Bogotá. — El ex ministro de Defensa de Colombia Juan Manuel Santos y el dos
veces alcalde de Bogotá Antanas Mockus lideran la carrera por la presidencia de Colombia, con la
promesa de mantener la estrategia de seguridad del presidente Alvaro Uribe y sus políticas
empresariales. Pero los dos candidatos que aspiran a ganar el 30 de mayo no podrían ser más
distintos en sus estilos políticos, clases sociales y en sus bases de apoyo.
Santos, de 58 años, es miembro de una influyente familia colombiana y ex
ministro de Uribe, el aliado político más importante de Estados Unidos en América latina. Mockus,
también de 58 años, es un antiguo profesor universitario y ex alcalde conocido por haber ejecutado
un gobierno transparente y sin escándalos de corrupción, quien realiza una campaña con un enfoque
poco convencional y discursos filosóficos que dejan perplejos a algunos. Encuestas muestran que
ambos están empatados técnicamente y que no tienen el apoyo necesario de los electores para
conseguir la mayoría absoluta y ganar en la primera vuelta. Una segunda vuelta, el 20 de junio, se
realizará si ninguno supera el 50 por ciento de los votos. Los otros cuatro candidatos que figuran
en los sondeos están bastante alejados, pero podrían ser decisivos en las alianzas para definir un
triunfo en una segunda vuelta.
Santos, candidato del oficialista Partido de la U, tiene un sólido respaldo en
las zonas rurales, entre los colombianos pobres y la clase baja. El ex alcalde de Bogotá, candidato
del Partido Verde, cuenta con el apoyo de los jóvenes de las ciudades y la clase media y alta, de
acuerdo con los sondeos. "El reto para ellos en la actualidad es mejorar en las áreas donde son
débiles. Santos tiene que hacerlo en las ciudades y con los jóvenes y las clases altas, mientras
que Mockus tiene que hacer lo contrario", dijo Jorge Londoño, de la encuestadora Invamer
Gallup.
Reñida contienda. La actual contienda electoral es la más reñida en la historia
reciente del país, sólo comparable con los duelos que sostuvieron Ernesto Samper y Andrés Pastrana
en 1994 y, cuatro años después, Pastrana y Horacio Serpa.
Se diferencia de las elecciones que ganó cómodamente en primera vuelta Uribe en
2002 y en 2006. Uribe ha sostenido su popularidad en la ofensiva militar contra la guerrilla que
permitió reducir los asesinatos, las masacres, los secuestros, los asaltos a pueblos y los ataques
contra la infraestructura económica del país. Su política de seguridad, apoyada por Estados Unidos,
también permitió aumentar la inversión extranjera y un buen comportamiento de la economía durante
sus dos períodos. Pero su gobierno también fue empañado por la corrupción, interceptaciones
ilegales de comunicaciones y violaciones a los derechos humanos. Paradójicamente, esos hechos no
golpearon su popularidad.
Tanto Santos como Mockus han prometido durante la campaña, que finalizó ayer,
dar continuidad a las principales políticas de Uribe como mantener la lucha contra la guerrilla, la
seguridad, incentivos a las inversiones, mayores ingresos fiscales para luchar contra el déficit,
además de combatir el desempleo y la pobreza.
Muchas encuestas muestran que los colombianos ahora están más preocupados por el
desempleo, la educación y la salud que por el conflicto armado y la inseguridad. Los escándalos del
gobierno le dieron un importante impulso a Mockus en las encuestas con su discurso de honestidad,
transparencia, decencia y legalidad que ha sido bien acogido por votantes hastiados de la
corrupción y la política sucia.
Hijo de inmigrantes lituanos, Mockus muestra como ejemplo de eficiencia sus dos
gobiernos como alcalde de Bogotá en los que logró sanear las finanzas y redujo los índices de
violencia y criminalidad con campañas educativas y de convivencia ciudadana. Pero su estilo
excéntrico aún no convence a muchos.
Santos contrasta abiertamente con Mockus. Nacido en una familia aristocrática,
inició su carrera como representante de Colombia en la Organización Mundial de Café, estudió en
Gran Bretaña y en universidades de Estados Unidos.