Cuando empezaron a caer las bombas en Kiev el mes pasado, Tatyana Zhuravliova revivió momentos horribles: esta ucraniana de 83 años sintió el mismo pánico que cuando era niña y los nazis atacaron su ciudad natal, Odessa. “Me tembló todo el cuerpo. Y sentí el mismo miedo. No sabía que todavía lo llevaba adentro’’, declaró la anciana en declaraciones a Associated Press (AP).
Los ojos se le llenaron de lágrimas al recordar cómo buscó amparo de las bombas debajo de una mesa durante la Segunda Guerra Mundial, hasta que escapó con su madre a Kazajstán, cuando los nazis y sus secuaces empezaron a masacrar a decenas de miles de judíos en Odessa. “Ahora estoy demasiado vieja como para ir a un búnker. Me quedé en el departamento y recé para no morir en el bombardeo’’, expresó Zhuravliova, una médica jubilada.
Al ver que los ataques rusos eran cada vez más brutales y demolían edificios de departamentos enteros, comprendió que tendría que partir de nuevo si no quería morir. Aceptó entonces un ofrecimiento de una organización judía para salir de Ucrania. En un giro histórico inesperado, algunos de los 10.000 sobrevivientes del Holocausto judío que vivían en Ucrania están siendo llevados a Alemania, el país que desató la Segunda Guerra Mundial y que mató a 6 millones de judíos en toda Europa.
Zhuravliova fue parte del primer grupo de sobrevivientes del Holocausto evacuados de Ucrania por la Conference on Jewish Material Claims Against Germany (Conferencia de Reclamos Materiales Judíos Contra Alemania), con sede en Nueva York. La organización representa a judíos de todo el mundo que buscan reparaciones y restituciones para las víctimas de la persecución nazi y sus herederos, y ofrece ayuda a los sobrevivientes del Holocausto de todo el mundo. Un segundo grupo de 14 sobrevivientes del Holocausto, muchos de ellos enfermos que no pueden caminar, fue sacado de Ucrania el domingo. Unos 500 sobrevivientes del Holocausto de Ucrania tienen necesidades especiales por su resquebrajada salud y se trata de sacarlos primero.
ucrania.jpg
La destrucción sistemática de las viviendas por las bombas rusas no deja otra opción que huir para no perder la vida.
Es una misión muy compleja y arriesgada por lo difícil que es sacar del país a personas con una salud frágil en estos momentos, bajo el constante fuego de artillería y bombardeos aéreos de los rusos. Hay que encontrar personal médico y ambulancias en varias zonas en guerra, cruzar fronteras internacionales y convencer a los sobrevivientes, que se resisten a dejar sus casas para encarar otra vez un futuro incierto, ahora sin la fuerza que tenían en su juventud.
Quedarse, no obstante, es muy riesgoso. Este mes, Boris Romanchenko, sobreviviente del Holocausto de 96 años, falleció en un ataque en Járkov. Romanchenko sobrevivió de niño a su paso por cuatro campos de concentración nazis y era un anciano de rostro sonriente, hasta que una bomba rusa lo mató.
No se sabe cuántos sobrevivientes han muerto hasta ahora, pero las casas de varios han sido destruidas, de acuerdo con Amos Lev-Ran, del American Jewish Joint Distribution Committee (Comité Judío-Americano de Distribución Conjunta, conocido como JDC), que colabora con la Conferencia de Reclamos.
"Nadie puede imaginarse la pesadilla que vivieron los sobrevivientes durante el Holocausto’’, comentó Ruediger Mahlo, que trabaja para la Conferencia en Alemania. “Y ahora tienen que evacuarse de nuevo, perder de nuevo su seguridad, todo lo que tienen, y vivir en medio de la incertidumbre y el miedo. Nuestra prioridad es sacarlos (de Ucrania) y ofrecerles un sitio seguro’’, dijo Mahlo, quien lloró cuando salió el primer grupo. “Todo el mundo trabajaba como loco. Fue un milagro que hayamos podido sacarlos’’.
A su llegada a Alemania, los ancianos son ubicados en casas de judíos o de otros colaboradores. Hasta la semana pasada, unos 3.500 judíos ucranianos habían llegado a Alemania, donde el gobierno les está facilitando el trámite de inmigración como parte de los esfuerzos por compensar a las víctimas del Holocausto. Las autoridades alemanas tienen registrados más de 250.000 refugiados ucranianos, aunque se cree que la cifra es mucho más alta, ya que no necesitan una visa para entrar al país.
El viernes, Zhuravliova y otras dos mujeres de 83 años de Kiev, Larisa Dzuenko y Galina Ulyanova, llegaron a las afueras de Francfort tras un viaje de 26 horas y fueron instaladas en una residencia para ancianos.
Ulyanova, quien está tan enferma que no salía de su departamento en un octavo piso desde hacía siete años, tuvo que ser llevada en alzas por dos individuos hasta la ambulancia en Kiev. Dzuenko, una ingeniera jubilada, sufre de una diabetes severa y se le tuvo que aplicar inyecciones intravenosas durante el largo viaje en ambulancia. Ulyanova y Dzuenko dijeron sentirse tan traumatizadas como cuando de niñas tuvieron que escapar con sus padres de los nazis.
Ahora, sentadas alrededor de una mesa con tulipanes, las tres mujeres se sentían aliviadas de haber podido salir de Ucrania. “Todos nos tratan muy bien aquí. La comida es buena, estamos a salvo, el personal es muy agradable’’, dijo Ulyanova, ex enfermera. “De niña tuve que huir de los alemanes con mi madre. En Uzbekistán no teníamos qué comer y había unas ratas enormes’’, recordó Dzuenko .”Toda mi vida pensé que los alemanes eran perversos, pero ahora fueron los primeros que nos ayudaron’’. Zhuravliova agregó: “los alemanes aprendieron del pasado y tratan de hacer algo bueno ahora’’.