En estos días en que la preocupación por la droga en las escuelas ocupa varias páginas del diario, me gustaría agregar opiniones a los artículos del lunes 29 y martes 30 de abril pasados. Para el diputado Acuña "el gobierno provincial no parece haber tomado nota de la situación". Al día siguiente, el psicólogo Juan Orts habla de "que estas problemáticas que vinculan a los chicos con las drogas se viven de manera creciente". Creo que somos muchos los que pensamos igual. Ahora bien, los clubes de Leones tenemos el programa de prevención "Destrezas para la adolescencia", para trabajar con niños desde los 10 años. Nuestro Club de Rosario Luis Pasteur ha implementado ya cuatro cursos y capacitado a más de cien docentes para desarrollarlo. Lamentablemente, nunca pudimos hacernos oír por los gobernantes. Los talleres se aplican, con buenos resultados, en escuelas privadas porque es tal la burocracia que nos es imposible llegar a la escuela pública. En el Chaco, en cambio, figura en la currícula escolar y hace años que se incluye en las escuelas. Estamos conscientes de que, como dice el psicólogo Orts, "el trabajo de prevención tendría que ser una política del Estado", y advierte "el trabajo de la escuela debe apuntar a cambiar conductas". Nuestro programa es integral, el niño aumenta su autoestima y autoconfianza, mejora la disciplina, mejoran las relaciones entre ellos y con los adultos. Y lo más importante, adquiere valores. Es decir , "cambia conductas" y protege a los chicos, que de esa manera aprenden la verdad acerca de las drogas y le da razones para rechazarlas. Sería importante desarrollarlo en las escuelas, en los centros barriales, sobre todo los más vulnerables. Pero mientras los gobernantes no tomen conciencia de la importancia de la prevención no lograremos que los adolescentes no consuman. Como dice Orts, "no se va a modificar por decreto o desde carteles diciendo que la droga hace mal". Parecería que les resulta más fácil combatir a los narcos con la policía y destruir búnkers que estudiar la factibilidad de un programa que podría prevenir el comienzo de la drogadicción. Hay que empezar por las raíces: la prevención. Claro, los efectos no serían inmediatos ni glamorosos y tal vez con rédito político efímero, son a largo plazo, pero quizás de esa forma lograríamos una juventud sana de cuerpo y espíritu.































