“Por un porro, a un chico le arruinaron la vida. Es un caso que pasó por criminalizar a los consumidores de droga”, dijo el abogado José Vera.
El hecho, conocido ayer, ocurrió en febrero de 2007, cuando un universitario, que entonces tenía 21 años, fue detenido en una calle de Boulogne, San Isidro. No poseía drogas en su poder pero lo apresaron por un pedido de captura del Juzgado Federal de San Martín 1, por una causa en la que había sido arrestado porque tenía un cigarrillo de marihuana en su auto.
El joven quedó detenido e incomunicado en la comisaría 3ª. de San Isidro.
Allí, también estaba alojado Ricardo Juárez, alias “El Cabezón”, que según el fallo del TOC 2 de San Isidro era “el mandamás” de los presos de esa comisaría y estaba allí “refugiado” por “no poder transcurrir su encierro en unidades penitenciarias”.
Durante la noche, Juárez le pidió al agente de guardia que le llevara hielo y aprovechó para amenazar al chico con un palo de escoba que en la punta tenía atado un hierro limado. Luego le robó sus ropas y zapatillas.
En la madrugada siguiente, cuando el chico dormía en un patio interno de los presos, a sólo dos metros de la vista de un agente, Juárez salió de su celda sin candado y lo violó.
El abogado aseguró que “en el caso hay muchas cosas que fallaron. Hay que destacar la falta de criterio al tener detenido un fin de semana a un chico por tener un porro”.
“¿Cómo es posible que un preso como éste, multirreincidente, era el amo y señor de la comisaría?”, resaltó.
La Justicia condenó al violador a 23 años de cárcel y ordenó que iniciar una nueva causa contra el agente. El abogado aseguró que en el juicio irán “a fondo para determinar si el policía fue cómplice”.
































