derecha en Rosario.
El bioquímico y farmacéutico rosarino Constantino Razzetti, quien entonces era vicepresidente del Banco Municipal de Rosario, era un reconocido dirigente del peronismo a principios de la década del 70, especialmente por la Juventud Peronista, y en esa condición fue especialmente invitado a la Cena del Triunfo, que celebraba la vuelta de Perón al país luego de una proscripción y exilio de 18 años, y su victoria en las elecciones de 1973, organizada por las unidades básicas Coronel Cogorno y Alberdi, en el Club Sorrento, del barrio Alberdi.
Razzetti se sentó en la cabecera de la mesa, junto a su esposa y uno de sus hijos, y cuando habló como orador principal recordó “el papel de la juventud peronista durante los 18 años de exilio del general (Perón)” y fustigó a “los traidores y burócratas sindicales”, en una unívoca referencia que les cayó muy mal a los integrantes del Sindicato de la Carne, que estaban sentados en un sector del fondo y que lo miraban con los brazos cruzados, según revela una crónica de la época.
Otro participante de ese asado al que concurrieron unas 150 personas, reveló que “cuando terminó el discurso de Razzetti, uno de los integrantes del Sindicato de la Carne hizo la seña de «bajarle la caña» con el canto de la mano derecha sobre la palma de la otra”. Inclusive, el dirigente de la Resistencia Peronista Juan Luis Lucero le ofreció a Razzetti acompañarlo con un grupo de compañeros, algo que no aceptó. Incluso el “Chancho” Lucero hasta le ofreció un arma, algo que también fue rechazado de plano por el vicepresidente del Banco Municipal.
Razzetti volvió a su mesa disgustado por el desplante de esos sectores del Sindicato de la Carne y se lo manifestó a sus familiares: “¿Para qué me invitaron? Acá hay gente que no me gusta”, advirtió a su esposa y a su hijo. Luego de la cena, Razzetti y su familia llevaron en su Valiant 3 verde clarito a Anita Fared de Mancilla y a su esposo, a quienes dejaron en su casa del centro, en un pedido que habría sido parte del plan de los asesinos para demorarlos, según cuenta Carlos Razzetti. “«Y encima me encajan a estos dos para que los lleve hasta el centro», rezongó mi viejo esa noche”, recordó Carlos Razzetti. Y abundó: “Ana Mancilla y su esposo, que eran afiliados al Sindicato de la Carne, declararon en la causa que eran amigos de mi viejo y que los invitaron a tomar un café en su casa, algo que es totalmente falso. Nunca fueron amigos de mi viejo y mucho menos habría ido a tomar algo con ellos”.
Cuando llegaron a su vivienda de San Lorenzo al 2600 bajaron su esposa y su hijo, pero Constantino Razzetti fue asesinado de varios disparos por la espalda, por los integrantes de un grupo de la Triple A, y cayó muerto al lado del auto.
“A los dos días del crimen de mi viejo bajaron a Rosario el coronel Jorge Osinde (entonces secretario de Deportes del Ministerio de Bienestar Social de la Nación, uno de los responsables de la masacre de Ezeiza en la vuelta del general Perón el 20 de junio de 1973) y otros cuatro integrantes de la Triple A, que vinieron a apretar al juez, al intendente y al presidente del Banco (Municipal de Rosario)”, recuerda Carlos Razzetti, quien luego concurrió a hablar con el juez de la causa, Raúl Iturraspe. El juez me dijo: «Pibe dejá de remover esto porque es un fierro caliente». Entonces lo reputié y me fui”, cuenta Razzetti, quien luego fue detenido y desaparecido durante varios meses en el centro clandestino que funcionaba en la Jefatura de Policía de nuestra ciudad.
Por esos días la Triple A imprimió y repartió un volante donde sindicaban al ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) como autores del crimen de Constantino Razzetti. “Entonces un comando del ERP secuestró a Pedro Saucedo, un integrante de la patota del Sindicato de la Carne, al que apretaron y le preguntaron quién había matado a mi viejo y él les contó que habían sido ellos. Raúl Silva y Ricardo Tetamanti, dos estudiantes de la Facultad de Humanidades e integrantes del ERP, me llevaron hasta la casa donde tenían secuestrado a Saucedo, en el piso de un Peugeot 404 blanco, con los ojos vendados, con el que dieron un montón de vueltas hasta que me bajaron en el lugar donde lo tenían. Me llevaron hasta una pieza donde Saucedo estaba sentado en una silla, atado, con una estrella del ERP pintada en la pared. Ahí pude hablar con él y le pregunté quiénes habían matado a mi viejo, y me contó lo mismo. Se notaba que no le habían pegado, y después lo liberaron”, confió Razzetti una de sus investigaciones.
“Al poco tiempo Raúl Silva y Ricardo Tetamanti fueron asesinados en un atentado que hicieron en (avenida) Uriburu y España, pero que jamás fue investigado. En ese ataque participaron policías y miembros del Sindicato de la Carne. Los hirieron en ese operativo y los llevaron a la comisaría, donde murieron”, recordó Razzetti.
“Lo extraño de este caso es que los dos crímenes no fueron investigados por la Justicia provincial ni por la Federal. Cómo habrá sido que la madre de Silva, que habló de su Vía Crucis, movió cielo y tierra para que le dieran el cuerpo de su hijo, pero cuando se lo entregaron era el de Tetamanti. Algo que no me extraña por las barbaridades que hacían las fuerzas armadas y la Triple A en esa época”, abundó Razzetti.
Como en una película, Razzetti recuerda que luego sufrió un atentado, del que se salvó de milagro: “Después de eso un día iba con mi Renault 4S bordó por Wheellright y España, cuando estaba el paredón del ferrocarril, y me balearon desde un Chevy verde manzana, era el “Zorro” (Eduardo) Aguilera, uno de los integrantes de la patota del Sindicato de la Carne.
La última cena
“La cena a la que invitaron a hablar a mi padre fue organizada por Luis Rubén Escarazzini, un personal civil de inteligencia, que todavía no sabemos a qué organismo pertenecía, que invitó a mi padre telefónicamente y que reportaba a (Luis) Rubeo (padre). Y Escarazzini ocupó después un alto cargo en la Facultad de Humanidades durante la dictadura, sin tener título, donde hubo 104 desaparecidos”, declaró Razzetti a La Capital.
Las pruebas documentales de la participación de Escarazzini en la preparación del crimen de Razzetti fueron aportadas en los últimos días por un testigo de identidad protegida, que declaró en la Unidad Fiscal de Asistencia a las Víctimas de Violaciones a los Derechos Humanos, y que ampliará ahora la presentación con la lista de los 104 desaparecidos en la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario durante la dictadura cívico militar, con sus números de documento y sus fotografías.
Consultado sobre los próximos pasos en la causa que investiga el crimen de Constantino Razzetti, que a mediados de octubre próximo cumplirá medio siglo y suma 15 cuerpos, su hijo Carlos Razzetti advirtió a este diario que “(el juez federal rosarino Marcelo) Bailaque debería haberlo citado a (Luis) Rubeo (padre) desde que declaró (el exagente de Inteligencia Eduardo “Tucu”) Costanzo, cuando lo mandó al frente con diez mil cadenas. Y también debería haberlo citado por las copiosas pruebas acumuladas en la causa durante todos estos años, tal como se lo ordenaron la Cámara Federal, primero, y el fiscal (Adolfo) Villate, después. A pesar de la irrefutable carga probatoria aportada, hasta ahora Bailaque hace obstrucción de la Justicia y deja impune un crimen de 50 años”.