“La bandera siempre me emociona, pero acá se siente distinto. Hay algo en este lugar que te conecta con lo que somos”, expresó Sofía, de 23 años, envuelta en una bandera argentina a modo de capa. Rosario amaneció teñida de celeste y blanco para celebrar un nuevo Día de la Bandera. Más de 350 mil personas se acercaron al Parque Nacional a la Bandera y fueron parte de una jornada que reunió asado, música, baile, ferias y el esperado cierre de Abel Pintos.
La jornada comenzó temprano con el acto oficial encabezado por el presidente Javier Milei, que regresó a Rosario después de haber estado ausente en la celebración del año pasado. Lo acompañaron diversos funcionarios, entre ellos el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, además del gobernador Maximiliano Pullaro y del intendente Pablo Javkin. También estuvo presente la vicepresidenta Victoria Villarruel, en una participación que volvió a exhibir las tensiones dentro del propio gobierno nacional.
Pero más allá de los discursos y las diferencias políticas, la verdadera fiesta comenzó al mediodía cuando la multitud empezó a desplazarse hacia el Parque Nacional a la Bandera. Allí se respiraba otro clima. El humo de los costillares a la estaca se mezclaba con el aroma de los pastelitos recién hechos, mientras los acordes del folklore sonaban desde distintos rincones y cientos de personas recorrían las ferias de emprendedores locales bajo un sol radiante.
La celebración tuvo además un ingrediente especial: después de casi una década, el Monumento Nacional a la Bandera volvió a mostrarse sin vallados y con las obras de restauración finalizadas.
A lo largo de la tarde, dos escenarios funcionaron en simultáneo con una programación que combinó artistas locales y el cierre de la mano de Abel Pintos, con un recital gratuito frente al Monumento. Su presentación coronó una tarde en la que la música, la tradición y el encuentro popular fueron los grandes protagonistas.
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A orillas del Paraná, la fiesta popular
Lejos de lo protocolar del acto oficial, el Día de la Bandera encontró en el parque frente al río su lado más popular. Parejas de adultos mayores paseaban por el predio, familias compartían mates y pastelitos, y los más chicos corrían con banderas en la mano. Frente al escenario Río, donde horas más tarde se presentaría Abel Pintos, señoras emponchadas bailaban folklore en rondas sincronizadas mientras las banderas celestes y blancas flameaban sobre sus cabezas al compás de la música.
Foto: Celina Mutti Lovera / La Capital
“Me encantan las fechas patrias. Vengo todos los años porque me encanta escuchar y ver lo que sucede en la ciudad. Yo creo que los argentinos se nacionalizan más. Se moviliza todo el mundo cada vez más los colores", contó Graciela, de 68 años, docente jubilada y actriz, que recorrió el parque junto a una amiga.
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A pocos metros, Celeste escuchaba cumbia al ritmo de Los Peñaloza y La Vanidosa junto a su pareja y su bebé de apenas dos meses: “Vinimos a pasar el día, a escuchar música y a esperar a Abel. El pueblo es esto que se ve: la gente reunida, disfrutando y compartiendo”.
Entre los puestos de emprendedores también caminaba Susana, una mujer de unos 70 años que llevaba una escarapela prendida a la bufanda. “Me encanta venir para el Día de la Bandera. Amo a Belgrano y me emociona homenajear este símbolo. Verla flamear me llena de amor por la patria”, dijo.
Uno de los grandes protagonistas volvió a ser el tradicional concurso de asado a la estaca. Desde temprano, equipos llegados de distintos puntos del país encendieron los fuegos para participar de una competencia que ya forma parte de los festejos de cada 20 de junio.
“Nos levantamos a las cinco de la mañana para empezar. Es la primera vez que vengo y todavía no caigo. La cantidad de gente es impresionante”, contó Brandan José, uno de los miembros del equipo ganador “Asadores de mi Pueblo”, que llegó desde Coronel Dorrego. “Fue un orgullo competir al pie del Monumento en una fecha tan importante. Fue un día espectacular”, expresó Juan Landale, otro integrante del grupo ganador.
Frente a los asadores y en casi cualquier espacio libre que encontrara la música, se armaban rondas de baile improvisadas. Parejas de distintas edades, vestidas con trajes gauchos y vestidos celestes y blancos, se animaban a chacareras y chamamés. “Es un orgullo ser argentino y estar acá. Nosotros nos criamos bailando chamamé”, contó José mientras abrazaba a su esposa en medio de una de las piezas.
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Abel Pintos, el broche de oro de una jornada patriótica
A medida que avanzaba la tarde, todas las miradas comenzaron a dirigirse hacia el escenario principal montado frente al río Paraná. Allí, Abel Pintos se preparaba para protagonizar uno de los momentos más esperados de la jornada.
En las primeras filas, se agrupaban las fanáticas más fieles, con remeras, gorras y carteles dedicados al cantante. “Ya lo fui a ver muchas veces, pero estar acá en una fecha tan especial y además verlo gratis es una emoción enorme”, contó un joven mientras esperaba el inicio del show. Más atrás, familias y grupos de amigos extendían lonas sobre el césped y compartían mates y meriendas. Otros elegían seguir el recital desde los alrededores del Monumento.
Foto: Celina Mutti Lovera / La Capital
“Es emocionante. Es un espectáculo de primer nivel y un orgullo poder tenerlo en Rosario en un día como este”, resumió Mariana, que aguardaba el comienzo del show junto a su marido y su hijo.
Pocos minutos después de las 17, Abel apareció en escena con una campera verde y su clásico sombrero azul. El recibimiento fue inmediato: celulares en alto, aplausos y gritos acompañaron su llegada. “¡Te amo, Abel!”, gritó una mujer con lágrimas en los ojos desde las primeras filas mientras abrazaba a su hijo.
Foto: Celina Mutti Lovera / La Capital
El recital abrió con “Sueño dorado” y continuó con “Cactus”. La fiesta terminó de encenderse en el cuarto tema, cuando comenzaron a volar nubes de espuma entre los asistentes.
Foto: Celina Mutti Lovera / La Capital
Con el Paraná de fondo, el Monumento a la Bandera iluminado y miles de banderas celestes y blancas acompañando la escena, Abel Pintos puso el broche de oro a una celebración que volvió a reunir a Rosario alrededor de sus símbolos, su bandera y su patria. Más de 350 mil personas compartieron una misma escena: la de un país que pareció dejar en pausa sus diferencias para abrazar aquello que lo une.