Todo empezó el 11 de marzo, cuando se desató la polémica por el viaje a Nueva York del jefe de Gabinete con su pareja. Lo demás fue un in crescendo de errores políticos y comunicacionales, más allá de lo ético y lo judicial. La cúpula del poder está en una situación de la partida de ajedrez en donde cada movida que hace implica un jaque mate en la siguiente. Así no tiene salida. La única sería que el presidente eche a Manuel Adorni y lo acuse de mentirle porque comprobó su falta de ética. Pero eso difícilmente ocurra. De modo que, en todas las alternativas, pierde y no tiene forma de hacer control de daños.
Si el funcionario renuncia en el corto plazo, es un reconocimiento a que la situación es insostenible: ningún honesto se va porque sí. Si el presidente le pide la renuncia, se contradice: ¿no es que era honesto? Y si se lo voltea el Congreso, es una derrota política que denota que los aliados dialoguistas no estuvieron dispuestos a prestarse a quedar pegados con un caso fatal.
Como Javier Milei ha vuelto a defender a su jefe de Gabinete, es lógica la embestida de la oposición, ya que eso implica que en el interín no lo podrá echar, so pena de darles la razón a sus adversarios, y además dejar el precedente de que le pueden voltear una pieza importante. ¿Luego vendrían por otros funcionarios? Mucho riesgo.
El primer mandatario hizo gala en 30 meses de “no me van a torcer el brazo”. Por lo tanto, si le voltean a Adorni, no solo pierde una pieza sino que también podría operar como un banco de pruebas sobre las debilidades estratégicas y de carácter. ¿Qué vendría atrás de eso?, ¿una presión para que devalúe?, ¿una imposibilidad de avanzar con la reforma política?, ¿una presión sobre el caso Andis o $Libra? Demasiados frentes de batalla para atender cuando el apoyo popular está dando negativo hace varios meses.
La sensación en el mundillo político es que la decisión de que Adorni se vaya ya está tomada entre Javier y Karina Milei. La pregunta sería cuándo. Mientras esté en el candelero permanente (las novedades no se terminaron con la presentación de la declaración jurada), el presidente no puede echarlo. Y si se va sin que lo eche, tendrá que sostener la narrativa de la inocencia de todos modos. En cualquier escenario, el costo es irreversible.
La pregunta del millón es ¿por qué lo sostiene? Primero, porque es un soldado de Karina, y el "Jefe" es quien conduce políticamente la gestión, no su hermano. Segundo, porque el personaje en cuestión es una parte del disco rígido de los secretos del poder, aunque nada implique algo ilegal, pero sí políticamente explosivo. Tercero, porque uno no se puede desprender de un íntimo así no más: debe buscarle una salida elegante y conseguirle un conchabo para que se quede tranquilo y “no prenda el ventilador”. Y cuarto, porque no puede dar imagen de debilidad frente a los ataques. “¡Pero está pagando un costo político enorme!”. Sí, eso ocurre cuando los problemas no se resuelven a tiempo.
El costo
Ahora hablemos del costo. Por un lado, está la caída sustantiva de su apoyo en la opinión pública, aunque no necesariamente eso le impediría ser reelegido en el cargo, sencillamente porque luego hay que ver cuáles son las opciones opositoras. El segundo aspecto es la inercia de la percepción ciudadana, esto es, siempre cuesta revertir una decepción: téngase en cuenta que aquí se rompió una parte del contrato simbólico que estableció respecto de luchar contra la casta y sus conductas habituales (por ejemplo, la corrupción). El Adornigate se suma a $Libra, Andis y José Luis Espert, entre otros. De modo que, luego de 30 meses de gestión, el voto republicano tiene derecho a pensar que no hay hechos aislados sino algún sistema que ampara, encubre o hace la vista gorda.
A esa debilidad se suma (por propiedad transitiva) otra de tipo política: ¿con qué fuerza podrá ir el gobierno a negociar con sus aliados las candidaturas provinciales y nacionales para 2027? Eso dependerá, entre otras cosas, de las necesidades financieras de los mandamases locales. Por ejemplo, Entre Ríos recibió un auxilio en estos días, cuyo gobernador fue con lista compartida con LLA el año pasado. No es la misma situación de Santa Fe, cuyo mandatario le abrió la puerta para que ingrese a la administración a un hombre de Patricia Bullrich, eyectado del Ministerio de Seguridad Nacional, y además tuvo una reunión pública con Mauricio Macri (nada que les caiga bien a los Milei).
Pero todo eso es sólo la política, porque a la gestión libertaria le siguen sonriendo los números de la macroeconomía: caída de riesgo país, aval del Banco Mundial para pagos a acreedores, superávit récord de exportaciones y recuperación significativa del Índice de Confianza del Consumidor de la Universidad Di Tella. A pedir de boca.