A 60 años del bombardeo a la Plaza de Mayo, un jalón más de la manía por la violencia tantas veces ejercida por nuestro pueblo, es inexacto que este episodio haya sido motivo para la lucha armada en los setenta por parte de las bandas terroristas. En esos años jamás se escuchó dicho argumento. Va siendo hora de poner en práctica una reflexión tras setenta años de afrentas y respuestas, revanchas y venganzas por parte de diferentes bandos y personajes. Que los militares del Proceso, por un lado, rompan de una buena vez su pacto de silencio que ya no tiene ningún sentido, y revelen dónde están los desaparecidos, dónde los nietos apropiados ilegalmente, en el caso de haber tenido parientes de sangre vivos en el momento de la apropiación; y en cuanto a los ex guerrilleros, devolver el dinero mal habido producto de robos y secuestros. Lo ideal sería que no haya juicios, para no remover más mugre, pero de haberlos, que sean a militares y ex subversivos que hayan cometido crímenes. Las Madres, que no dudo que en lo mas recóndito de su ser no dirigen tanto su "bronca" contra los militares como sí contra los que embarcaron a sus hijos en una demencial empresa, deben comprender que fueron usadas como bandera por organizaciones que sólo buscan réditos políticos y económicos de toda esta desgracia acaecida a nuestro país; de que nunca debieron aceptar ningún tipo de indemnización porque eso es inmoral (ninguna madre que se precie de tal puede aceptar dinero a cambio de la vida de un hijo). No queda otro camino que la reconciliación, o al menos una convivencia basada en la indiferencia pero no en el odio. El "sin olvido ni perdón" que lleva en su esencia el germen del odio debe reemplazarse, como dice en el frente de un cementerio de caídos en la I Guerra Mundial en Francia, por "Perdonar, sin olvidar", que puede abrir las puertas de la reconciliación a las futuras generaciones.




































