A Ariel Marcelo Lezcano, uno de los cuatro ex convictos detenidos el sábado
pasado en el ingreso a la ciudad de Casilda como sospechoso de integrar una banda delictiva, le
gustan los Volkswagen Bora. De hecho, su última caída fue un auto de esa marca y modelo. Siguiendo
los pasos de otro vehículo similar fue que a este hombre le cayó sobre los hombros otra acusación:
el haber participado de un robo calificado a una empresa de catering de San Luis al 2400, en enero
pasado. Un golpe en el que cinco hampones se apoderaron de 250 mil pesos en efectivo y 700 mil en
cheques para huir casualmente en un VW Bora que ayer fue hallado por la policía en zona norte. Su
actual propietario dijo que se lo compró a Lezcano de buena fe.
Lezcano tiene 30 años y pasó cinco años preso por robo
calificado. El sábado pasado fue detenido en el ingreso a la ciudad de Casilda junto a otros tres
hampones rosarinos —Marcelo Oscar Fernández, de 26; Carlos Alberto López, de 31 y César David
Battaglino, de 32— cuando viajaban en dos VW Bora. Desde la Unidad Regional IV, con asiento
en Casilda, se indicó que estaban armados y llevaban herramientas como para vulnerar una caja
fuerte, y que el objetivo marcado era una heladería en pleno centro de la localidad. Los cuatro
quedaron a disposición de la jueza de Instrucción Silvia Nogueras.
Un jugoso robo. Pero eso no fue lo único que le pasó a Lezcano esta
semana. Ayer, efectivos policiales detuvieron en la zona norte de Rosario un VW Bora cuya
descripción se ajustaba al utilizado por un grupo de maleantes en un robo cometido el 23 de enero
pasado en San Luis al 2400. Su conductor —E.B., de 32 años— indicó que el auto lo había
comprado hace poco "a un tal Lezcano".
A partir de esa información, los pesquisas comenzaron a
cerrar el cerco y determinaron que ese Bora, en manos de Lezcano, participó del robo calificado de
250 mil pesos en efectivo y 700 mil en cheques en la empresa Catering Gourmet, de San Luis entre
Pueyrredón y Santiago. Otra sospecha que ahora pesa sobre el hombre detenido en Casilda.
Aquel día, a las 7.30 de la mañana, cinco hombres armados
llegaron a la empresa de catering del macrocentro rosarino. Al menos dos de los hampones cubrían
sus rostros: uno con una media can can y el otro con un barbijo quirúrgico. Durante el atraco, un
contador y uno de los socios gerentes de la firma sufrieron golpes en la cabeza. Fue la única
violencia utilizada por la banda hacia sus víctimas, siete en total, que fueron maniatadas y
encerradas en un baño. Los ladrones tenían buena data. Cuando Leandro Dutrá, uno de los socios,
llegó al lugar uno de los delincuentes dijo: "Este es el hijo del dueño".
Pero no todo quedó ahí. El gerente se comió una reprimenda
de uno de los ladrones: "Loco, vos tenías que estar acá a las siete y media. ¡Llegaste tarde y
demoraste nuestro laburo!", le dijo uno de los encapuchados. Testigos dijeron que la banda se subió
a un Volkswagen Bora oscuro que estaba estacionado por Santiago. l