¿Es posible imaginar el campo sin glifosato? La pregunta divide aguas en el agro, y no tiene una respuesta simple. Pero en el sur de Santa Fe hay una empresa que eligió responderla desde un lugar poco habitual: no discutiendo sobre el glifosato, sino cambiando la forma en que se aplica.
DeepAgro, una agtech con base en la región, desarrolló SprAI, un sistema de pulverización selectiva que combina inteligencia artificial y visión por computadora. En lugar de rociar el lote entero, SprAI identifica en tiempo real la morfología de las plantas, distingue malezas de cultivos de soja y maíz -tanto en barbecho como durante el ciclo del cultivo- y aplica herbicida únicamente donde hace falta.
Los números, hoy, son medibles. Con más de 100 equipos SprAI operando entre Argentina, Brasil, Uruguay y Estados Unidos, la tecnología ya recorrió más de 1.200.000 hectáreas, de las cuales solo el 27% recibió aplicación de herbicida. El 73% restante -más de 857 mil hectáreas- quedó sin una sola gota de producto, porque el sistema determinó que no había maleza que justificara la aplicación.
Esa decisión, repetida miles de veces por día en decenas de máquinas, tiene una traducción concreta: más de 75 millones de litros de agua que no se usaron para preparar caldo de pulverización, el equivalente a unas 30 piscinas olímpicas. También implica 107.162 kilos de plástico que no se desperdiciaron, correspondientes a envases de agroquímicos que resultaron innecesarios. El ahorro económico, calculado sobre el producto no aplicado, ronda los 18,9 millones de dólares.
Ahora bien, ¿cómo se sostiene hablar de sustentabilidad con glifosato de por medio? Es una de las preguntas más frecuentes a DeepAgro, y no la evitan. Reconocen que el principio químico no cambia, pero sostienen que el problema de origen no radica ahí, sino en cómo se aplica.
Detrás de esa idea hay una apuesta a futuro. Ante nuevos desarrollos de alternativas eficientes al glifosato -como electricidad, calor, o algún bioherbicida-, competir con los agroquímicos tradicionales va a depender de que también se aplique de forma selectiva y no sobre el lote completo. Son productos que cuestan más y requieren dosis mayores y específicas, así que sin selectividad no son ni posibles, ni rentables. Por eso en DeepAgro plantean a la aplicación selectiva como una condición necesaria: antes de que el glifosato pueda dejar de usarse a gran escala, todas las aplicaciones -las de hoy y las que vengan- van a tener que volverse selectivas primero.
El crecimiento de la operación acompaña ese argumento: entre 2022 y 2025, la superficie recorrida por los equipos selectivos SprAI pasó de 1.225 a más de 557.000 hectáreas. Cada campaña suma máquinas nuevas al esquema de aplicación selectiva.
La pregunta sobre un futuro sin glifosato sigue abierta, y probablemente lo esté por un tiempo. Lo que DeepAgro plantea es que ese camino, exista o no todavía el producto que reemplace al glifosato, ya se está construyendo hoy, hectárea por hectárea, con datos que la empresa puede mostrar.