Te pasaste Patronelli
Que vuelva. Ninguna frase, ningún deseo puede sintetizar mejor la sensación que dejó el Rally
Dakar, después de su paso histórico por los 84 kilómetros santafesinos, después de recorrer más de
10.000 kilómetros en dos semanas, la mayoría de ellos por suelo argentino.
18 de enero 2009 · 01:00hs
Que vuelva. Ninguna frase, ningún deseo puede sintetizar mejor la sensación que
dejó el Rally Dakar, después de su paso histórico por los 84 kilómetros santafesinos, después de
recorrer más de 10.000 kilómetros en dos semanas, la mayoría de ellos por suelo argentino. Hubo
pasta, hubo mística, hubo respeto, mucho, hacia los más de 250 competidores que llegaron a
Carcarañá desafiando todos los límites y poniendo todo lo que podían, y que después pasearon hacia
Buenos Aires para el moño a tanto esfuerzo. Argentina sacó un más que aprobado como anfitrión, más
allá del accidente de ayer (ver aparte). Fue capaz de albergar la competencia más feroz de todas
las que circundan por el planeta al calor de días agotadores como el de ayer, con 37º grados a la
sombra, y de un público increíble que estuvo en general a la altura. Un privilegio, que vivió toda
la gente del lugar también en Villa Eloísa y Casilda, y en cada tramo por esta provincia. Y que se
recompensó ampliamente con una yapa inédita en los 31 años de esta carrera: por primera vez un
piloto de acá, Marcos Patronelli, escaló al segundo escalón del podio. Y en el año de su debut.
Fue el arribo de Patronelli a la meta lo que mejor resumió la emoción de una
jornada inolvidable. Al grito de "Argentina, Argentina", miles y miles de gargantas apiñadas en el
parque cerrado de Carcarañá le dieron la bienvenida al nuevo héroe que tendrá en más el deporte
motor. También en cada lugar de los 227 kilómetros de recorrido de la última etapa de competición,
el de Las Flores recibió una ovación cuando era divisado su cuatriciclo número 273. "Y pensar que
estos vehículos no están autorizados a andar por la ciudad", reflexionó un hombre, bajo el ala de
su sombrero texano, dejando picando la contradicción.
Lo cierto es que Patronelli sazonó la etapa santafesina de expectativa, aunque
muchos ni lo conocían y otros preguntaban si podía alcanzar todavía la punta. Claro que no, el
argentino hizo la lógica, corrió para llegar sabiendo que no podía alcanzar al checo Machacek ni
ser alcanzado por el polaco Sonik. Pero lo cierto es que lo del cuatriciclo fue un elemento
movilizante pero no el primero ni el único para todos los que acamparon en el campito Coppari de
Casilda, y los que lo hicieron en el club Unión de Villa Eloísa o en el mismo parque cerrado de
Carcarañá, más los que, de noche aún, fueron acercando reposeras, gazebos y sombrillas desde los
cascos urbanos a las zonas de paso.
El desfile incesante de autos y gente, la larga espera y el sol que no entregó
un segundo de piedad no fueron obstáculos para semejante demostración de pasión, sin distinción de
edad ni sexo. Hasta bebés en brazos de sus madres fueron testigos inconscientes. Las casi 150.000
personas que, se calculó, observaron la última etapa cronometrada del Rally en Santa Fe, se vieron
por bien pagadas por algún derrape calculado, por una disminución adrede de la velocidad para que
comulguen con las miradas de los pilotos o hasta con algún saludo de mano. O como con el argentino
Eduardo Alan, el último motociclista argentino de los cuatro que quedaban en carrera, que en la
escuelita Coppari se apeó en una de las últimas curvas para saludar a todos, muy emocionado.
SI bien se trataba de un tramo competitivo, era lógico que la mayoría estuviese
preocupado por llegar. Pasó también en autos, la categoría que conlleva la mayor atención, donde
pese a la mínima distancia que los separaban, no hubo lucha entre los dos hombres del equipo
Volkswagen, y así el sudafricano Giniel De Villiers mantuvo a raya a Mark Miller para darle a
Africa el primer triunfo en el Dakar, curiosamente justo cuando debió salir de su continente por
primera vez.
Así los pilotos no se privaron de ser condescendientes con la gente y a cambio
cada gesto fue recibido por una algarabía sin límites. Una emoción semejante debió sentir Rubén
Marcelo Mitti cuando arribó a la meta con su Yamaha, porque fue el primer argentino en hacerlo,
acaso el mejor premio para un hombre que supo correr en Africa durante 5 etapas en el 2007.
Y justo después que llegó el mejor argentino en motos, Andrés Junco (59º), que
"tiró" en toda la etapa junto a su tocayo Memi (88º), arribó Patronelli y entonces se vivió el
momento de mayor explosión. Como si fuera Petronilo, alguien le gritó: "Te pasaste Patronelli,
Argentina te queda chica". El Dakar no le quedó grande al país, la gente lo hizo sentir en Santa Fe
y en todos lados, como en los tramos de enlace hacia la autopista Rosario-Buenos Aires. Se puede.
Que vuelva.