"Hacé todos los exámenes médicos escolares de tus hijos en el mismo lugar", reza el aviso del Sanatorio de la Mujer. Allí prometen, cuando uno pide un turno, una cantidad de exámenes médicos vinculados al ingreso escolar de los chicos en un plazo máximo de hora y media. Mi hijo tenía turnos seguidos que comenzaban a las 17.45 del lunes 23 de febrero y a las 18.30 todavía estábamos en la cola para realizar los trámites administrativos. El colmo fue escuchar, antes de empezar con los estudios de mi hijo, a una mamá que comunicaba a la secretaria que el oftalmólogo se había retirado a las 18 y que no había ningún otro médico que lo reemplace. Después todo fue un caos: padres corriendo de un piso a otro que se organizaban como podían, en busca de los especialistas, sin ninguna orden que respondiera a los turnos acordados. A los pobres médicos vinculados a estos exámenes escolares los iban mudando de consultorio, a medida que iban llegando los médicos del plantel habitual del Sanatorio que reclamaban su espacio para atender a los pacientes. Ejemplo: el cardiólogo empezó atendiendo en el 2º piso y terminó en planta baja, al fondo de un pasillo, extrayendo sangre sin aire acondicionado ni ventilador. Conclusión: los estudios que en el caso de mi hijo terminarían aproximadamente a las 19, concluyeron a las 20.45 y sin poder completar el examen visual por ausencia del oftalmólogo.


























