Rosario, martes 10 de enero, 38 grados de térmica, después de terminar unos trámites emprendo mi retorno a Cañada de Gómez. En la ventanilla de Monticas me venden el respectivo boleto donde dice, aire acondicionado, semi rápido por autopista hasta Correa. Ya arriba del coche el sonido placentero del aire invitaba a dormir. Al rato me desperté por el agobiante calor, se había descompuesto el aire. De ahí en más fue lo más parecido al infierno; un pequeño detalle las ventanillas no se habrían. Al entrar a Carcaraña (no debería haber entrado) le digo al chofer si no consideraba inhumano viajar de esa manera, a lo que amenazó con plantar el servicio. Después de una discusión seguimos viaje, ya en Cañada volvimos a discutir, con el clásico "yo no tengo la culpa" o "llame a la empresa". Mi mensaje para estos mal llamados empresarios es simple: resignen a ganar un poco menos y presten un mejor servicio, y por sobre todas las cosas dar la cara y no esconderse, eso aclararía la pálida y lamentable imagen que dan al usuario. La Secretaría de Transporte, bien gracias.



































