La desmesurada verborragia de la presidenta provocaron un tsunami gremial y político. Tras la ceremonia de asunción de su segundo mandato, en un breve discurso ante los militantes que la aguardaban en Plaza de Mayo para saludarla, hizo un llamado "a dar vuelta la página de la historia de los enfrentamientos y las confrontaciones". La realidad nos indica que hizo todo lo contrario de lo que "ella" propone. Las amenazas al gremialismo proferidas en su discurso son el comienzo del caos social que el sindicalismo puede provocar. Ya lo ha hecho cientos de veces en el pasado. La frase dedicada a la CGT: "Con Perón no había derecho a huelga; con nosotros sí, pero de huelga, no de chantaje ni extorsión", fue una frase sin fundamento y una denostación gratuita al fundador del justicialismo, además de no conocer la historia. A Perón también le hicieron huelgas.


































