Escenario

Victor Laplace: "Me gustó la idea de hablar del país en un tono entre grotesco y absurdo"

Víctor Laplace, Claribel Medina y el santafesino Rafael Bruza, también autor del texto, son los protagonistas de "Tango turco", que bajo la dirección de Lorenzo Quinteros se presenta mañana, a las 21.30, y pasado mañana, a las 20, en el teatro La Comedia, Mitre y cortada Ricardone, con la dirección de Lorenzo Quinteros.

Viernes 07 de Agosto de 2009

Víctor Laplace, Claribel Medina y el santafesino Rafael Bruza, también autor del texto, son los protagonistas de “Tango turco”, que bajo la dirección de Lorenzo Quinteros se presenta mañana, a las 21.30, y pasado mañana, a las 20, en el teatro La Comedia, Mitre y cortada Ricardone, con la dirección de Lorenzo Quinteros. Con humor, la pieza producida por el Teatro Nacional Cervantes acompaña el derrotero de tres aspirantes a formar un trío tanguero. Después de involucrarse en un crimen pasional los personajes dan cuerpo a un texto que, según Laplace, es una “reflexión sobre el amor” pero que también “habla del país en un tono entre grotesco y absurdo”.

   —¿Cómo se relacionan los tres personajes de la obra?
  —Amelia y Rodolfo están necesitando un bandoneonista para salir de gira, y aparece un turco que es guitarrista. Mi personaje se siente un cantante de tangos extraordinario y en realidad es una porquería. Contratan al Turco a regañadientes y resulta no ser lo que pensaban. Ellos querían otra cosa. En realidad quieren volar más alto de lo que son sus posibilidades y el Turco termina cerrando esta especie de triángulo amoroso. Creen que viajando por el mundo van a evitar llenarse de culpas, que lo van a solucionar, y no solamente no lo hacen, sino que profundizan sus propios problemas.

   —¿El viaje y la culpa tienen que ver con la perspectiva que tiene el argentino de su país desde el exterior?
  —Hay algo de esa idea de irse del país y construir un supuesto mundo afuera en vez de hacerlo acá. Hemos visto a mucha gente que se ha quedado en el camino por eso. Tienen algo de artistas trashumantes, tienen pasiones y son muy insensatos. Creo que recorren el mundo no tanto para encontrar un público para su arte sino para ver si la culpa deja de obsesionarlos, pero nada de eso pasa y les va cada vez peor. Creo que es una muy buena metáfora. El humor es un punto de partida muy interesante para reflexionar sobre ser argentino. Me parece muy atractiva la idea de cómo podemos encontrar una manera de hablar de nuestro país en un tono entre grotesco y absurdo. Si no somos todo eso, ¿qué somos? A nosotros las pasiones nos han llevado por caminos extraños. Con sólo revisar la historia reciente y no tan reciente hemos visto que por una palabra dicha a destiempo se desatan cosas que después es casi imposible solucionar.

  —La Argentina parece que está marcada por dos o tres grandes pasiones. ¿Es una seña particular de la idiosincrasia nacional o es algo que sucede en cualquier país?
  —En realidad se trata de ver qué nos pasa con la pasión o cómo destruimos la pasión. ¿Cómo puede ser que esto que fue tan maravilloso en la vida y nos dio un sentido por el que pelear se vaya degradando?

     —¿A qué te referís? 
     —Me refiero a lo político, a lo afectivo, a las relaciones. Perdimos Malvinas y la gente adhería. Me acuerdo ahora de Lanusse cuando dijo “A Perón no le da el cuero”, y viene y cambia la historia. Después cambia la historia Perón cuando dice lo que dice en la plaza. Y así sucesivamente, con una serie de prepoteos desde la palabra para ver quién es más capanga. Pasiones desencontradas, cegueras, pero básicamente es una reflexión sobre el amor que decimos que tenemos y cuando lo tenemos que dar lo hacemos de una manera extraña.

   —¿Hay alguna marca particular en el texto de Rafael Bruza en tanto autor santafesino?
  —La marca que puede tener Rafael Bruza es que es un hombre de teatro independiente y encontró una estética que llamaría de la austeridad que hace que el espectáculo tenga todo un sentido. Así como se va deteriorando el andamiaje de la palabra de los personajes, también va ocurriendo en la vida. Y eso tiene que ver con que el teatro independiente apostó a la palabra, a la actuación, y con que la imagen surge por lo que se dice y no sólo por lo que se muestra. Creo que es apostar a la palabra exacta y eso es un desafío porque hoy la palabra está muy deformada y las ideas dejadas de lado. Acá hay palabras e ideas y no hay nada como eso para apelar la inteligencia de la gente.

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