En los últimos días, una amplia coalición de organizaciones ambientales, científicas y de la salud norteamericanas, -tales como la Asociación Estadounidense de Salud Pública, el Clean Air Council y el Centro de Acción Comunitaria y Justicia Ambiental, entre otras-, presentaron una denuncia formal contra la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) y su administrador Lee Zeldin, por su decisión de dejar sin efecto el dictamen de “peligrosidad” que reconocía a las emisiones de gases de efecto invernadero como una amenaza directa para la salud pública. Ese dictamen, impulsado durante la administración de Barack Obama, había sido un hito: por primera vez el Estado asumía que las emisiones contaminantes no son sólo un problema ambiental abstracto, sino un factor concreto de enfermedad, muerte prematura y deterioro de la calidad de vida. Esta norma constituía la base de acción sobre la que se fundamentaban las regulaciones de las emisiones para frenar el cambio climático.






























