Cuando el doctor Raúl Alfonsín nombró para integrar la Corte al juez Fayt, éste respondió con mucho agradecimiento, agregando que de ahí en más, el teléfono para el primer ex mandatario, estaría inhabilitado (palabras más palabras menos). Esto es digno de subrayar, y debería ser un modelo para todos los funcionarios del país, cualquiera sea su rango. La humillación que hoy padece el ministro Fayt es vergonzosa. La utilización política de su persona es más que contundente. Un funcionario que ha ejercido con dignidad suma su labor y se ha desempeñado con conducta intachable, a muchos nos enorgullece realmente. Es un ejemplo sin dudas de impecable tarea, que debería contagiar a funcionarios, ministros y jueces, entre otros. En un programa periodístico, la doctora Elisa Carrió manifestó: "ya mataron a Nisman. Ahora quieren hacerlo con Fayt". Ante la breve pausa del periodista, la entrevistada aludió que la humillación también mata. Desde mi óptica, ello obviamente desgasta, máxime atendiendo a la edad del funcionario. Sumémosle a ello, todos los ingredientes políticos e intereses que giran alrededor de sus años. Sé que esto (lo de la edad) es discutible, al margen de su clara idoneidad. La carta del arzobispo Poli, sobre el aludido, fue realmente un merecido reconocimiento hacia el doctor Fayt, así como una caricia para su alma, en un momento muy oportuno.




































