El pasado jueves 8 de julio siendo casi las 5 de la tarde, observé a un abuelo de unos 82 años que se bajó de un colectivo de la línea 128 por la parte de atrás en Entre Ríos y Pellegrini. Al transporte público lo detuvo el semáforo, entonces el pasajero lo corrió y se subió por la parte delantera para insultar en varios idiomas al chofer y lo cerró con un: "Ya vas a llegar a viejo...". Nadie del pasaje se acercó para defender al señor mayor y la luz verde le dio salida a ese conductor que se aguantó todos los insultos sin animarse a mirar a la cara a quien lo increpaba. En esta ciudad de tristes corazones parece que a nadie le importa un comino los viejos. Me acerqué al abuelo para saber si estaba bien, y me dijo que estaba indignado. Al parecer este hombre cometió el inadmisible error de tocar el timbre por segunda vez pensando que el chofer se había olvidado. Este maldito chofer le abrió la puerta y cuando iba a bajar se la cerró de golpe, a propósito para asustarlo, y casi lo lastima. Luego de descargar su cuota de sadismo volvió a abrir la puerta y el abuelo se animó a bajar. Los psicópatas al volante viajan en autos, motos, bicicletas, camionetas, camiones y colectivos. En esta ciudad mandan los que conducen y los peatones o usuarios de los transportes públicos deben aguantar cualquier cosa. Pero este abuelo tuvo la hombría suficiente a sus 82 años de hacerle frente a este maldito chofer que pudo disculparse, pero no lo hizo.































