En el Museo Histórico Regional de Carmen de Patagones se observan muebles y utensilios que denotan un estilo de vida de alto confort para el siglo XIX, cuando sus habitantes eran una solitaria avanzada de la cultura europea en tierra patagónica.

En el Museo Histórico Regional de Carmen de Patagones se observan muebles y utensilios que denotan un estilo de vida de alto confort para el siglo XIX, cuando sus habitantes eran una solitaria avanzada de la cultura europea en tierra patagónica.
"Patagones estaba aislada por el desierto y las tribus indígenas, pero tenía el beneficio del puerto con acceso de ultramar, a través del cual recibía mercancías de diverso tipo" explicó Jorge Bustos, director de la entidad.
Agregó que "durante la guerra contra Brasil, desde aquí operaban marinos extranjeros con patente de corso, que asaltaban y tomaban botines de los barcos enemigos en el sitio a los puertos de Montevideo y Buenos Aires".
Entre los curiosos objetos que llegaron a Patagones se destaca la "silla para fumar" que perteneció al capitán francés Francisco Fourmatín.
Es una elegante banqueta en donde los hombres se sentaban a horcajadas y tomaban, de una caja disimulada en el apoya brazos, la pipa y el tabaco.
El museo exhibe también finas porcelanas, abanicos de formas variadas y hasta un piano cuadrado de origen inglés, que sería uno de los más antiguos que se conservan en el país.
"Las clases altas de Patagones vivían muy bien, a pesar del aislamiento, con detalles similares a los de Buenos Aires, y esto se puede apreciar en nuestra colección" señaló Bustos.
En un nivel de menos lujo se conserva, maravillosamente intacta, una casona colonial construida aproximadamente hacia 1800, llamada popularmente La Carlota por el nombre de su propietaria original.
Está ubicada sobre la barranca, en pleno desnivel, a menos de 100 metros de la costa del río y acaba de ser restaurada por la Municipalidad de Patagones, a través de la Dirección de Patrimonio Histórico.
Los trabajos consistieron en la reparación y blanqueado de los muros de adobe, reconstrucción de los morteros de barro; limpieza de canaletas y tejado; poda de especies vegetales y realización de parches del piso de ladrillo.
En el interior, al que se puede acceder con un guía del mismo museo, se exhiben el mobiliario y útiles domésticos de uso familiar en aquellos tiempos, como si sus moradores hubiesen estado en el lugar hasta unos minutos antes de la llegada de los visitantes.


Por Facundo Borrego

