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Caminos hacia la lectura

La nena de 10 años encontró una vieja edición de La vuelta al mundo en 80 días, de Julio Verne, escondido en una caja.

Sábado 29 de Diciembre de 2018

La nena de 10 años encontró una vieja edición de La vuelta al mundo en 80 días, de Julio Verne, escondido en una caja. El libro no tiene dibujos pero le dio una valiosa razón para leerlo: perteneció a su abuelo que vivía en el campo y tiene una dedicatoria, que le escribieron las maestras, que dice que se lo regalan para que no se aburra. Así conoció esta niña lo que define un verdadero libro de aventuras.

"Me lo hicieron leer en el colegio y me terminó gustando", confía el nene de 10 años sobre lo que comenzó como una tarea obligatoria y resultó siendo un hallazgo literario. Algo parecido cuenta un adolescente que llegó a 1984, la obra de George Orwell, también desde la escuela.
"Un libro gordo de muchas páginas" que no pudo dejar de leer por el entretenido relato que contiene y porque se lo regaló su papá luego de un viaje, según recuerda la pequeña en su video. O el adolescente que comparte que llegó a la lectura de la saga mitológica de Rick Riordan porque siempre se ha sentido atrapado por los temas históricos. También están quienes cuentan que el ingreso a la literatura fue a partir de una película que les hizo buscar la novela original, y al final ésta siempre terminó gustando más.
Las bibliotecas son una pieza clave en la formación de lectoras y lectores. Como lo cuenta una nena que acompañaba siempre a su madrina a buscar libros a la Cachilo y se terminó haciendo una lectora voraz. O el nene que encontró en los estantes más bajitos de la biblioteca escolar una colección de ciencia, que no dudó en llevarse a su casa. Dice que lo apasiona leer sobre el Universo, los dinosaurios o las antiguas civilizaciones, porque además, sueña con ser científico.
Una adolescente que transita el primer año del secundario rescata los talleres de lectura en los que participó cuando estaba en 7º grado, donde debían seleccionar libros para leer a los más pequeños del jardín de infantes. También los cuentos que les leía una de sus maestras cada vez que había una hora libre en la escuela.
"Mi familia es muy lectora" dice un chico de 12 años y lo confirma mencionando una lista infinita de buenos autores y autoras, dejando en claro así que se trata de una entrada sustancial para contagiar el gusto por los libros. También lo dice la experiencia de otro nene pequeño quien un día, acompañando a su mamá en el supermercado, le pidió que le compre un juguete y ella le propuso cambiarlo por un libro. A regañadientes aceptó. Terminó siendo un fanático lector de historias de aventuras.
Un booktuber le abrió la puerta a una adolescente para leer una famosa saga de terror. Otra jovencita llegó a una lectura por recomendación de su prima. Una nena de 9 años encontró en la biblioteca que está a pocas cuadras de donde vive la historia de El perro Fernando (un ícono de Resistencia) contada por Mempo Giardinelli, que decidió leerlo porque le recordó a su perro Olaf. Y con 10 años, otra niña, se enteró de la novela Rafaela porque la escuchó a su hermana y sus amigas adolescentes leerlo en voz alta para una tarea escolar. Quedó encantada con el relato y les pidió prestado el libro de Mariana Furiasse. Una compañera suya de grado cuenta que cuando era "muy chiquita" descubrió en su casa El Principito, primero pensó que era "un príncipe como cualquier otro" hasta que lo empezó a leer y se convirtió en su libro favorito.
Cada una de las chicas y cada uno de los chicos que participaron del Yo Leo develaron caminos posibles para llegar a la lectura: un regalo de cumpleaños, la biblioteca escolar o del barrio, las familias, las ilustraciones, los amigos, una película o internet. Y desde ya la escuela, que siempre hace la diferencia en el acceso democrático a las bellas historias.

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