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Prisión preventiva sin plazos para el acusado de asesinar a un comerciante

El homicidio de Néstor Smud. Lo dictaminó ayer la jueza Roxana Bernardelli tras escuchar la acusación contra Eduardo Rubén R. en una audiencia imputativa.  

Miércoles 30 de Julio de 2014

"Me quiero morir porque lo maté, lo desmembré, lo puse en bolsas de residuos y lo llevé en el auto a la autopista", le dijo Eduardo Rubén R., el hombre acusado de haber matado y descuartizado a Néstor José Smud, al policía que lo llevó al hospital Alberdi el domingo pasado, luego de que se clavara un pedazo de hierro en el pecho en la comisaría donde estaba detenido por la desaparición del comerciante de 69 años cuyo rastro se había perdido el último 7 de julio. Estos dichos fueron una de las evidencias que valoró la jueza Roxana Bernardelli para dictarle la prisión preventiva sin plazo en una audiencia imputativa realizada la mañana de ayer en Tribunales.

La declaración espontánea de Eduardo R. permitió localizar el domingo los restos de Smud en un camino lateral a la autopista a Santa Fe, a la altura de Capitán Bermúdez. Para la magistrada, los dichos del policía que escuchó al acusado "son veraces" ya que en ese sitio estaba el cuerpo despedazado de Smud, en siete bolsas de consorcio.

Cruce de llamados. El comerciante asesinado era buscado luego de que la familia recibiera el mismo día de la desaparición, el 7 de julio, un llamado en el que los supuestos captores reclamaban cerca de 20 mil pesos. Hubo un segundo llamado a las 21.30 de ese día efectuado desde un teléfono de la Terminal de Omnibus, pero a partir de ese momento las comunicaciones cesaron.

Ayer, en la audiencia imputativa, el fiscal Guillermo Apanowicz remarcó esas llamadas telefónicas y los mensajes de texto que se registraron entre el celular de Smud y el del imputado. "Los contactos fueron los días 3, 4 y 7 de julio", afirmó el responsable de la acusación. El último llamado del comerciante a esa línea telefónica fue el 7 de julio a las 17.34. Tres minutos antes se había contactado con su nieta. Cuando habían transcurrido más de dos horas, la esposa de Smud llamó a su marido porque no podía localizarlo. Del otro lado de la línea alguien le dijo: "Quedate tranquila. Está acá con nosotros y no hagas la denuncia. Queremos 20 mil pesos. Se tomó el taxi equivocado".

A las 21.30 de ese día, la esposa del comerciante recibió un llamado en su teléfono fijo. "Está bien. Queremos la plata para mañana a las 8 de la noche y no la hagás larga". A partir de ese momento las comunicaciones cesaron.

La pesquisa, no obstante, permitió detectar quién era el titular de la línea a la que Smud había realizado el último llamado antes de su desaparición. Estaba a nombre de una mujer identificada como N.C.T. Así, a través de una intervención telefónica al aparato, los pesquisas captaron el 13 de julio que un tal Edu llamó a Rubén y decidieron intervenir la línea de éste último. Eso permitió finalmente ubicar al sospechoso, identificarlo y conocer su domicilio.

Relaciones peligrosas. La otra evidencia que señaló el responsable de la acusación fueron los dichos de un testigo de identidad reservada. Esta persona refirió que la mañana del 7 de julio Smud le comentó que la semana anterior había conocido "a un muchacho más joven que le había hecho masajes". También comentó que ese día iba a tener una nueva sesión.

En el marco de la pesquisa, el viernes allanaron la casa del sospechoso y lo detuvieron. En el operativo secuestraron una barra de hierro de una pesa que estaba en una mochila, un revólver calibre 38 largo sin numeración que estaba en un placard, y un revólver calibre 32 con tres vainas percutadas. También encontraron dos celulares, uno de ellos de Eduardo R.

En ese marco el fiscal le atribuyó al acusado los delitos de homicidio y tenencia ilegítima de arma de uso civil y de guerra, aunque aclaró que todavía no se determinó si las armas tienen aptitud para el disparo, un detalle que deberá tener en cuenta la fiscalía, según la jueza Bernardelli, para sostener la imputación.

A su turno, Gonzalo Armas, el defensor público de Eduardo R., objetó la "eficiencia" de los dichos del testigo de identidad reservada porque no fueron controlados por la defensa. Luego, el imputado anunció su decisión de no prestar declaración y el fiscal Florentino Malaponte fundamentó el pedido de prisión preventiva tras valorar los dichos del policía que escuchó dónde estaban los restos seccionados de la víctima.

Una sierra y sangre. El lunes se realizó un nuevo allanamiento a la casa del sospechoso donde los pesquisas hallaron una sierra con mango de madera que, sometida a una prueba con Luminol, arrojó que "tenía manchas de sangre" que deberán ser peritadas para cotejarlas con la de la víctima. Aunque el médico forense Sergio Vázquez adelantó que el cuerpo presentaba cortes hechos con una herramienta de esas características.

Malaponte señaló que también se detectaron rastros de sangre en el ingreso del departamento del detenido (Salta al 2300), en un patio donde había herramientas, en el baño y en una colchoneta donde los perros de los bomberos detectaron rastros cadavéricos. El responsable de la acusación también tuvo en cuenta que la pericia del chip del celular del imputado determinó que el aparato sólo fue usado para contactarse con la víctima. Y señaló que la autopsia estableció que la muerte de Smud se produjo por un traumatismo de cráneo severo.

Denegado

Gonzalo Armas, el defensor público de Eduardo R., planteó el principio constitucional de que “toda persona es inocente hasta que la Justicia demuestre lo contrario”. Requirió la liberdad de su asistido o en forma subsidiaria que la jueza Roxana Bernardelli le fijara un plazo a la prisión preventiva, lo que no fue concedido por la magistrada.

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