Señora jueza, doctora Graciela Carciente de Santarelli: le escribo para transmitirle mi gran preocupación y dolor, ya que desde marzo de 2011 me encuentro injustamente privado de disfrutar plenamente de mi hijo Tiago. Desde ese momento todo se me ha hecho muy difícil y muy cuesta arriba, ya que no encuentro ningún tipo de respuesta de parte de la Justicia ante mis incesantes pedidos de poder ver a mi hijo. Del otro lado me han difamado, me han tildado de violento, de mentiroso, etc. etc. Y lo peor de todo es que le hicieron creer a Tiago todas esas mentiras y es al día de hoy que a mi hijo le cuesta mucho mirarme a los ojos. La única verdad es que soy una persona simple, que en todo este tiempo pudo volver a formar una familia, que trabajo en la UNR desde hace 22 años y nunca he tenido ningún problema. Me gusta disfrutar de mi familia y amigos. Pero desde marzo de 2011 llevo una gran angustia en mi alma ante la ausencia de Tiago. No sé si está bien, si está enfermo, no puedo saludarlo ni darle un regalo en su cumpleaños, ni festejar la Navidad juntos. De un día para otro y de manera angustiante, me enteré que se había radicado en otra ciudad. Año tras año tengo que “rastrear” el colegio al que asiste porque ya ha transitado tres instituciones diferentes en su corta vida escolar. Por eso le pido por favor una pronta resolución a todo este problema, usted sabrá decidir qué es lo mejor para el niño. Demuéstreme que la justicia existe y que puedo volver a creer en ella.




































