El 28 de enero pasado fue lunes. Esa mañana, a las 5, antes del amanecer, un
micro de dos pisos que cubría la ruta Salta-Capital Federal, volcó a la altura de Granel al 2900,
en el ingreso al barrio Nuevo Alberdi. Murieron cuatro personas y otras 40 resultaron heridas.
Isidro López, de 35 años, manejaba ese ómnibus. Estuvo tres meses preso porque el examen
bioquímico, según lo indicado desde la investigación, revelaba que había ingerido alcohol, lo que
implicaba una responsabilidad dolosa en las muertes.
Isidro López se planta con ojos tristes y una serie de papeles en la mano. "No
entiendo qué pasó. Soy abstemio. Por eso vengo a mostrar las pruebas de que no tenía alcohol en mi
sangre cuando pasó el accidente", explicó López.
Pasó 96 días en la subcomisaría 2ª del barrio Nuevo Alberdi por el accidente. El
6 de mayo, después de varios intentos sin éxito del defensor de oficio, le otorgaron la libertad,
aunque sigue procesado en el Juzgado Correccional 8ª por homicidio y lesiones culposas.
Agobiado por los efectos de aquel trágico viaje, fracasando una y otra vez en la
búsqueda de un trabajo, López y su esposa llegaron a Rosario para mostrar un informe de cinco
carillas. El estudio lleva el membrete de la Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmaceúticas de la
Universidad Nacional de Rosario y está firmado por el profesor adjunto del área de toxicología
Héctor Ricardo Girolami.
El texto destaca que se analizaron "dos tubos" que estaban identificados como
"28/01/2008 - López - Sub 2 - Lat - Homicidio culposo - Hora 11". Dice que se realizó un "análisis
cuanti y cualitativo de alcohol en sangre de la muestra reservada". Expone el método utilizado y
concluye: "No se demostró la presencia de alcohol etílico en las muestras de sangre analizadas". El
oficio también tiene un sello de la recepción de Correccional 8ª del 22 de abril pasado.
La marca. "Cada vez que voy a buscar trabajo como chofer de colectivo y chequean
en Internet, la información de la alcoholemia positiva me condena. Ni me llaman. No estoy
inhabilitado para conducir, pero estoy condenado antes de que falle la Justicia", contó López con
amargura.
Fuentes tribunalicias consignaron a este diario que "el juzgado le dará
prioridad al examen que hizo la policía" y que, según se indicó en aquella oportunidad, daba que el
chofer tenía 0.45 de graduación en una muestra de sangre colectada seis horas después del
accidente. "Quedé detenido porque me salió alcohol en sangre. Entonces le dije al abogado: «No
puedo ser, yo no consumo alcohol. No es que no tomé alcohol en ese momento. Soy abstemio». Por eso
ofrecí que se hiciera todo lo posible desde la medicina sobre mi cuerpo para detectar si había
alcohol", indicó.
Después del accidente le realizaron un examen de alcoholemia en orina, que dio
negativo. Seis horas más tarde, cerca de las 11 de la mañana, le tomaron muestras en sangre, con
resultado positivo. Algo que le costó entender. "No puedo acusar a nadie sobre por qué se informó
eso. Me puse a disposición del juez para que me hicieran los análisis. Jamás traté de escurrirme.
Es más, acepté declarar, cuando no estaba obligado, porque estaba bien tranquilo de mi conducta.",
remarcó.
El accidente. El domingo 27 de enero de 2008, el interno 32 de la empresa CG Bus
salió de Salta. López tenía seis años de experiencia en el manejo de buses y hacía algo más de tres
meses que estaba en la firma.
La ruta 34 la había transitado circunstancialmente. "Está muy mal señalizada. Si
en la zona del accidente hubiera existido un cartel de alerta para reducir la velocidad yo habría
dicho: «aminoro porque algo pasa». Hice lo que pude", dijo.
En el colectivo iban 50 personas. "Veníamos haciendo los relevos como se debe",
recordó López. En la localidad santiagueña de Pintos, a unos 500 kilómetros de Rosario, el micro
hizo una parada larga. Hasta ese punto manejó López. Su compañero tomó el volante y unos 60
kilómetros antes de llegar a Rosario por la ruta nacional 34 López volvió a manejar. "Estaba bien
lúcido", recordó. A las 5 de la mañana, el micro ya había recorrido 1178 de los 1496 kilómetros
entre Salta y Capital. Así recordó López el accidente que costó cuatro vidas.
La señal. "Vi los carteles de 20 kilómetros y de curva peligrosa, que estaban
colocados al final de la ruta, donde ya se terminaba el pavimento. Me acuerdo que el cartel estaba
colocado en una columna de la luz. «Curva peligrosa, 20 kilómetros»".
"Traté entonces de retomar la curva como venía, a unos 60 kilómetros por hora.
Pero el cartel no advertía que eran dos curvas seguidas en sentido inverso", rememoró el chofer.
"Entré a la curva y una luz de frente me encandiló. Nunca supe si era de un auto o una camioneta.
Cuando este vehículo terminó de pasarme ya tenía la contracurva encima. Traté de entrar a ese
brusco giro del camino de alguna manera. Pero una de las ruedas mordió el cordón, el micro perdió
estabilidad y volcó. No pude hacer nada más".
En el accidente murieron cuatro mujeres: dos chicas de 13 y 17 años, Hilda
Orquesa, de 50, y Ubalda Martínez, de 80.