Charly prepara el regreso en silencio como un buda. ¿Se acuerdan cuando Leonard Cohen dejó atrás el monasterio zen y los peñascos rocosos de las colinas californianas? Tras arrancarse la toga y darse un nuevo baño de urbanidad publicó un gran disco: "Ten New Songs". Pero ahora todos hablan del nuevo disco que García está componiendo en la chacra/estudio de su protector Palito y sin conocer demasiado de qué se trata. Aseguran que el viejo lobo de mar volverá tan vigoroso e infeccioso como un lote de soja transgénica. Del nuevo álbum poco se sabe aunque ya se adelantó que rozará la temática de la rehabilitación. En realidad, nunca se sabe qué queda tras la larga agonía de la resaca. Puede resultar un puñado de canciones infantiles, dulces religiosos amasados por un veterano lobotomizado o bien puede derivar en una bola de brotes entre psicóticos y surrealistas vomitada por un hombre con los pelos en llamas tras el temblor o, tal vez, recuerdos de cómo retumbaban en la sesera los cuernazos contra las paredes del encierro, como si se estuviese encarnando a aquel personaje de "Trainspotting" cuando lo dejaron sin su dulce más preciado. Charly, se sabe, como un buda prepara su vuelta al ruedo y no sólo su más fiel y mortificado público lo espera, sino la nación toda. Porque, recuerden, los humanos formamos una sociedad necrófila. Sino recuerden cuando en los 70 en Nueva York iban a verlo a Lou Reed y todos esperaban que cayera fulminado por un síncope en medio del escenario mientras cantaba "Heroin". O, más cerca, cuando Serrat y Sabina juntaron sus almas y sus huesos tras haber visto pasar la parca por la esquina de sus casas y se cansaron de llenar estadios en el mundo hispanoparlante. Además de divertirse de lo lindo se llenaron los bolsillos de billetes. A Charly, seguramente, le pasará lo mismo. Volverá a llenar estadios y, realmente, no sabemos si podrá superar el ronco hilo de voz de los últimos años, el catarro crónico e inentendible, ni tampoco suponemos de dónde sacará fuerzas para arrojar, simpáticamente, uno de sus teclados a su público. Tendrá un regreso tan grande a los escenarios como lo tuvo en su momento Johnny Cash, que volvió con la sonrisa dibujada y las tripas petrificadas por la huella de un viejo embotellamiento de anfetaminas y, además, con un disco superlativo, "American Recording" (1993). Charly no tendrá cerca a un productor como Rick Rubin, que resucitó al cantautor country, pero lo tiene a Palito, babysister de lujo. Así, Charly volverá con disco nuevo para suceder al inédito "Kill Gil", el CD que la prensa especializada porteña considera el "disco maldito" de García, con algunas de sus canciones viboreando ilegalmente en la Red. Quizá recuerden al "Chinese Democracy" de los Guns n’ Roses que finalmente se editó y resultó ser un buen disco aunque algo extraño. Tal vez el paso del tiempo, cerca de 15 años, lo convirtió en un obra tan bella como dispersa y desprolija. Quizá pase algo parecido con "Kill Gil". Charly (creemos que compuso un puñado de grandes canciones) tiene el derecho de elegir el regreso que le plazca, pero desde acá le pedimos que, ¡por favor! no regrese rapado y con sus brazos sumergidos en tatuajes pseudomísticos.

































